Cuenta la leyenda que un alto directivo de una de las tres empresas automovilísticas más importantes de Estados Unidos, no recuerdo cual, si General Motors, Ford o Chrysler, se presentó en una de las factorías de la empresa conduciendo un lujoso coche alemán. Tampoco recuerdo cual. Resulta que en esa factoría se estaba llevando acabo un ajuste de plantilla y se estaba despidiendo a un montón de operarios. Ya os podéis imaginar la violenta reacción de estos al ver de donde era el coche que conducía el jefe.
En otro mensaje de hace dos o tres años comentaba también cómo el consejero delegado de American Airlines tuvo que dimitir en la década pasada, dos días después de que se supiese que el equipo de los seis principales directivos de la empresa se había otorgado un bonus especial y simultáneamente habían exigido a los auxiliares de vuelo un recorte de salario para poder capear las dificultades que atravesaba la compañía.
Todo esto viene a cuento de un titular que leí hace unos días en no sé qué periódico. Decía “Los directivos de las mejores empresas se enorgullecen de tener los salarios más bajos de su sector”. Y es que este es un distintivo de buena dirección. Que no haya una gran disparidad de sueldos entre el máximo directivo y los salarios medios de sus empleados.
Cuando lo que cobra un alto directivo es desmesuradamente superior a lo que cobran sus empleados, esto desanima mucho. Se manda una señal muy clara a los empleados. Cuando la gente percibe que no son valorados su interés por la compañía baja radicalmente. Cuando el sueldo es más moderado también está mandando a su gente un mensaje muy elocuente.
No estoy en contra de que los altos directivos tengan un buen sueldo, pero que sea proporcionado. Esto es ejemplaridad.
