Repensar la actividad económica

dineroEl tema de esta semana me lo sugiere un buen amigo al que conocí hace 35 años en una butifarrada. Desde siempre he defendido que la finalidad de la actividad empresarial no debería ser  maximizar los beneficios y ganar cuanto más dinero mejor, sino ofrecer un producto o servicio que satisfaga una necesidad real de las personas. Hace años se me miraba como si fuera un marciano cuando defendía estas ideas.

Últimamente cada vez es mayor el número de personas, académicos, hombres de empresa y público en general que habla de establecer unos nuevos fundamentos de la actividad empresarial y de la actividad financiera. En definitiva volver a pensar cuál debería ser la finalidad de una empresa y de la actividad económica.

Por vía experimental se ha visto que ir a ganar cuanto más dinero mejor ha conducido a quiebras de empresas, a un alarmante aumento del paro y a una mayor desconfianza entre unos y otros. Algo falla. Y lo que falla es pensar en la falacia de que lo que mueve a la gente es el dinero. Falso. Cuánta gente dedica su tiempo en actividades de ayuda social sin contraprestación económica. Cuánta gente colabora anónimamente en wikipedia, foros de ayuda técnica, etc. poniendo desinteresadamente su conocimiento al servicio de todo el mundo. Cuantas veces hacemos un favor por la simple razón de ayudar a alguien que lo necesita en un momento dado.

Lector del blog, si quieres vivir una vida humana no caigas en la trampa de actuar pensando que lo único que importa es el beneficio económico o el bienestar. La dimensión económica es solo una de las diversas dimensiones que tiene nuestra vida. Las relaciones humanas desinteresadas, la amistad, son fuentes de plenitud vital a nivel individual con repercusiones muy positivas a nivel social. Hasta el jueves que viene, y los que salgáis a la carretera estos días, prudencia en la conducción.

Servicio, alegría y toma de decisiones

persona alegre Hay personas con las que se está muy a gusto, generan paz. Piensan en los demás. Intentan no ser problemáticos. Te ayudan cuando perciben que tienes una dificultad. Conciben su vida como un servicio. Son personas que se alegran del bien ajeno. Piensan en los demás. No son egoístas.

Una consecuencia que tiene esta actitud, y que he observado en este tipo de personas es que son alegres. Que siempre ven el lado positivo de las cosas. No son agoreros. Y lo más importante, se les ve felices. Quizá este sea el secreto de la felicidad.

Ya lo decía Tagore en uno de sus más conocidos poemas: “Yo dormía y soñé que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era servicio. Serví y comprendí que el servicio era la alegría”.

Esto explica que haya personas con buena posición social y económica, que parece no faltarles nada, pero que no se les ve felices. Su cara no refleja alegría. Les falta dejar de pensar en sus cosas y pensar en los demás. Les sobra egoismo.

Piensa en un día normal de tu vida y busca cinco ocasiones de servir y de facilitar la vida a los demás. Te puede cambiar la vida. Servir y ser alegre es una decisión propia. Hasta el jueves que viene. Felices vacaciones a los que las empecéis estos días. Os dejo un video de una antigua alumna mia que explica lo que ha supuesto para ella su paso por el IESE

Dos ideas básicas

Perez LopezJuan Antonio Pérez López, antiguo director del IESE, ya fallecido, del que aprendí mucho, me dijo en una ocasión que dos habían sido sus prioridades cuando dirigía el IESE: que hubiera caja suficiente para pagar los salarios del mes siguiente y la formación de profesores jóvenes. Capacidad de afrontar el corto plazo y prepararse para el largo.

A mi me parece que esto puede aplicarse a todas las empresas: dirigir pensando en la continuidad inmediata de la organización (corto plazo; pagar los salarios del próximo mes) y prepararse para ser competitivos en el futuro (largo plazo; prepararse para los retos futuros a los que pueda enfrentarse la empresa). Con estas dos ideas tan simples mantendremos la viabilidad de la empresa y abordaremos el futuro de la mejor manera posible. Espero que estos dos consejos de Juan Antonio te sean útiles en tu labor como directivo.

