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Gestión de riesgos: la defensa también juega

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Hace años ya hablé sobre la gestión de riesgos, pero esta semana quiero retomar el tema con algunas reflexiones. Las empresas, con razón, se centran en desplegar sus estrategias y alcanzar sus objetivos. Sin embargo, no pueden descuidar la otra cara de la moneda: evitar que ocurran cosas negativas. Es como un equipo de fútbol que solo se preocupa por meter goles. ¿De qué le sirve marcar diez si le encajan once? Ha perdido el partido. Un buen equipo necesita una buena defensa. Del mismo modo, una empresa debe contar con una buena estrategia de gestión de riesgos.

Tener una estrategia de riesgos no es ser conservador, sino todo lo contrario: permite asumir riesgos con mayor seguridad. Es como los frenos en un coche: no están ahí para ir más despacio, sino para permitir que el coche pueda ir más rápido con control. O como los arneses de un escalador: gracias a ellos, puede subir paredes que nunca intentaría en escalada libre.

Las empresas pueden funcionar muy bien durante años, pero basta un error importante o un suceso inesperado para que todo se tambalee. Porque las empresas quiebran. La probabilidad de que algo grave ocurra en los próximos seis meses es pequeña, pero si miramos a diez años vista, esa probabilidad se dispara. Es cuestión de tiempo. Y, por tanto, hay que estar preparados. El problema es que protegerse contra los riesgos tiene un coste inmediato y cierto, mientras que el beneficio es futuro e incierto. No sabemos si el riesgo se materializará o no. Esto lleva a muchas empresas a no tomarse los riesgos con la seriedad que deberían.

Lo mismo ocurre en la vida personal. También nosotros enfrentamos adversidades y debemos estar preparados. Hasta el jueves que viene.

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