Comentaba la semana pasada que por mucha reglamentación que se aprobara, los problemas de corrupción no se solucionarían si no había autodisciplina. También apuntaba que esta autodisciplina no se conseguiría sin educación. Y es de esto de lo que me propongo hablar en el mensaje de esta semana.
Es evidente que durante la etapa de estudios los jóvenes tienen que estudiar matémáticas, lengua e idiomas, geográfía, historia y unas cuantas cosas más. Pero esto no es suficiente. Todas estas materias dan información y conocimientos. Pero la educación es algo más. Educar es enseñar a utilizar todos estos conocimientos para enfocar la propia vida adecuadamente. En definitiva, educar es enseñar a ejercer la libertad.
Uno puede aprender contabilidad y puede usar sus conocimientos para prestar servicios a las empresas o para conseguir defraudar y evadir impuestos. También uno puede adquirir formación profesional en mecánica. Formación que que puede utilizar para arreglar artilugios y así ganarse la vida honradamente, o descerrajando puertas y atracando pisos. Ya se ve que la sola formación no es suficiente. Hace falta algo más.
Y entramos aquí en el asunto más problemático: ¿en qué consiste enfocar la propia vida adecuadamente? ¿Cómo sabemos que estamos utilizando correctamente los conocimientos adquiridos? La cuestión no es baladí pues en función de cómo la contestemos seremos profesionales honrados o delincuentes (aunque sea de guante blanco, que son los que más indignan; recordad el mensaje de la semana pasada).
Hace falta educar en unos principios morales que respeten la dignidad de la persona, y en primer lugar la dignidad de uno mismo ¿Cuáles son esos principios morales? Evidentemente no son lo que escoja la mayoría. Las mayorías son facilmente manipulables por los medios de comunicación y grupos de presión con intereses. Hubo una época que la mayoría estaba de acuerdo con la esclavitud, y evidentemente es inaceptable. Nadie puede poseer a otra persona. Ahora se permite el aborto, pero está claro que nadie puede disponer de la vida de otro (la historia nos juzgará).
La persona puede razonar y discernir actuaciones que son contrarias a la persona humana. No es muy difícil. El problema está en que mucha gente es incapaz de despojarse de las ideologías a las que sirven y de las que se sirven. En cualquier caso siempre tendremos los 10 mandamientos que hace miles de años Dios entregó a Moises. Son de puro sentido común y han perdurado hasta hoy. De todos modos, que cada uno haga con su vida lo que quiera ¡Viva la libertad!, pero que luego no se queje si no llega a donde quería llegar o si encuentra políticos corruptos a su alrededor. Repito, educar es enseñar a ejercer la libertad.
Os recuerdo que el 9, 10 y 11 de abril damos en el IESE un curso intensivo sobre toma de decisiones. Os dejo un video donde se explica de qué va el curso. Hasta el jueves que viene.
