Archivo

Posts Tagged ‘Enron’

Decidir y acertar (I)

octubre 13, 2011 19 comentarios

Esta semana voy a hablar de algo sobre lo que suele haber bastante confusión. No es lo mismo decidir bien que acertar en la decisión. Muchas veces juzgamos si hemos decidido bien o no, en función de si hemos conseguido los objetivos que pretendíamos con nuestra decisión. Es decir, identificamos decisión correcta con decisión eficaz. Pero esto es un error. A veces con una decisión conseguimos los objetivos que pretendíamos pero simultáneamente nos creamos un problema más gordo.

El presidente y el director financiero de Enron, al manipular la contabilidad de la compañía fueron eficaces.  Consiguieron que el precio de la acción siguiera aumentando, que era su objetivo. Pero claramente su decisión fue incorrecta. Independientemente de que después terminara en la cárcel, engañar es siempre una decisión incorrecta, independientemente de lo eficaz que sea. La decisión de los directivos de Enron no fue incorrecta porque terminaron en la carcel, si no al revés, terminaron en la carcel porque decidieron mal, aunque fueran eficaces.

También sucede lo opuesto. A veces no conseguimos los objetivos que pretendíamos y sin embargo hemos decidido bien. Salvo en los casos patológicos, no se puede decir que cuando uno juega a la lotería o a las quinielas está decidiendo mal, a pesar de que nunca te toca.

La eficacia de una decisión es una de las características que tendremos que mirar a la hora de evaluar una decisión, pero esta no será la única. En mensajes posteriores hablaré de qué otras cosas hay que tener en cuenta.  Solo quiero apuntar ahora lo problemático que puede ser asignar incentivos al logro de objetivos. Estos objetivos pueden estar lográndose a base de decisiones incorrectas. ¿Recordáis las stock options con las que remuneraban a los directivos de Enron?

La semana que viene volveré a hablar de la “sabiduría de la muchedumbre” y lanzaré un cuestionario para saber si se pueden predecir los resultados de las próximas elecciones generales en España, las del 20N. Hasta el jueves que viene.

Murdoch y la News Corporation

diez mandamientosDice el evangelio que el que construye su casa sobre arena cuando viene la tormenta la derrumba, pero el que la construye sobre roca aguanta todas las tempestades. Empresas cuya finalidad es maximizar los beneficios son como casas construidas sobre arena. Ahí tenemos a Murdoch con las escuchas y pinchazos de News Corporationalgunas constructoras que la crisis se ha llevado por delante, por no citar las Enron, WorldCom, Parmalat, etc.  El ídolo de la maximización de beneficios lo justificaba todo, y ahí están esas empresas.

¿No será la actual crisis económica fruto del ídolo al que se ha adorado en las últimas décadas? Pablo Fernandez, profesor de finanzas del IESE, me decía con su habitual sencillez que la lección que había que aprender de la actual crisis económica era muy simple: que hay que cumplir los diez mandamientos.

Henry Ford, el fabricante de coches, ya dijo hace 100 años: “El negocio hay que llevarlo para obtener un beneficio… o se morirá. Pero cuando alguien intenta llevar un negocio solo para hacer beneficio… También se morirá ya que carece de una razón para seguir existiendo

Con esto no quiero decir que todas las empresas que han desaparecido estos últimos años, o que están pasando dificultades haya sido porque estuvieran mal planteadas. Muchas de ellas son victimas pasivas del mal hacer de otras empresas y sus dificultades son fruto del entorno económico actual y no de una mala gestión.

Construir una empresa sobre roca significa ofrecer un producto o servicio que satisfaga una necesidad real de un suficiente número de consumidores. Esta es la razón de existir de la empresa. Para ello son necesarias tres cosas según Juan Antonio Pérez López, pero de esto hablaré la semana que viene. Escribo el mensaje desde Baqueira, donde estoy disfrutando de las vacaciones.

Para salir de un hoyo lo mejor es dejar de cavar

Leía la semana pasada en la prensa: “La lluvia causa en un día más de 400 muertos en Rio de Janeiro”. Y a continuación “En 2010 el gobierno gastó 14 veces más en responder a desastres naturales que en prevenirlos”. Este es un ejemplo de un error muy habitual en la toma de decisiones:  para evitar perder algo tomamos frecuentemente decisiones que conllevan un alto riesgo de perder mucho más en el futuro. Pasa cuando se juega en el casino. Uno antes de irse a casa habiendo pérdido algo de dinero, se queda apostando más y al final… pierde hasta la camiseta. Hay quien aparca el coche en la calle en zona de peaje, y no compra el ticket pensando que quizá no pase la guardia urbana. Al final la multa es muy superior a lo que le habría costado el parking.

