
Esto me recordó a una conversación que tuve hace años con una amiga de mi familia. Me hablaba de su jefe, persona a quien yo también conocía. Y me lo describía como una persona poco natural, con una actitud postiza; que con su actitud y postura iba dejando claro por donde pasaba que él era el jefe.
Este tipo de actitudes en las personas que mandan no les hace ningún bien. No inspiran confianza en su gente. La gente les evita. Esta falta de contacto con la gente por la barrera artificial que ponen hace que pierdan contacto con la realidad y que no se acaben enterando de lo que pasa a su alrededor.
Recomiendo a los jefes que sean cercanos; que se muestren naturales, que estén distendidos. Verán como fácilmente la gente empieza a tener confianza en ellos. También le recomiendo a un jefe algo fundamental: que sea predictible, que la gente sepa cómo va a reaccionar en las distintas situaciones en que se pueda encontrar. No hay nada más devastador para la relación con un jefe, que un día este se muestre simpático ante una situación, y otro día ante una situación similar ponga cara de pocos amigos. La gente no sabe a qué atenerse. No sabe cuáles son las reglas del juego. Siempre están cambiando.
Yo tengo una manera de detectar si una persona que se muestra muy importante realmente es muy importante o no. Le pregunto si va todos los días al cuarto de baño. Si me dice que sí, que se le bajen los humos es un vulgar cualquiera. Hasta el jueves que viene.