Estos dos consejos son útiles en muchos más ámbitos de la vida. Si estás levantando una familia dos han de ser tu prioridades: que tus hijos coman y que tengan las necesidades más elementales cubiertas (corto plazo) y que les des una educación que les prepare para la vida cuando sean adultos (largo plazo). Pasar unas vacaciones en Disneylandia o en un crucero por Grecia puede ser algo conveniente, pero no forma parte de ninguna de estas dos prioridades.

Para otras posibles situaciones de la vida este esquema puede ayudarte a entender cuáles son las variables importantes. Se me ocurre que puede ser útil para decidir con quien casarse; también para decidir a quien contratar, y en muchas más situaciones que se te puden presentar. Espero que te sea útil. Disfrutad de las vacaciones y hasta el jueves que viene.

¿Qué valoran los directivos?

dirigirCada directivo dirige su compañía como buenamente sabe. Son las prioridades que tiene a la hora de decidir, qué valora, cuáles son sus valores, lo que le caracteriza como directivo. Los miembros de una organización saben perfectamente qué valoran sus jefes: basta ver cómo se trata a cualquier persona para saber cómo se me puede tratar a mí . También es muy fácil saber qué se valora más en la organización, si el servicio que se proporciona a los clientes o el dinero que se recibe de ellos.

Una persona que se siente valorada está por lo general dispuesta a poner sus capacidades al servicio de su compañía; si no, es mucho más difícil que quiera aportar más allá de lo que se le exige. Por eso las empresas centradas en las personas suelen ser a medio plazo las más eficaces, o por lo menos son más eficaces de lo que serían si fueran dirigidas con el objetivo de maximizar la eficacia. Por el contrario, las empresas que se dirigen con el objetivo de maximizar los beneficios no alcanzan todo su potencial de eficacia porque no cuentan con el incondicional interés de sus empleados para alcanzar sus objetivos. Si no se me valora como persona, si no importo, para qué me voy a esforzar, es el razonamiento implícito que se hace el empleado medio.

No es de extrañar que si el objetivo de una compañía es maximizar los beneficios el valor de las acciones, el directivo avispado puede cansarse de generar valor para terceros y centrarse en generar valor para sí mismo, utilizando cualquier artimaña contable para conseguirlo. Esta falta de solidez directiva propicia que llegue siempre el momento en que todo estalla y se desenmascaran los escándalos. Pasa a nivel empresarial y a nivel de gestión política.

Por eso alguna vez se da el caso de directivos que han ocupado las portadas de revistas económicas por la eficacia con la que han dirigido sus empresas, y han sido citados como ejemplos en publicaciones y escuelas de negocios por sus buenas prácticas directivas, acaben en la cárcel al descubrirse sus fraudulentos modos de dirigir, que dan al traste con sus compañías, sus empleados y los ahorros de sus inversores.

Más frecuente es el caso de directivos que ni llegan a las portadas de las revistas ni acaban en la cárcel, porque su mediocridad no sólo afecta a su falta de integridad moral sino también a su capacidad de conseguir resultados, y nunca llegan a ser noticia.

Categorías:Modos de decidir

Directivos competentes

estrategiaLos que habeis sido alumnos mios lo recordareis, porque en casi todos mis cursos sale este tema en un momento u otro. Un criterio que uso para saber si un directivo es competente o incompetente es el siguiente: directivo incompetente es aquel que al juzgar las decisiones de sus subordinados utiliza información que no estaba disponible cuando se tomó la decisión.

Según me comentais unanimemente cuando hablamos de esto en clase ésta es una actitud frecuente en los directivos. Es muy fácil una vez que se sabe lo que ha pasado decir qué decisión se tenía que haber tomado. Pero esto no vale. La decisión hay que juzgarla teniendo en cuenta las circunstancias que había cuando se tomó.

Los buenos directivos saben que cuando se decide y se opta por una alternativa, las cosas pueden salir de modo distinto a como queríamos que salieran. Que eso es parte de la acción directiva, y no se ponen nerviosos si esto pasa. Saben que se decidió bien y que por causas que escapan al control de sus subordinados, las cosas salieron mal. Esto es síntoma de calidad directiva.

Lo contrario, echar las culpas cuando las cosas no salen como queremos, sin pararse a juzgar si la decisión era la más adecuada dada la información que se tenía en el momento que se tomó, es síntoma de directivo inmaduro  e infantil. Además con esa actitud los subordinados dejarán de tomar las decisiones más convenientes y pasarán a tomar las que suponen menos riesgo para ellos mismos.

Directivo, cuando se decide bien a veces las cosas salen como se quiere que salgan y a veces no. Tenlo en cuenta y mejorará tu calidad como directivo y como persona. Hasta el jueves que viene.

Liderazgo

liderazgoSi observáis, nunca en los casi cinco años de funcionamiento de este blog he hablado de liderazgo. Esto para un profesor de una escuela de negocios es algo muy raro. Pero es que bajo el concepto de liderazgo se dicen tantas tonterías que siempre he preferido abstenerme.

Pero hoy voy a hablar de lo que pienso al respecto. No voy a hablar de liderazgo sino de lo que se dice de él. Y lo voy a hacer a partir de ideas que me surgen de mis frecuentes conversaciones con Pablo Maella, y que están escritas en su libro “Gestionar con sencillez“.

De liderazgo se habla mucho porque la gente – los directivos- quieren oír hablar de él. Cada autor, conferenciante o charlatán tiene su propia concepción de lo que es el liderazgo. Siempre que hay demanda de algo se crea una industria alrededor de esta demanda. Del liderazgo viven numerosos conferenciantes y gurús. Del liderazgo se nutren las consultoras y escuelas de negocios. Las víctimas de la industria del liderazgo son los pobres directivos, que con toda su buena intención intentan poner en práctica lo que prescriben los entendidos, muchas veces prácticas contradictorias unas con otras dependiendo del autor que las prescribe.

Yo más que de liderazgo prefiero hablar de servicio (palabra menos de moda). Un directivo debe servir. Debe facilitar el trabajo de los demás. Y esto a cualquier nivel, ya seas el CEO de una empresa o un encargado de la limpieza que entra cada día a las 10 de la noche a realizar sus tareas. El que con su trabajo facilita más el trabajo de los demás, con ese me quedo. Esa persona sirve.

Democracia

democraciaNo soy monárquico ni republicano, sino todo lo contrario. Aclarado este importante punto, añadir que cada vez veo más contradicciones en la actitud de muchos demócratas. Cada vez hay más demócratas que aceptan los resultados de las urnas cuando estos coinciden con las preferencias de uno, pero que cuando las urnas dicen algo distinto a sus opciones dejan de aceptar el resultado. No señores, ser demócrata consiste en aceptar el resultado de las urnas, coincida este o no con las preferencias de uno.

La constitución está votada democráticamente, por tanto todo demócrata ha de aceptarla. Es que yo voté en contra. Lo siento, si eres demócrata has de acatar los resultados de las urnas. ¿Significa esto que la constitución es eterna e inmutable? No en absoluto. Si pensamos que hay que cambiarla cambiémosla. Ningún problema en ello. Pero si cada vez que a alguien no le gusta algo pide un referéndum para cambiarlo esto va a ser el cuento de nunca acabar.

Es imposible que todo el mundo esté de acuerdo en todos los puntos de una constitución. Si pretendiéramos eso no habría manera de organizarnos. La crítica más inteligente que he oído sobre la constitución es la del que dijo “una buena parte de la gente que votó la constitución hace 36 años ya no está, en cambio los que estamos ahora no somos los que la votamos”. Muy bien, revísese si es necesario. Pero revísese en su globalidad, no selectivamente en los puntos que a mí no me gustan.

El mensaje de esta semana no es un alegato ni a favor ni en contra ni de la democracia ni de la constitución actual, sino una petición de coherencia. En otro orden de cosas, más nos vale que nuestra constitución sea acorde con la ley de Dios. De lo contrario mal nos va a ir.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 8.132 seguidores

%d personas les gusta esto: