Un antiguo alumno que lee frecuentemente este blog me envió hace unos días un artículo referente a la gran dimisión o el gran abandono. Parece que, más en Estados Unidos, pero también en Europa y en España, está habiendo una ola de abandonos del lugar de trabajo. La gente harta de lo que está haciendo está yéndose de su empresa en proporciones superiores a tiempos anteriores.
El artículo de este antiguo alumno citaba una investigación publicada en la Harvard Business Review en la que, encuestados unos 13.000 empleados de muy diversas empresas, la razón de este gran abandono es el trato que reciben los empleados por parte de sus jefes. Parece que la gente está harta de cómo se les está tratando.
Pero la investigación decía algo mucho más interesante. Estaban abandonando sus puestos de trabajo las personas que podían permitirse el lujo de hacerlo, porque por su cualificación profesional pronto podían encontrar otro trabajo o por cualquier otra razón. Pero ¿Qué pasa con la inmensa mayoría que no tienen alternativa y tienen que seguir en sus puestos de trabajo? El artículo dice que esta gente, decepcionada con sus jefes, lo que hacen es cumplir lo justo para que no les despidan y nada más. Compromiso nulo con la empresa fruto de la falta de compromiso de la dirección de la empresa con sus empleados.
Con esta actitud en los empleados, la mediocridad de la empresa esta garantizada. Muchas veces los jefes se plantean ¿Qué pasa con mi gente que no están motivados? Pues muy sencillo que no los estás tratando con la dignidad que merecen, y ellos acaban correspondiendo.
Qué diferencia este tipo de empresas con aquellas en los que la gente está dispuesta a hacer lo que haga falta para que la empresa vaya bien. Esto es lo que marca la diferencia entre las buenas empresas y las mediocres, y no el mayor o menor acierto estratégico. El compromiso de la gente. Hasta el jueves que viene.
