Ahora no está de moda, pero durante mucho tiempo las empresas estaban dirigidas bajo el principio del “ordeno y mando”. El jefe decía lo que había que hacer y los de abajo lo mejor que podían hacer era obedecer. Era un sistema que podríamos llamar dictatorial. Ahora, digo, ya no se lleva. Se habla más de organizaciones planas, de somos un equipo, de las ideas de todos son bienvenidas, etc.
Yo por lo que observo, eso es más bien el discurso, porque al final sigue habiendo el jefe que manda y los que obedecen. Aunque el discurso sea el de “somos un equipo” la realidad es que la dictadura sigue presente en muchas empresas. Eso sí, a veces dulcificada.
En toda dictadura, además del dictador, hay colaboradores, disidentes y verdugos. Los colaboradores son todos los que apoyan lo que dice el dictador. Suelen tener poca personalidad y pocas ideas propias. Diga lo que diga el jefe lo van a apoyar. Luego están los disidentes. Son personas que piensan y se dan cuenta que a veces lo que se está haciendo es algo incoherente, algo que puede ser beneficioso a corto plazo, pero dañino a medio y largo plazo. Suelen ser personas molestas en a organización. Y finalmente están los verdugos, que son los que ejecutan. Los que hacen el trabajo sucio.
Directivo, escucha a los disidentes que seguramente tienen mucho que aportar. Pero ojo, no cometas el error de escucharles para hacerles pensar que se les tiene en cuenta, cuando ya tienes pensado lo que hay que hacer y no vas a cambiar. Recuerda que el disidente no es tonto. Por algo es disidente. Recordar a Aleksandr Solzhenitsyn o Andréi Sájarov. No tenían un pelo de tontos. Hasta el jueves que viene.
