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Keyword: ‘envidia’

Envidia

pecado capitalDice Warren Buffet que de los siete pecados capitales la envidia es el más estúpido. No le reporta ningún beneficio al envidioso. Warren Buffet es actualmente el tercer hombre más rico del mundo.

Efectivamente, la envidia no solo no reporta ningún beneficio sino que afecta de modo instantáneo a la salud mental del envidioso. Uno en vez de disfrutar de lo que posee, de sus cualidades, de su familia, de sus amigos, se atormenta por los bienes que disfruta el vecino.

Esto es una estupidez. Seguramente el vecino también nos estará valorando por cualquier cualidad que poseemos y a la que no damos importancia. Si dejáramos de compararnos con los demás y aceptáramos nuestra situación viviríamos mucho más felices. Serás más optimista y desbordarás alegría. El envidioso suele ser negativo, huraño, enfadado… Hasta el jueves que viene.

Disfrutar de los éxitos de los demás

alegríaUna muestra de salud mental en las personas es saber disfrutar de los éxitos de los demás. Cuando a alguien le sucede algo que es motivo de alegría, alegrarse con él o con ella es multiplicar la alegría. Los bienes materiales si se comparten se pierden. Si yo tengo 100 euros y los comparto con alguien, esa parte que comparto dejo de poseerla yo.

No sucede así con los bienes que no son materiales. Si yo tengo un motivo de alegría y lo comunico a otro, este otro puede alegrarse conmigo y no por eso pierdo yo parte de alegría.

Pues muchas veces no pasa eso. Es la maldita envidia la que nos impide disfrutar que a otro le vayan bien las cosas. Disfrutemos con lo bueno de los demás. Seremos más positivos, más alegres, tendremos más amigos, estaremos contentos. Todo es mejor. La gente confiará más en nosotros, nos hará partícipes de sus cosas. Podremos disfrutar de más cosas. La envidia nos hará cenizos. Decide lo que quieras ser, alegre o cenizo. Hasta el jueves que viene.

Cotillear

informarseLas personas nos relacionamos unos con otros y nos interesamos los unos por los asuntos de otros. Pero hay personas que tienen una enfermiza necesidad de saber asuntos de otros mucho más allá de lo que es el razonable interés de unos por otros. Necesitan saber detalles de la vida y de actuaciones de otros.

Trafican con chismorreos. A veces es por pura curiosidad malsana. Morbo. Otras veces es porque el estar informados les hace sentirse importante ante los demás, dan a entender que tienen información confidencial no accesible a otros. Se sienten muy satisfechos de sí mismos y les gusta pensar que los demás les envidian.

A este perfil de gente enseguida se les ve el plumero. Yo con estos me suelo hacer el tonto. En general hacerse pasar por tonto suele ser muy divertido y en muchas ocasiones eficaz. Cuando se me acerca alguien de este tipo intentando entrometerse donde no le llaman, les despisto con informaciones irrelevantes y datos absurdos intentando hacerles pensar que creo que les estoy contando indiscreciones.

Cuando la razón a la que acuden a mi es para hacerme ver que tienen información picante, al empezar a conversar conmigo empiezo a mostrar interés por cosas irrelevantes. Les pregunto estupideces. Terminan pensando que soy tonto y se van sin haber podido exhibir ante mí sus habilidades.

Ojo con los cotillas. Suelen generar mal ambiente y, con expresión que se usa mucho ahora, suelen ser personas tóxicas. Felices vacaciones.

Evaluar al profesorado o evaluar a los colegios

noviembre 12, 2015 25 comentarios

aulaSe está hablando estos días en España sobre la posibilidad de evaluar la calidad de los profesores de los colegios y ligar su remuneración a los resultados de la evaluación. Estoy totalmente en contra de esta práctica. Evaluar a los profesores, por supuesto. La evaluación la deben hacer los respectivos jefes de cada profesor, que deben decir lo que hacen bien y los puntos de mejora.

