Una de las ventajas de llevar tantos años dando clase en el IESE es que he conocido a muchas personas. Tengo muchos antiguos alumnos. Y como yo soy de los que piensan que de todo el mundo hay algo que aprender, siempre he procurado fomentar el trato con ellos para así poder aprender. Lo siento, soy muy egoísta. Las relaciones personales enriquecen. El centrarse en uno mismo empobrece y empequeñece. Saludar a antiguos alumnos cuando me los encuentro por algún lado es parte de las alegrías que da el ser profesor.
A principio de año, después de asistir a una sesión que impartí para nuestros antiguos alumnos en Madrid, se me acercó una antigua alumna y me propuso escribir un par de capítulos de un libro que ella estaba escribiendo. El asunto quedó en reposo, pero volvió a activarse a la vuelta del verano. Así pronto saldrá un libro en el que escribo un par de capítulos. Se trata las enseñanzas que se pueden extraer para la dirección de empresas a partir de 10 películas. Un capítulo por película. Cuando salga ya lo comentaré y lo publicitaré.
De las relaciones con otras personas siempre salen colaboraciones interesantes. Todos necesitamos estar continuamente formándonos para ejercer bien nuestra profesión. Una buena parte de la formación que yo he recibido procede de lo que he aprendido de mis alumnos y antiguos alumnos a lo largo de tantos años.
En resumen, consejo: busca de quien puedes aprender. No estés solo, relaciónate con la gente. Trata a la gente, quiérela. Quizá la soledad sea una de las causas que podrían explicar el deterioro de la salud mental de la que últimamente se está hablando tanto. Gente sola rodeada de muchedumbre. Hasta el jueves que viene.
