Toma de Decisiones y Planificación Estratégica

septiembre 10, 2020 6 comentarios

estrategiaUna de las principales actividades de los directivos es decidir a donde quieren llevar su empresa y los pasos a seguir para llegar allí. A esto se le llama planificación estratégica, que va adaptándose según las cambiantes circunstancias del entorno.

Hacer la planificación estratégica actualmente es muy difícil y bastante inútil. Evidentemente hay que saber a dónde se quiere ir. Pero ya, los pasos a seguir para llegar allí es algo más problemático debido a las continuas cambiantes circunstancias en que se desarrolla el mundo empresarial actualmente. Estamos en un entorno muy turbulento y las cosas cambian continuamente. Una estrategia válida ayer mañana puede ser inútil.

Ahora en lo que hay que ser fuerte es en toma de decisiones. Sabemos, sí, a dónde queremos llegar. Pero las decisiones que hay que tomar para llegar allí van cambiando.

Un error frecuente cuando se toman decisiones es intentar saber lo que va a pasar. Si lo supiéramos decidir sería muy fácil. Y precisamente ahora estamos en tiempos de gran incertidumbre. Olvídate de pretender saber lo que va a pasar. Toma decisiones que permitan la vuelta atrás. Marca metas parciales a conseguir de modo que si no se consiguen en el tiempo pretendido da marcha atrás. Decisiones que sean válidas en el mayor número de futuros escenarios posibles. Que si la cosa sale mal no sea un desastre total. Cuidado con la intuición. Cuando el futuro es muy incierto acabamos agarrándonos a la intuición como a un clavo ardiendo. Analiza, analiza y analiza. Y al final despliega tu plan de acción que deberás ir modificando para adaptarlo a las circunstancias.

Y muy importante. Que sepas de antemano a dónde quieres ir, no sea que las circunstancias te lleven a un sitio donde no quieres estar y cuando te des cuenta ya sea demasiado tarde. Ten personalidad. Hasta el jueves que viene

No hay que alarmarse

septiembre 3, 2020 27 comentarios

coronavirusSe están detectando ahora en España unos 6.000 casos nuevos de coronavirus por día. Una barbaridad. El máximo a finales de marzo fue de unos 9.000 en un día. Estamos acercándonos a unos números similares a los de marzo o abril.

No saquemos las cosas de quicio. No está pasando nada alarmante. En España se mueren 1.100 personas al día, de ellas 370 son por problemas en el sistema circulatorio, 150 por enfermedades del sistema respiratorio. Ahora se están muriendo un promedio de 20 por el dichoso virus. ¿No está habiendo una injustificada alarma?

Alguien dirá que los 6000 nuevos infectados por día es alarmante. Casi tantos como en el momento más álgido a primeros del pasado abril. Alarma. ¿Pero, por qué se detectan tantos? Pues simplemente porque se están haciendo una infinidad de tests.  La pasada primavera solo se detectaban los que tenían dolencias serias. Entonces sí que el asunto era serio. Pero ahora no lo es.

¿Por qué hay esta alama social? Pues la alarma se produce porque los medios no paran de hablar del tema. Cada telediario los primeros 20 minutos son sobre el tema. Si se dejara de hablar del tema no habría esta alarma y llevaríamos una vida más normal.

Pasa con los suicidios. Cada día se suicidan en España un promedio de 10 personas. Hay un acuerdo tácito de no informar sobre ellos para no inducir al suicidio a otras personas. ¿No se podría llegar a un acuerdo de informar menos sobre el virus?.

Algunos se escandalizarán por el mensaje de esta semana, como ya lo hicieron del mensaje que escribí hace tres meses. No quiero decir que no haya que ocuparse del tema, como hay que preocuparse de curar los canceres e intentar evitar los suicidios. Pero el virus no puede paralizar nuestras vidas. Ocuparnos, pero no paralizarnos. Evidentemente debemos tomar las medidas que piden los que saben del tema, pero no obsesionarnos.

Todo el mensaje de esta semana es compatible con mis condolencias hacia las personas que han perdido algún familiar por el virus. Feliz inicio de curso (nunca mejor deseado) y hasta el jueves que viene.

graficas virus españa

Gente feliz y gente amargada

familiaEl otro día durante una caminata en la montaña aprovechando las vacaciones, comiendo un bocadillo y disfrutando de un refresco, recostado en una suficientemente cómoda piedra, y a la sombra de un árbol, contemplando la naturaleza, experimenté una agradabilísima sensación de paz y felicidad. Empecé a reflexionar sobre lo poco que hace falta para ser feliz.

