Work-alcohólicos

workalcoholicosHay personas que padecen una enfermedad bastante tonta: la necesidad imperiosa de trabajar. Creen que si no están trabajando se están malgastando las valiosas cualidades de que uno está dotado. No me estoy refiriendo a la persona que va a trabajar, hace un buen trabajo, está ilusionada con su profesión, y vuelve a su casa a disfrutar con los suyos y sus amigos, que son la gran mayoría. Me refiero a lo que vulgarmente se conoce como work-alcohólico.

Se piensan que cuanto más trabajan más importantes son. Esa actitud ante el trabajo, además de innecesaria, a mi me parece estúpida. No por trabajar más se trabaja mejor. Es más, el rendimiento disminuye conforme se pasa un umbral de tiempo trabajando. Además las tantas horas trabajando les impide disfrutar de otras dimensiones de la vida. Pero no sufren porque no están capacitados para percatarse de esas otras dimensiones.

Un buen profesional resuelve asuntos, y cuando el asunto está resuelto, el trabajo ya está hecho. El que necesita dedicar horas suele esconder su incompetencia con una dedicación ilimitada. Así se autoconvence de que es un buen profesional

Coloquemos el trabajo en el lugar que le corresponde. Seamos buenos profesionales y no reduzcamos nuestra vida al trabajo. La vida tiene muchas dimensiones. Disfrútalas. No les tengas miedo y no te encierres en ti. Hasta la semana que viene.

Algo se debió hacer mal

sorpresaLeo hace unos días en la prensa que el estado vuelve a tener que inyectar dinero a Paradores de España para mantenerla a flote. Suman ya 134 millones los que ha tenido que desembolsar en el último año y medio. Mi pregunta es ¿no se pudo hacer nada hace cinco años para evitar abocar a la compañía a la situación en que se encuentra?

Creo que en muchos casos las situaciones problemáticas en que se encuentran las compañías son debidas a que en su día no se no se actuó como se debía. Se confía ciegamente en que las cosas mejorarán en el futuro y se aguanta a ver qué pasa. Y lo que suele pasar si no se hace nada es que las cosas empeoran.

Una de las características de calidad directiva es verlas venir y anticiparse a los acontecimientos. A veces oigo a algunos directivos decir algo así como “es que no he tenido otro remedio que…” (despedir a 100 personas, cerrar una planta, o cualquier otro tipo de cosas) y tienen razón. En el momento que se decidieron a actuar ya no tuvieron otro remedio que hacer eso, pero… ¿no podían haber pensado antes, quizá varios años antes, que se podía llegar a esa situación y haber actuado entonces?

La actividad empresarial requiere asumir riesgos y estar preparados para afrontarlos y salir fortalecidos. Lo que no se puede hacer es confiar ciegamente en que las cosas nos saldrán bien. La suerte hay que trabajársela. Y si uno no sabe los escenarios a los que se puede su compañía en los próximos años, que lo empiece a trabajar seriamente. Y si no se está satisfecho con el resultado, siempre puede recurrir a profesionales que le ayudarán a plantear escenarios de futuro. Si muchas compañías hubieran actuado así  hace cinco años quizá ahora les iría mucho mejor.

Hasta el jueves que viene. Os dejo un video que da noticias del IESE de este mes de marzo.

Satisfacer al cliente

clientesUno de los principios más aceptados en la práctica de la dirección de empresas es que las empresas tienen que satisfacer al cliente. Esta afirmación, que puede ser muy válida en muchos casos, contiene ciertos peligros que hay que evitar. Un cliente puede estar satisfecho con un producto, y sin embargo este producto puede ser dañino para él.

Pensemos por ejemplo en la cantidad de hipotecas concedidas la década pasada que dejaron a los clientes muy satisfechos en su día, que resultaron ser la fuente de sus problemas futuros. Pensemos en lo contentos que se van unos padres cuando en el colegio, a base de no exigir a su hijo, les dicen que todo va muy bien.

Más que satisfacer al cliente, yo diría que las empresas han de preocuparse de crear valor para sus clientes. Esto significa dar una hipoteca más ajustada a las posibilidades del que pide el crédito. Significa confrontar a unos padres con la realidad de que su hijo no se está esforzando todo lo que debiera.

