Están saliendo a la luz pública en España numerosos casos en los que personas que ocupan puestos de servicio público -políticos- están utilizando su puesto en beneficio propio en detrimento de los ciudadanos. No juzgo la veracidad de esas noticias. Unas lo serán más y otras menos, pero están causando gran indignación en este país.
Para remediarlo se habla de una ley de transparencia y unas cuantas medidas legales más. Todo este tipo de medidas y controles me parecen necesarios, pero no pensemos que así se va a arreglar el problema. Ya lo dice el refrán: hecha la ley, hecha la trampa. No en vano la novela picaresca es un género específico de la literatura española.
¿Cómo se puede atajar pues el problema de la corrupción? El único modo es la autodisciplina. No hay leyes que combatan la picaresca. O individual y colectivamente cada uno se compromete a ser honrado o el problema seguirá existiendo. Si la única razón que tengo para no hacer un beneficio ilícito son las penas que pueden acarrear, malo. La única razón válida para no hacer un beneficio ilícito es «que no se debe hacer».
Si no, ya podemos poner leyes y normas, que no harán más que agudizar el ingenio del defraudador y asfixiar al pobre ciudadano honrado. Me parece que existen demasiadas leyes. Para avanzar en el camino de la responsabilidad personal hacia la sociedad es necesario mejorar la educación de las nuevas generaciones. Sobre las líneas generales de como debe ser esa educación, quizá hable la semana que viene o la siguiente. Hasta el jueves que viene.
