Hay un error en la toma de decisiones en el que caemos muy fácilmente. Cuando hemos tomado una decisión y las cosas no han salido como esperábamos, en vez de corregir y cambiar la decisión nos autoengañamos muy fácilmente y mantenemos nuestra decisión. Reconocer que nos hemos equivocado nos fastidia mucho y preferimos pensar en un montón de excusas.
A veces pensamos que es demasiado pronto para evaluar la decisión, que hay que dejar pasar el tiempo y que cuando las cosas se sedimenten se verá que se ha hecho lo correcto. A veces se piensa que no se han dedicado suficientes recursos, que si se hubieran dedicado la cosa hubiera salido mejor. En este caso incluso se invierten más recursos en algo que es notoriamente fallido.
Otras veces se piensa que no hay otra alternativa. Que es lo único que se puede hacer. Es un autoengaño. Normalmente las hay. También que se había puesto tanto empeño en llevar a cabo la decisión que echarse para atrás es sufrir mucho desprestigio. En fin, todo menos reconocer que la decisión fue un fracaso.
Cuando algo ha salido mal lo mejor es reconocerlo y empezar de nuevo alguna otra cosa. Evitaremos así seguir metiendo la pata ante algo que no tiene mucho futuro. Dejarnos aconsejar por personas que nos conozcan, que conozcan la situación y puedan hacer un juicio más objetivo. Como decía Peter Drucker, cuando estamos en un hoyo y queremos salir lo mejor es dejar de cavar. Espero que estos consejos os sean utiles. Hasta el próximo jueves.