Muchas veces cuando una empresa crea valor sus clientes están satisfechos. Pero otras veces no. Y ahí entra la responsabilidad de la empresa, porque quien más conocimiento tiene sobre un producto o servicio es la empresa que lo ofrece y no el consumidor que lo disfruta. Es por tanto responsabilidad de la empresa preocuparse de la utilidad real para los consumidores de los productos que ofrece, y no simplemente conseguir que el cliente se lo lleve.

La semana que viene sacaré el Índice IESE de Incertidumbre Económica correspondiente al mes de marzo. Feliz primavera y hasta el jueves que viene.

Gestión de riesgos

riesgos estratégicosCuando se llevan a cabo iniciativas, ya sean personales o empresariales, se asumen riesgos. El riesgo es la posibilidad de que una iniciativa dé peores resultados de los que se pretenden. El único modo de no asumir riesgos es no hacer nada. Y aún así nos pueden salir las cosas mal.

Hay tres tipos de riesgos. El primero son los riesgos evitables. Son los riesgos que se corren por hacer las cosas mal, y por tanto se podrían evitar si se hiciesen las cosas bien. El hundimiento del Titanic supuso la materialización de un riesgo que era evitable. Si no se hubieran cometido una series de errores que se cometieron, se habría evitado el choque. Esto lo hemos documentado muy bien en el libro del Iceberg y en diversos mensajes  de este blog.

El segundo tipo de riesgos son los riesgos estratégicos. Una compañía persigue una oportunidad por las posibilidades de beneficio que presenta, aunque finalmente las cosas puedan salir mal, cosa que ya se sabía desde el principio que podía pasar, pero que sin embargo, las posibilidades de éxito aconsejaban asumir ese riesgo y perseguir esa oportunidad. La producción de una película o el desarrollo de un fármaco, e incluso la subida al Everest son ejemplos de situaciones de riesgos estratégicos.

El tercer tipo de riesgos son aquellos que se producen por causas externas, causas sobre las que no se tiene control y sobre las que poco se puede influir. Un terremoto o un ataque terrorista que destruye las instalaciones de la empresa. Una subida del precio de la energía que eleva los costes de producción. El riesgo externo con un impacto en mayor número de empresas es el riesgo de una recesión económica.

En sucesivos mensajes iré glosando cómo tratar cada uno de estos tipos de riesgos de modo que tengan el mínimo impacto posible. Solo adelantar que las empresas se ocupan mucho de los proyectos que llevan entre manos, de las oportunidades que persiguen, pero se preocupan menos de llevar acciones que contrarresten los riesgos que se asumen. Hasta el jueves que viene

Dirigir no es un privilegio. Es una responsabilidad

responsabilidadCuando uno tiene un accidente en bici, sin que intervenga otro vehículo, como mucho puede salir con un brazo o una pierna rota. Si el accidente es en coche puede haber algún muerto. Si es en autobús, los muertos pueden ser una o dos decenas, pero si el accidente es en tren o en avión puede haber centenares de muertos.

¿A qué viene toda esta introducción? Pues a llamar la atención de la gran responsabilidad que tienen los directivos. Cuanto mayor sea la organización que dirigen mayor responsabilidad. Si uno dirige una empresa de diez trabajadores, y la cosa funciona mal. Afectará como mucho a esos diez trabajadores, sus familias y a unos cuantos proveedores y clientes. Pero cuanto mayor sea la organización que se dirige mayor impacto tienen tanto los aciertos como los errores, por lo que hay que tener mucho más cuidado. No es lo mismo ir en bicicleta que pilotar un avión.

A veces da la impresión que algunos directivos se jactan de lo importantes que son por el tamaño de la empresa que dirigen. Yo creo que el tamaño más que sensación de importancia les debería infundir temor. Cuando uno se cree importante, fácilmente esa supuesta importancia se le sube a la cabeza, se creen invulnerables y asumen unos riesgos que luego pasan facturas (normalmente a otras personas). Suficientes ejemplos de esto tenemos en la historia reciente. El directivo prudente, conoce los riesgos que está asumiendo y toma las medidas oportunas. No se deja embriagar por el poder.

Por supuesto que ha de haber directivos que asuman la responsabilidad grandes organizaciones. Pero que sean conscientes de esa responsabilidad. Que sean conscientes del gran bien que pueden hacer y de los gravísimos desastres que pueden ocasionar. Que sean conscientes que pilotan un avión cargado de vidas.

