Cuando uno tiene un accidente en bici, sin que intervenga otro vehículo, como mucho puede salir con un brazo o una pierna rota. Si el accidente es en coche puede haber algún muerto. Si es en autobús, los muertos pueden ser una o dos decenas, pero si el accidente es en tren o en avión puede haber centenares de muertos.
¿A qué viene toda esta introducción? Pues a llamar la atención de la gran responsabilidad que tienen los directivos. Cuanto mayor sea la organización que dirigen mayor responsabilidad. Si uno dirige una empresa de diez trabajadores, y la cosa funciona mal. Afectará como mucho a esos diez trabajadores, sus familias y a unos cuantos proveedores y clientes. Pero cuanto mayor sea la organización que se dirige mayor impacto tienen tanto los aciertos como los errores, por lo que hay que tener mucho más cuidado. No es lo mismo ir en bicicleta que pilotar un avión.
A veces da la impresión que algunos directivos se jactan de lo importantes que son por el tamaño de la empresa que dirigen. Yo creo que el tamaño más que sensación de importancia les debería infundir temor. Cuando uno se cree importante, fácilmente esa supuesta importancia se le sube a la cabeza, se creen invulnerables y asumen unos riesgos que luego pasan facturas (normalmente a otras personas). Suficientes ejemplos de esto tenemos en la historia reciente. El directivo prudente, conoce los riesgos que está asumiendo y toma las medidas oportunas. No se deja embriagar por el poder.
Por supuesto que ha de haber directivos que asuman la responsabilidad grandes organizaciones. Pero que sean conscientes de esa responsabilidad. Que sean conscientes del gran bien que pueden hacer y de los gravísimos desastres que pueden ocasionar. Que sean conscientes que pilotan un avión cargado de vidas.
Si tú eres responsable de una organización o departamento de dimensiones moderadas, piensa que también los accidentes de moto o de coche pueden tener graves consecuencias. Dirigir no es fácil. Hasta el jueves que viene.