Pero ligar la remuneración a la evaluación se presta a todo tipo de chanchullos. En primer lugar ¿Qué se entiende por ser un buen profesor? Distintos evaluadores pueden entender muy distintas cosas, y de esta manera, si el salario depende de la evaluación que se haga, un profesor dejará de intentar hacer lo que es bueno para el alumno y se centrará en cumplir los requisitos necesarios para ser bien evaluado.

Con estos procedimientos se adultera toda la actividad formativa. Un profesor en un momento dado tiene que ser exigente, en otro momento cariñoso, en otro severo. ¿Cómo se aquilata todo esto en una evaluación? El buen hacer de un profesor es multidimensional y se acopla mal a ser reducido a un parámetro.

Puestos a evaluar, cosa que me parece muy bien, yo evaluaría a los centros educativos según el rendimiento de sus alumnos, y pagaría más a todo el profesorado de los centros de donde haya mejores resultados. Individualizar la remuneración a cada profesor crearía rivalidades y envidias, y la tarea educativa es una tarea de conjunto de todo el claustro de profesores

Y por supuesto, nunca cometer el error que sean los alumnos los que evalúen a los profesores (hace unos años en un colegio se me preguntó mi opinión sobre esta posibilidad). La labor educativa se desvirtuaría. ¿Reñiría un profesor a un alumno cuando este lo mereciera, sabiendo que iría en detrimento de su evaluación y de su salario?

Se trata de cualificar y dignificar al máximo la profesión docente. De formar a los profesores. De fomentar en ellos pasión y entusiasmo por la actividad educativa. Pero nunca de amenazar al profesor con aumentos o disminuciones de sueldo. Y por supuesto, si un profesor no sirve, pues … que no sea profesor. Hasta el jueves que viene que os escribiré desde Hong Kong

Prima donnas

octubre 31, 2013 9 comentarios

privilegiadosExisten en algunas organizaciones profesionales que son muy buenos en una dimensión y que por lo tanto son muy útiles en su empresa. Esta habilidad hace que exijan privilegios en su organización. Piensan que son imprescindibles y la verdad es que si no imprescindibles, llegan a ser muy necesarios. Ante esta actitud la dirección tiene dos opciones, o concederles todo lo que exigen o tratarlos como uno más de la organización, eso sí, reconociendo y remunerando adecuadamente su contribución.

Una de las cosas que más destruyen el buen ambiente de una empresa es que la dirección, deslumbrada por la (en general aparente) brillantez de estos profesionales les conceda todos los privilegios. Estos profesionales se crecen, creen que toda la institución se les debe a ellos, a su imprescindible contribución, y que todo lo que obtienen de la organización, es lo normal, lo que merecen. Los jefes, por debilidad o por deslumbramiento, ceden a estos chantajes. La mayoría de las veces ni se dan cuenta de que son chantajes. El resto de los componentes de la organización sufren la injusticia de este trato privilegiado.

Porque efectivamente, estos profesionales son excelentes, pero solo en una dimensión, que suele ser una dimensión técnica, pero en las dimensiones más humanas suelen ser deplorables: sin capacidad de trabajar en equipo, porque desprecian al resto. Creen que lo único importante en la empresa es lo que ellos hacen. Suelen ser personas insociables o antisociables, se rodean de un aura de misteriosa excelencia que produce rechazo por parte de los demás. Ellos piensan que este rechazo es porque les tienen envidia. Nada más alejado de la realidad. Producen pena y risa.

Hay que tener en cuenta que una empresa funciona por el trabajo coordinado de todos sus miembros, sea este trabajo muy visible o muy oculto. Si uno falla, falla todo. ¿Por qué estos privilegios a estas prepotentes prima donnas? Muchas veces por debilidad de los jefes, o porque los jefes quedan deslumbrados por la aureola que rodea a estos personajillos. Si eres jefe, revisa si se da esta situación en tu empresa y corrígela. Tendrás a todo el mundo a tu lado y mandarás un aviso a navegantes.

La semana que viene tenemos la reunión anual de antiguos alumnos del IESE en Barcelona. Hay más de 2500 apuntados. Tengo muchas ganas de volver a ver a los que pasaron por mis clases, con los que en su día llegué a tener una buena amistad.