Si tú eres responsable de una organización o departamento de dimensiones moderadas, piensa que también los accidentes de moto o de coche pueden tener graves consecuencias. Dirigir no es fácil. Hasta el jueves que viene.

Cumplir con los compromisos

lealtadUna de las manifestaciones de integridad personal es cumplir con los compromisos que uno ha adquirido. Ya sea en el ámbito profesional, en el familiar o en cualquier otro ámbito. Cuando una persona cumple con la palabra dada, esta persona es de fiar. Es una persona íntegra. Uno puede estar tranquilo de que lo que se ha acordado se va a llevar a la práctica.

Cumplir con los compromisos que hemos asumidos cuando estos compromisos son agradables es muy fácil. Cumplirlos cundo nos resultan engorrosos, pero las consecuencias de no cumplirlos son todavía más dolorosas, también lo hace cualquiera. Pero cumplir con los compromisos adquiridos, cuando estos se muestran arduos, y está en nuestra mano no cumplirlos, sin que salgamos perjudicados, esto sí que es síntoma de categoría humana, de respeto por las personas y de integridad moral.

Viene el mensaje de esta semana a cuenta de que hay directivos que para conseguir lo que pretenden no les importa prometer lo que haga falta, y una vez conseguidos sus objetivos se olvidan de aquello a lo que se habían comprometido. Ya no les hace falta tenerlo en cuenta. Su condición de jefes se lo posibilita hacer. Este es un modo eficacísimo de destrozar de modo inmediato la confianza dentro de una organización, y muestra inequívoca de que de ese jefe hay que huir.

El mensaje de esta semana sirve tanto para el ámbito profesional como el familiar. Está en juego nuestra categoría humana y profesional. Conclusión: en las decisiones que tomas acuérdate de cumplir con los compromisos que has adquirido.

Ganar dinero o desarrollar una carrera (III)

febrero 27, 2014 6 comentarios

beneficioSiguiendo con la serie iniciada hace dos semanas sobre las posibles relaciones empresa-empleado, toca esta semana analizar la última que nos queda. Qué pasa cuando la empresa siente como misión ofrecer un producto o servicio que satisfaga una necesidad, y para ello se preocupa de cualificar profesionalmente a sus empleados además de facilitar que se interesen por solucionar los problemas de los clientes; y, correlativamente, lo que mueve a los empleados es ser útiles para alguien además de desarrollar una carrera profesional y ganarse así la vida.

Pues esta es la mejor de las situaciones. El cliente de esta empresa sale beneficiado. El producto que ha comprado ha sido elaborado con el máximo de que sea un producto útil. Posiblemente este cliente volverá a requerir los servicios de esta empresa y además los recomendará a sus conocidos. La empresa está empeñada en hacer la cosas bien, y sus empleados también. ¿Qué mejor garantía de un buen servicio? y oh casualidad! los ingresos y los beneficios aumentan.

Este empleado se sentirá orgulloso de trabajar para una tal empresa y hará todo lo posible para que tenga éxito. Lo que consigue de la empresa es mucho más que un salario. Consigue tener una sensación de utilidad y de estar desarrollándose. La empresa obtiene del empleado algo más que un trabajo concreto. Obtiene entusiasmo e interés por que los clientes estén satisfechos. Los empleados harán mucho más de lo que el puesto de trabajo les exija. Están comprometidos y harán cuanto sea necesario por el bien de la empresa y del cliente.

Un empleado así difícilmente se irá de la empresa, y la empresa difícilmente se desprenderá de él, por muchas dificultades que esté pasando. Si por cualquier razón el empleado tiene que dejar la empresa, será difícil sustituirlo. Una empresa así es un tesoro, y los empleados así también los son.

Pero no nos engañemos. Es necesario que la empresa tenga una buena estrategia y sus productos añadan valor. Las buenas intenciones de todo el mundo no son suficientes para que las cosas se hagan bien. Si yo tuviera que operarme del corazón, nunca dejaría que mi madre tomara las riendas del bisturí, a pesar de lo seguro que estoy de su interés porque mi operación saliera bien.

Os envío este post desde Nueva York, Estoy dando clase en esta ciudad en el primer módulo del Global EMBA del IESE. Recomiendo el II Simposio Internacional “Empresas con Rostro Humano” que organiza mañana la Universidad Internacional de CatalunyaHasta el jueves que viene.

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