La razón de estos errores es que las pérdidas tienen un impacto subjetivo muy fuerte en nosotros, y antes de aceptarlas hacemos cualquier cosa por evitarlas. Suelen ser huidas hacia adelante que llevan a un precipicio peor. Invertir en prevenir una catátrofe es un gasto cuya necesidad no es evidente. Antes de incurrir en ese gasto preferimos pensar que no va a pasar nada y… al final llega lo peor.  Si no fuera obligatorio el seguro del coche, habría muchos más conductores que circularían sin seguro de los que actualmente hay (alguna vez he leido que un 10% de los coches van sin seguro. No sé si será cierto). Asegurar el coche es un gasto y quizá no sea necesario y…  Cuando las cosas empezaron a ir mal en Enron, en vez de aceptar la nueva situación, los máximos responsables decidieron manipular la contabilidad para que el precio de la acción siguiera subiendo y…

En las empresas hay proyectos en los que se ha invertido dinero y no están dando los resultados que se esperaban. En lugar de abandonarlos reconociendo la pérdida de la inversión, se sigue apostando por ellos  malgastando más dinero a la espera de unos resultados que nunca acaban de llegar. Decía Peter Drucker que para salir de un hoyo lo mejor es dejar de cavar. Pasa lo mismo cuando se invierte en bolsa. Si las acciones que hemos comprado bajan de precio, en vez de vender estas acciones (que ahora ya no nos gusta tener) las mantenemos e incluso compramos más. Frecuentemente esas acciones siguen bajando.

Este es un error demasiado frecuente, por lo que merece la pena tenerlo en cuenta para no caer en él. Hasta la semana que viene. Podeis seguir enviando vuestras propuestas y comentarios al debate que propuse la semana pasada.

Conflicto de intereses (I)

El responsable de una auditora anunciaba hace unos días que “Lo que pasó con Arthur Andersen en Enron podría repetirse hoy”. ¿Qué pasó hace casi 8 años? Pues muy sencillo, Enron era un importante cliente de Arthur Andersen, al que además de auditarles las cuentas y certificar su veracidad y cumplimiento de normativa contable, le vendía servicios de consultoría. En concreto, en el año 2000, la factura que Arthur Andersen paso a Enron por servicios de consultoría ascendía a 27 millones de dólares, superior a los 25 millones de servicios de auditoría. Con semejante cliente, ¿quien se va a atrever a decir que las cuentas están manipuladas? Cuando estaba a punto de descubrirse el fraude Arthur Andersen empezó a destruir documentación que le pudiera comprometer. Los inversores financieros empezaron a dudar de los informes auditados por Arthur Andersen, por lo que las empresas empezaron a buscarse otras auditoras. El miedo cundió. La falta de confianza que se generó hacia las actividades de Arthur Andersen hizo que sus clientes huyeran masivamente a otras auditoras, y este fue el fin de Arthur Andersen.

¿Era razonable que esto pasara? A un cliente que te está pagando en un año más de 50 millones de dólares, no va a ser para certificar que las cosas las está haciendo mal. Harás lo que el cliente te diga. Expertos estudiosos del tema fueron llamados al congreso de los Estados Unidos para dar su versión de las causas y proponer soluciones para que este problema no se volviera a presentar

La conclusión principal fue que la falta de independencia entre las auditoras y sus clientes creaba unos conflictos de intereses que habría que intentar que no se repitieran. Sus recomendaciones, entre otras, fueron:

  • Las auditoras deberían proporcionar solamente servicios de auditoría y no de consultoría
  • Los contratos de auditoría deberían ser de una duración fija, no prorrogable y mientras dura el contrato la empresa cliente no podría despedir a la auditora.
  • Prohibir a las empresas contratar “accountants” que hubieran realizado anteriormente actividades de auditoría para la empresa.

Si se hubieran seguido estas recomendaciones quizá se hubiera logrado una mayor independencia entre auditoras y empresas auditadas. Ninguna de estas medidas fue aprobada por el congreso de los Estados Unidos. ¿Habrá más sorpresas?

A %d blogueros les gusta esto: