Uno de los modos más estúpidos de engañarnos cuando una cosa no nos gusta es negarla. Decir que no eso es así. Cómo si por un decreto nuestro esa cosa dejara de ser como es. ¿A qué viene esto? Pues a unas declaraciones de un político español esta semana: “Si hay elecciones el día de navidad la culpa la tendrá fulanito”.
Mire usted, si hay elecciones el día de navidad, es irrelevante de quien sea la culpa. Lo relevante es cómo va a afectar este hecho a su partido. No porque usted achaque la culpa a su oponente, este va a ser el culpable y este va a ser castigado en las urnas.
Más inteligente es intentar atisbar cual va ser el impacto en las urnas de unas eventuales terceras elecciones en España, y prepararse para obtener los mejores resultados posibles. No por pensar que la culpa es de nuestro oponente, este va a salir mal parado. Esto es confundir los deseos con la realidad, uno de los peores errores en la toma de decisiones que puede cometer un directivo. Esto es esconder la cabeza debajo del ala y ver así solo la realidad que queremos ver.
No señores. La realidad es la que es, nos guste o no. Lo que hay que hacer es saber captarla para aprovecharla si es favorable y prepararnos si es adversa. Pero nunca negarla. Hasta el jueves que viene.
