Siempre he creído que uno de los mejores recursos con los que nos ha dotado Dios a todos y cada uno (me niego a usar el uno/una, me parece una estupidez) es el tiempo. Además, a todos nos ha dado la misma cantidad: veinticuatro horas cada día. Qué uso hacemos de este tiempo es responsabilidad de cada uno.
Cuando uno dice que no tiene tiempo para hacer algo, lo que realmente está diciendo es que, en su escala de prioridades, ese algo no ocupa un lugar suficientemente importante. Porque tiempo se tiene, veinticuatro horas cada día.
Aprovechar el tiempo no significa estar obsesionado por hacer algo importante en cada momento, ni dedicar el menor tiempo posible en hacer cada cosa para poder hacer más cosas. Eso es activismo, nerviosismo e impaciencia. Aprovechar el tiempo es estar haciendo en cada momento lo que se debe hacer, y hacerlo bien. Ya sea atender un asunto profesional, descansar, o atender con paciencia a un hijo pequeño que requiere algo.
Dos consideraciones. La primera es un consejo que oí hace tiempo. Cada día ten una lista de cosas que hacer y ve tachándolas una a una conforme las vayas completando. Ver cómo avanzamos en lo que tenemos que hacer anima mucho y nos hace ser más eficaces. La segunda es que tengo muy comprobado que las personas obsesionadas con sacar el máximo rendimiento de su tiempo acaban perdiendo mucho tiempo por atolondramiento y por estar continuamente manifestando lo ocupados que están.
Feliz verano y utiliza bien el tiempo. Hasta el jueves que viene.
