«He aprobado; me han suspendido». En cosas que nos afectan solemos tener una percepción subjetiva de la realidad sistemáticamente sesgada, y habitualmente a favor nuestro. Vemos las cosas, no como son, sino como nos gustaría que fueran. Y nos acabamos creyendo que son así. Solemos decir «me han puesto una multa», pero rara vez decimos «he cometido una infracción». Cuando en clase preguntamos por escrito si uno se considera mejor o peor conductor que la media, el 80% responden que mejores.
En otros mensajes ya he comentado que conocer la realidad es indispensable para tomar buenas decisiones. Cuando algo sale mal hay una tendencia a echar la culpa a los demás, y nos resistimos a reconocer que podemos ser nosotros los culpables. Ha sucedido con la crisis de los pepinos blancos. Ante unas muertes inexplicables era más cómodo echar la culpa a los pepinos españoles que reconocer un problema interno.
Cuando algo sale mal, una buena práctica es empezar haciendo la hipótesis de que a lo mejor tenemos nosotros la culpa. Muchas veces no seremos los responsables, pero quizá otras sí. Debemos estar abiertos a reconocer que hemos podido hacer algo mal. Saldremos mucho más fortalecidos en nuestra actividad directiva. Es muy fácil echar la culpa al profesor de un suspenso y es más difícil reconocer que no hemos estudiado. Hasta la semana que viene.
