Ha caído en mis manos un libro que me parece excelente. Se titula “Diálogos con Luis Manuel Calleja” LuisMa es, sobre todo, un buen amigo mío, que además fue profesor en diversas escuelas de negocios, entre ellas en el IESE. Falleció en verano del 2020 y a título póstumo se ha editado un libro en forma de conversaciones que tuvo con el también buen amigo mío Pablo Regent. Voy a comentar en el mensaje de esta semana una frase breve, pero de gran contenido: “La prudencia dictará cuando saltarse una norma para conseguir lo que busca la norma”.
Para dirigir una organización es necesario establecer unas reglas de funcionamiento, no se pueden hacer las cosas a salto de mata conforme van surgiendo. Esto tiene el peligro de aferrarse a las reglas y no salirse de ellas.
Las reglas se establecen para el funcionamiento habitual. Pero hay situaciones que requieren saltarse las reglas. Ser buen gobernante requiere saber cuando es razonable saltarse una regla y cuando no. Si siempre hubiera que cumplir todas las reglas de manera indefectible, no sería necesario dirigir una organización. Bastaría consultar a un ordenador qué dice la regla en cada situación. Ser persona de criterio es saber cuando hay que saltarse los criterios.
Esto trae un perfil de directivo que es especialmente pernicioso en las organizaciones. Los directivos que hacen cumplir siempre las reglas aunque la prudencia y la razón aconsejen que en un determinado momento no se aplique una de ellas. El argumento que aplican es contundente: “si no, para qué está la regla”. Ante este argumento no hay nada que hacer. Su función es la de controlar que todo se cumple impidiendo la flexibilidad y la creatividad, y ahogando la organización con un control asfixiante. Estoy seguro que conocéis directivos de este tipo.
Seguiré comentando ideas del libro de Calleja en próximos posts. Hasta el jueves que viene.