A lo largo de mi ya no corta vida me he topado con muchos tipos de personas de muy distintos niveles profesionales y económicos. De todos he procurado aprender. He visto personas y familias con muy pocos medios económicos, que eran muy felices. También me he topado con personas a las que les sale el dinero por las orejas y están amargados y en un estado de permanente enfado. También he visto pobres atormentados y ricos felices.

Lo que quiero decir es que para ser feliz hace falta muy poco, y lo que hace falta está al alcance de todo el mundo. No hay que ser rico. Basta con ser suficientemente inteligente para saber aprovechar los detalles del día a día. Disfrutar de una conversación con buenos amigos, de un paisaje, de la lectura de un libro, de estar en casa con los tuyos sin ningún objetivo más allá que el de estar.

Si una persona para sentirse bien necesita unas vacaciones sofisticadas, emociones intensas, demostrar lo que se es capaz de hacer, estar hiperconectado, estar a la última moda, etc., entonces esta persona es muy dependiente. Le falta personalidad. Una vida así es agotadora. No es extraño el permanente enfado en que uno se encuentra. Si sabes disfrutar de las continuas pequeñas ocasiones que ofrece la vida, entonces puedes estar viviendo una vida muy intensa. Así de barato y así de sencillo. Bueno, esta es mi opinión y lo que he visto en mucha gente. Feliz final de vacaciones y hasta el principio de curso la semana que viene.

¿Cómo prepararse para una eventual crisis?

crisisDecía la semana pasada que cuando llega una crisis económica, si una empresa no está preparada, ya poco puede hacer más que capearla como buenamente. Las crisis nos tienen que pillar preparados. Y uno se prepara para una eventual crisis cuando las cosas van bien. Ese es el momento para prepararse

¿Qué hay que hacer entonces, cuando las cosas van bien? Cuando las cosas van bien la empresa vende. Los clientes compran. Hay demanda. Se amplia capacidad productiva. Se contrata gente. Se aprovechan las oportunidades que ofrece el boyante entorno económico. Y en esto consiste el error. Si se dimensiona la empresa para esos momentos de bonanza, cuando llegan las dificultades nos pilla sobredimensionados. Nos pilla con fábricas a medio utilizar, con demasiada gente en la empresa. Las facturas nos ahogan y los ingresos no llegan. El futuro de la empresa es incierto.

Lo que hay que hacer en momentos de bonanza es no dimensionarse de modo que cuando llegue la recesión, que siempre llega, no nos pille sobredimensionados. Hay que frenar el crecimiento durante los booms económicos. Sé que esto es muy difícil. Que cuando las cosas van bien, echar el freno es muy difícil. Pero es la única forma de que se puedan capear las dificultades cuando lleguen las desaceleraciones. Las empresas que esto hacen capean muy bien las crisis económicas y salen de ellas fortalecidas.

Consejo para la crisis actual: qué cada uno haga lo que pueda. Si tu empresa no estaba preparada para abordarla, poco margen de maniobra queda. Consejo para cuando venga la recuperación económica: haz caso a lo que digo en este mensaje. Ya en un mensaje de este blog en 2012 daba estos mismos consejos. Hasta el jueves que viene.

Y ahora ¿qué hay que hacer?

economiaEstos últimos meses diversas personas me han planteado la pregunta de cómo abordar en sus empresas la crisis económica actual. La respuesta es muy sencilla. Hágase lo que se pueda. Si nos ponemos a pensar qué hacer cuando tenemos la crisis encima hemos llegado tarde. A las crisis hay que llegar preparados. Cuando esta ya está encima pocos grados de libertad se tienen para capearla.

Si uno nota en su coche un ruido pequeño y no lo lleva al taller a revisar porque no le da importancia, que luego no se queje si el coche lo deja tirado en medio de la carretera. Si uno tiene pequeñas dolencias y por no ser muy fuertes no acude el médico, quizá más adelante se encuentre ante un tumor incurable. Tumor que se podía haber curado si se hubiera pillado a tiempo.