El arte de vivir amargados

diciembre 5, 2012 78 comentarios

amargadoHay personas que disfrutan con los fracasos de los demás. Esto suele ser por dos motivos. O bien porque no toleran no ser los mejores en lo que hacen, o bien porque se plantean tan pocos retos vitales que sus únicas alegrías son ver cómo los demás fracasan.

Hay un tipo de personas que se plantean retos importantes y no soportan el no ser los mejores en lo que hacen. Como muchas veces no logran sobresalir, remedian su frustración alegrándose de los fracasos de los demás. Me da la impresión, aunque puedo estar equivocado, que esto se da más entre los hombres que entre las mujeres. Otro tipo de personas son los que no tienen empuje para plantearse retos. Son los que en vez de vivir sobreviven. Su único consuelo es ver cómo a los demás les salen las cosas mal.

En ambos casos la raíz de esta actitud es la envidia. Mal vicio que no deja vivir. Yo aconsejo tener una actitud más positiva ante la vida. Consiste en alegrarse ante los logros de los demás y tener un deseo sincero de que tengan mejor suerte cuando algo les sale mal. Pasarse la vida compitiendo es agotador. Esta actitud marca la diferencia entre ser un amargado y ser una persona alegre y optimista. He conocido gente con mucha pasta que están amargados y que lo tendrían muy fácil para estar satisfechos consigo mismos.

El lunes pasado publicamos el Índice IESE de Incertidumbre Económica. La incertidumbre ha bajado en noviembre de 114 a 94 en una escala 0 – 200. Hasta el jueves que viene.

Hoy va de tontos

Dicen los entendidos que en toda partida de póker participa un tonto, y lo primero que hay que hacer para situarse es localizarlo. Y si no consigues localizarlo, entonces es que el tonto eres tú. Un tonto en tu compañía siempre será un problema, por lo que es de vital importancia evitar que entre en tu organización. ¿Cómo se descubre a un tonto? Carlos Abadía, uno de los primeros alumnos que tuve cuando empecé a dar clase en el IESE, y cuyo padre Leopoldo está teniendo un envidiable (sana envidia) éxito a sus 75 nos da la solución. Nos la da en su libro “Soy consultor (con perdón)” publicado en la misma colección que mi “Iceberg a la vista”. Allí nos dice Carlos que a un tonto se le descubre enseguida: se cree muy listo.

A mi juicio una de las funciones más importantes de un directivo es la contratación de los empleados y directivos que van a trabajar en su compañía. Es muy difícil hacer una buena selección y a la vez es de vital importancia. Es muy difícil, porque con unos tests, un curriculum vitae y un par de entrevistas no se logra conocer bien cómo es una persona. y es de vital importancia porque la mejor o peor marcha de una empresa depende en gran medida de las personas que en ella trabajan. Sin querer alargarme en el tema, en un proceso de selección, en un candidato yo miraría dos cosas: primera: si tiene las competencias técnicas necesarias mínimas para desempeñar su trabajo. Un piloto de aviones tiene que saber pilotar aviones. Pero hablo de poseer las competencias necesarias mínimas. No le pido ser el máximo experto. Y digo esto porque el principal aprendizaje que recibe un profesional es en la propia compañía conforme desempeña su trabajo.

La segunda condición que le pido es sea capaz de tener en cuenta las repercusiones de sus acciones en los demás. Esto no lo comento porque el mensaje saldría muy largo. Lo comentaré dentro de dos o tres semanas. Aprovechando el reciente mundial de futbol, el mensaje del jueves que viene me lo reservo para comentar una decisión muy habitual en los equipos de futbol. De todas maneras el que no entre un tonto en tu compañía es muy fácil. Sigue el consejo de Carlos Abadía.

A modo de digresión aprovecho el mensaje de esta semana para recomendaros el libro de Carlos. Refleja su experiencia de veinte años como consultor, un conocimiento de primera mano de la profesión y tiene el plus de estar escrito con un estilo ameno, en muchas ocasiones divertido y fácil de leer. Vamos, como el del Iceberg.

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