Las organizaciones necesitan establecer procedimientos para resolver los asuntos que se presentan de modo ordinario. Sería agotador si cada vez que se presenta un asunto hubiera que pensar cómo resolverlo. Para eso están los procedimientos. Pero uno no puede ser esclavo de los procedimientos. Como decía mi buen amigo LuisMa Calleja, la prudencia dirá cuando hay que saltarse los procedimientos para conseguir lo que se pretendía con el procedimiento. Cuando una situación es similar a las anteriores, pero presenta algo que la hace ligeramente diferente, puede ser razonable no aplicar el procedimiento.
Procedimientos tiene que haber porque si no la cosa acaba como el ejército de Pancho Villa. Pero las organizaciones que se aferran a los procedimientos sin saltárselos cuando es razonable acaban convirtiéndose en burocracias, y las burocracias son muy poco eficaces porque se olvidan de los objetivos que persiguen y acaban rendidas al procedimiento.
Los burócratas argumentarán ¿pues para que tener procedimientos si al final nos los saltamos? No, los procedimientos se siguen de modo habitual, la mayoría de las veces, pero a veces se presentan situaciones excepcionales y hay que saltárselos. Y esto es dirigir. Dirigir es dirigir excepciones. Las cosas habituales ya se sabe como tratarlas. Son habituales. Hasta el jueves que viene.