Lo mismo les pasa a las empresas. Aquellas que son dirigidas pensando en la posibilidad de abordar una crisis en algún momento, cuando llega la crisis, que siempre llega, están preparadas para abordarla. Mientras que aquellas que viven muy felices viendo lo bien que le van las cosas, cuando llega la crisis les pilla desprevenidas.

Los directivos tienen que dirigir sus empresas intentando conseguir objetivos. Y esto lo saben hacer muy bien. Pero también tienen que pensar en estar preparados cuando lleguen las desaceleraciones y las crisis. Y eso no lo saben hacer también. Si las dificultades se nos echan encima sin estar preparados, ya poco podemos hacer, más allá de sufrir. De todas maneras, siempre se puede hacer algo.

¿Y cómo prepararse para una crisis? Pues de ello hablaré en un próximo mensaje, aunque ya dije cosas hace unos años en un mensaje sobre gestión de riesgos y en otro sobre cómo abordar las crisis. De momento felices vacaciones, prepararse para las crisis y hasta el jueves que viene.

Directivos

economía

La función de un directivo es dirigir. Menuda obviedad. Lo que no es ya tan obvio es juzgar si un directivo dirige bien o no. Voy a presentar esta semana un criterio a tener en cuenta a la hora de juzgar a un directivo. El que la empresa vaya bien en épocas de bonanza económica no es criterio para saber si un directivo es bueno. En momentos de bonanza económica es fácil que la empresa vaya bien, aunque la dirección sea mediocre. Por supuesto si en época de bonanza la empresa va mal, salvo que sea por una causa de fuerza mayor, este directivo es un inútil. Inútil como directivo. Como persona no se puede juzgar a nadie.

La calidad de un directivo se calibra cuando la economía va mal. Si yendo mal las cosas el directivo consigue que su empresa vaya bien. Este es un buen directivo. Si cuando la economía va bien mi empresa va bien y cuando la economía va mal mi empresa va mal, yo como directivo ¿qué aporto a la empresa?

Un directivo tiene que ser capaz de aprovechar los buenos momentos y saber blindar a la empresa de las situaciones adversas. Ahí es donde se calibra que un directivo es bueno, cuando las cosas van mal. Ahora que las cosas están difíciles es cuando se puede calibrar bien la calidad de un directivo. Hasta el jueves que viene, que disfrutéis de las vacaciones los que cómo yo, las empezáis estos días

China

MaoHace unos días en LinkedIn publiqué un breve escrito donde explicaba que en los 40 años que van del 1978 al 2017 el producto interior bruto, el PIB, de China, se ha multiplicado por 33,5. El PIB de China ha tenido un crecimiento anual promedio del 9,5% y su economía ha pasado de representar el 1,8% de la economía mundial a ser el 15,3%.

Las visitas y comentarios a ese escrito no se hicieron esperar. Hubo de todo tipo. Desde la admiración por el milagro chino hasta quien me preguntaba si eso se debía interpretar al éxito de un gobierno comunista y de una economía planificada. Os invito a visitar dicho artículo por la riqueza de las opiniones que allí se vertieron.

Solo apuntar lo que dijo Deng Xiaoping, sucesor de Mao, cuando después de visitar Hong Kong en 1992 afirmó “enriquecerse es bueno”. Entonces alguien le dijo eso iba en contra de las tesis comunistas a lo que respondió “lo relevante de un gato no es si es blanco o es negro, sino si caza ratones”.

China es una dictadura política liberal en lo económico. Si el desarrollo humano fuera solo desarrollo económico, la fórmula China será de un éxito total. Si el desarrollo humano debe contemplar otras dimensiones es cuestionable el actual desarrollo de China. Quizá un día hable de las dimensiones del desarrollo humano. Felices vacaciones los que las empecéis próximamente. Yo descansaré unos días en el Pirineo, pero estaré puntal a la cita de los jueves.

No nos dejemos engañar

Hace unos días se publicó en los medios que “Las ventas del sector servicios crecen en mayo un 15%”. Este tipo de noticias hay que leerlas con mucho cuidado. Una lectura superficial puede dar a entender que el sector servicios va viento en popa. Pero hay que tener en cuenta que los dos meses anteriores ese mismo sector sufrió unos descensos del 22% y el 26%.

