Me explicó un amigo hace tiempo la razón por la que se desprendió de la segunda casa que tenía en un lugar en el Pirineo catalán, en la Cerdanya, donde frecuentemente pasaba fines de semana. Ya tiene a los hijos mayores y comentaba un día con su mujer:»Tenemos que ir a la Cerdanya a revisar….» Me decía que en ese momento los dos se percataron que tenían que vender la casa. Se dijeron los dos «¿Tenemos que ir…?». Se dieron cuenta que esa casa empezaba a esclavizarles y fueron tajantes: la vendieron.
Muchas veces nos esclavizamos con obligaciones innecesarias que nos auto-imponemos por no se sabe qué razones. A nivel familiar esto a veces hace que a los niños se les asfixie con un exhaustivo programa de actividades extraescolares: música, ballet, baloncesto. Quizá más ratos de convivencia familiar sean más formativos.
Me parece que una de las razones del estrés en que se encuentra mucha gente es el querer abarcar muchas cosas que nos auto-imponemos como obligaciones que realmente no son necesarias. Ni siquiera convenientes. Quizá para no sentirnos inferiores cuando nos comparamos con los demás nos obligamos a hacer cosas que nos parecen imprescindibles y de las que realmente se puede prescindir.
Cuántas insatisfacciones subjetivas y sin base real genera el compararse con los demás. No te compares y vivirás más feliz. No es necesario tener una segunda casa, vacaciones exóticas, clases de piano y de ballet… Conversaciones con buenos amigos producen satisfacciones, son low cost y no estresan. Consejo: no te compares con los demás. Serás mucho más feliz. Hasta el jueves que viene.
