Hablaba la semana pasada de la necesidad de generar alternativas para resolver los problemas que se nos plantean. Dado que nuestra aversión a que las cosas nos salgan mal es muy superior a nuestro interés de que nos salgan bien, muchas veces vamos sobre seguro. No queremos arriesgar. Preferimos solucionar las cosas de un modo que ya conocemos y no ariesgarnos a probar un nuevo modo. Este nuevo modo, aunque podría solucionar mucho mejor nuestro problema, también tiene la posibildad de que fracase. y a eso le tenemos mucho miedo.
Pero con esta actitud no aprendemos. No conseguimos hacer las cosas cada vez mejor. y si eso se prolonga en el tiempo acabamos siendo obsoletos. Por eso hay que hacer pruebas que nos permitan verificar si hay modos de hacer mejor las cosas. Es el proceso de la innovación. Primero hay que imaginar posibles modos mejores de hacer las cosas y después experimentar. Como ya decía en algún mensaje anterior los experimentos tienen que ser controlados, es decir que si sale mal lo que pretendíamos, el coste para la empresa sea asumible. Deben también generar aprendizaje para no volver arepetirlo si sale mal, o para incorporarlo y mejorarlo si sale bien.
No nos gusta el riesgo y por tanto preferimos hacer las cosas como las hemos hecho siempre. Es más seguro. Pero también nos impide mejorar. Hasta el jueves que viene, que quizá hable de dragones. No lo sé todavía.