Por otro lado, si una empresa o un sector bajan sus ventas un mes un 50% y al mes siguiente suben un 50%, uno puede pensar que se han quedado igual que antes y ponerse muy contento. Esto no es cierto. Supongamos que el nivel de ventas es de 100. Si en un mes baja el 50% es que las ventas están en 50. Si al mes siguiente sube un 50%, entonces se sitúan en 75 (el 50% de 50 es 25). Así que al final de esa subida y bajada del 50% las ventas son un 25% menores.

Cuando hay datos no es muy difícil presentarlos de modo que digan lo que uno quiera que digan. Por ejemplo, el número de hombres fallecidos por Covid de enero a mayo es muy similar al número de mujeres. Esto es cierto. Pero también es cierto que el virus ha tenido más incidencia mortal entre los hombres que entre las mujeres. Parece paradójico, pero es así.

También es posible que el precio medio de los pisos de todas las provincias de una comunidad autónoma bajen y sin embargo el precio medio de los pisos en esa comunidad autónoma suban. Alguien dirá que esto es imposible. pues no, es perfectamente posible.

Hay que tener cuidado cuando se utilizan datos porque pueden decir lo que queramos que digan dependiendo de qué aspecto de los datos mostramos. Hasta el jueves que viene, y que alguien en los comentarios explique las paradojas.

Con un mal diagnóstico…

Cuando surge un problema hay que intentar resolverlo. Para resolverlo hay que buscar las causas del problema. A veces nos es fácil. Se supone que es tal la causa. Se actúa y se observa que el problema no se ha resuelto y hay que aventurar otra posible causa.

Saber diagnosticar bien las causas de los problemas es una habilidad que no todo el mundo posee. Hay personas con una incapacidad natural de saber por qué pasa lo que pasa. Otras captan muy pronto la situación. Si estamos equivocados en cuál es la causa del problema difícilmente lo solucionaremos, y si el problema se soluciona habrá sido por casualidad y por suerte, pero no por nuestra buena decisión.

El mensaje de esta semana me ha venido a la cabeza porque escuchando las noticias mientras iba en coche al IESE he oído que están estudiando convertir una residencia privada de ancianos de Alcoy en residencia pública, pues en tal residencia han fallecido por el maldito virus más de 70 ancianos, aproximadamente la mitad de los residentes.

Tal número de defunciones indica claramente que hay un problema. La pregunta es ¿la causa del problema es que la residencia es privada? Si no es esa la causa, que el ayuntamiento o la consejería correspondiente asuma su gestión no garantiza que se vaya a resolver. Primero hay que saber por qué ha habido tantos fallecidos en esa residencia, y después saber si convirtiéndola en pública ese problema va a desaparecer.

El suponer que lo público se va a gestionar mejor que lo privado es mucho suponer. Y no digo que no sea este el caso de la residencia de Alcoy. Podría serlo. Lo que digo es que antes de poner remedio a un problema hay que investigar su causa. Parece una perogrullada, pero no lo es a juzgar por la cantidad de veces que yo he visto que se intenta resolver un problema sin pararse antes a pensar en cuál es su causa. Saludos a todos y hasta el jueves que viene.

Hablar y actuar

En algún mensaje de hace años hablé de que las personas nos comunicamos con los hechos y no con nuestras palabras. En función de cómo actuamos, la gente se hará una idea de cómo somos. Una empresa cuyos jefes no paran de decir que las personas son lo más importante en esa organización, pero luego no respetan los horarios laborales y hacen trabajar hasta mucho después de la hora de salida, es una empresa cuyos jefes no tendrán ninguna credibilidad entre su gente.

Nos comunicamos, no con las palabras sino con los hechos. Nuestras palabras son una medida de nuestra hipocresía: la gente verá cómo actuamos, y si lo que decimos es coherente con nuestro modo de actuar, la gente se fiará de nosotros. Pero si nuestro discurso va por un lado y nuestras actuaciones por otro entonces problema.

Malo cuando una persona tiene que aclarar algo. Malo cuando hay que decir que somos honrados. Malo cuando una empresa tiene que decir que cumple con las leyes. Si esas cosas ya las hacemos nuestras actuaciones lo dejarán bien claro y si lo tenemos que aclarar es que nuestras actuaciones son problemáticas. Nos comunicamos con los hechos y no con las palabras. Hasta el jueves que viene. Os dejo un tercer video sobre toma de decisiones en entornos VUCA.

A %d blogueros les gusta esto: