Hablaba la semana pasada de la importancia de la confianza para la buena marcha de las organizaciones. También anunciaba que profundizaría un poco más sobe este tema en el mensaje de esta semana. Y es lo que me propongo.
La confianza es una relación entre dos personas. Una persona confía en otra cuando tiene una certidumbre experimental de que cuando esta otra toma decisiones piensa en cómo le va a impactar a ella esa decisión. Y es una certidumbre experimental porque ya lo ha experimentado en otras ocasiones. Cuando entre los miembros de una organización se dan relaciones de confianza, se dice que en esa organización hay confianza mutua.
La dirección de una empresa, además de asegurar la viabilidad de la empresa a través de una buena estrategia, lo mejor que puede hacer es facilitar que en allí se desarrollen relaciones de confianza ¿Y cómo puede hacerlo? ¿Cómo conseguir que los empleados de una organización confíen en ella? Pues esto depende exclusivamente de cuáles son los valores de la dirección de esa organización. Si lo que la dirección valora son los beneficios, difícilmente conseguirá generar confianza y atraer el compromiso de los empleados.
Sólo cuando la dirección valora a las personas puede generar confianza en su gente. Y la gente calibra si son valoradas o no en función no de las declaraciones de la dirección, sino de las acciones. Directivo, además de tener una buena estrategia piensa en tu gente, así conseguirás comprometerlas con tu empresa. Si simplemente las utilizas como instrumentos necesarios para llevar a cabo la estrategia, lo vas a tener muy difícil. Hasta el jueves que viene. Pongo como la semana pasada algunos enlaces a otras entradas del blog que tratan este tema.
