Comentaba la semana pasada una de las cualidades que distinguen a los directivos maduros de los inmaduros. Esta semana voy a por otra. Hay personas que confunden los deseos con la realidad. Deseo que una cosa pase y eso me lleva a pensar que va a pasar. Se me ha ocurrido el mensaje de esta semana leer un titular en la prensa que dice «El presidente (del gobierno) promete a las compañías extranjeras “certidumbre, convivencia y paz social”». Como si estuviera en su mano conseguir eso.
Eso que promete nuestro presidente es un deseo que tiene, pero el que haya “certidumbre convivencia y paz social” ya no depende de él ¿Cómo lo puede asegurar? Ciertamente puede influir algo, pero solo algo y quizá no mucho. Los inmaduros piensan que lo que desean que pase va a pasar. Esconden la cabaza a la realidad y prefieren vivir en el mundo que sueñan.
Además, cuando uno tiene que prometer algo es porque hay dudas de aquello que promete y por tanto, tiene que insistir en que va a pasar. De ahí que podamos pensar que se avecinan tiempos de incertidumbre, problemas de convivencia y cierto agitamiento social. Sea lo que sea, abogo por infundir paz en nuestro entorno. Por no echar leña al fuego en los habituales conflictos en los que nos enfrentemos día a día. Seamos personas pacificadoras.
Os dejo un video de mi intervención el pasado mes en el congreso anual de la abogacía de Málaga. Hasta el jueves que viene.
