Icono del sitio Toma de Decisiones Miguel A. Ariño

El enemigo oculto de las buenas decisiones: la costumbre

A veces queremos conseguir algo, o resolver un problema, y hacemos algo, tomamos una decisión, con lo que esperamos conseguir lo que pretendíamos. Muchas veces lo que hacemos es lo primero que se nos ocurre, y así terminamos con el asunto.

Pero no hay ninguna razón por la que la primera opción que se nos ocurra sea la mejor, y sin embargo la llevamos a cabo y así nos quitamos el problema de encima. Pero si pensáramos un poco se quizá se nos podrían ocurrir alternativas mejores.

Un método para diseñar alternativas distintas de la primera que se nos ocurre es imaginarnos, que ese plan que se nos ha ocurrido no se pueda llevar a cabo. Entonces ¿Qué haríamos? Y ponernos a pensar ideas. Tengo un amigo que, por comodidad, siempre pasa las vacaciones en el mismo sitio. Así no tiene que pensar qué hacer en vacaciones. Un buen consejo a ese amigo, que ya se lo he dado, es suponer que este año no va a poder ir a ese sitio ¿Qué harías en vacaciones? Y ponerse a pensar. No me dedico a dar consejos a la gente. Y si me los piden nunca doy consejos, hago reflexiones en voz alta por si les ayudan. Pero este es un tan buen amigo que me atreví a proponérselo.

Otra cosa que nos puede suceder a veces cuando queremos conseguir algo es que dudamos entre hacer A o hacer B. Podríamos preguntarnos ¿por qué no intentar hacer A y B a la vez? ¿por qué no plantearse ir a pasar el verano donde siempre se ha ido y reservarse unos días para un plan de veraneo diferente?

A veces somos nosotros mismos que nos imponemos restricciones innecesarias porque nos encasillamos en unos modos de hacer y nos falta imaginación para pensar otras cosas. Espero que las reflexiones de esta semana te sean útiles y hasta el jueves que viene.

Salir de la versión móvil