Gracias a una participante de un programa en el IESE a la que estoy dando clase actualmente, he sabido que hoy es el día mundial de la calidad, y que toda esta semana es la semana europea de la calidad, y que el slogan para este año es “Quality for Results”
La calidad tiene mucho que ver con el aprendizaje. Hace décadas, cuando yo era joven las cosas se rompían, y si se rompían te fastidiabas y poco más podías hacer. Cada vez más los consumidores (poco me gusta esta palabra, mejor sería decir “las personas cuando utilizamos cosas”) somos más exigentes y pedimos que lo que compramos esté bien hecho y no se rompa.
Lo que en su día, la calidad, era un atributo que se valoraba en un producto, ahora se da por descontado. Y esta carrera no ha terminado ni terminará nunca, siempre se pueden hacer las cosas mejor. Siempre hay cabida para el aprendizaje. Pero para que en una empresa se aprenda a hacer las cosas cada vez mejor, la empresa tiene que proponérselo. No se aprende por casualidad. Se aprende cuando uno de los objetivos que se persiguen es aprender. Esto parece una perogrullada, pero no lo es. Cuando el objetivo es sacar el máximo beneficio económico cuanto antes, se está poco dispuesto a asumir los costes que suponen el aprendizaje.
Hay un modo muy sencillo de mejorar la calidad de las cosas. También parecerá una perogrullada pero no lo es. Consiste en trabajar bien. Si todos nos esforzáramos por hacer bien nuestro trabajo, todo sería de mejor calidad. Pero aún hay un efecto mucho más potente que este: el que se esfuerza por trabajar bien, crece como profesional y como persona, y este es un objetivo que todos deberíamos tener, sea cual sea nuestro trabajo.
Hasta el jueves que viene que os escribiré desde Hong Kong
