Hablaba la semana pasada de la diferencia entre poder y autoridad. El poder, decíamos, es la capacidad de una persona en conseguir que otros hagan lo que él quiere via premios y castigos, mientras que la autoridad es la capacidad de una persona de conseguir que otros hagan algo por la convicción que tienen de que lo que se les está mandando es lo que hay que hacer. Esta convicción procede de la confianza que inspira este jefe en su gente. El poder te lo da el cargo que ocupas, la autoridad te la conceden los demás.
Voy a hablar en el mensaje de hoy de qué puede hacer un directivo para llegar a tener autoridad. Tres son las palancas que puede utilizar. La primera es mostrar a su gente, cuando manda algo, el valor real de eso que está mandando. La utilidad que tiene para el bien de otros. Esta primera condición es incompatible con mandar para conseguir un beneficio propio a costa de los demás.
La segunda palanca que puede mover es no poner inconvenientes para que su gente actúe pensando en el servicio que hace a los demás. Esta segunda condición es incompatible con ofrecer incentivos económicos basados en resultados sin importar como se consiguen estos resultados. Es el caso de un banco que prima al personal de sus oficinas en función del montante de las hipotecas que vende. Este banco está incentivando dar la mayor hipoteca posible sin tener en cuenta si el cliente la podrá pagar en el futuro. Esta práctica ha sido parcialmente causante de la crisis de hace 10 años iniciada en Estados Unidos con las hipotecas sub-prime.
La tercera palanca es la ejemplaridad. Un directivo para generar confianza y autoridad, ha de ser ejemplar en sus actuaciones. Sus actuaciones han de reflejar servicio a los demás. Espero que os sean útiles estas reflexiones. La semana que viene abordaré el tema de cómo se pierde la autoridad. Hasta entonces. Y de momento fichando en la empresa
