Icono del sitio Toma de Decisiones Miguel A. Ariño

Reivindico el derecho a equivocarme

equivocarse

Tener que hacer las cosas bien siempre y a la primera es algo estresante. Las cosas hay que intentar hacerlas bien, pero reconociendo que no somos perfectos y que a veces nos podemos equivocar. Esto me lleva a tres consideraciones:

Primero. Tenemos que aprender a convivir con el error. Pretender no equivocarnos nunca es una fuente de frustraciones y motivo de vivir amargados. Tenemos que intentar hacer las cosas lo mejor que podamos pero no dar excesiva importancia si no nos salen como pretendíamos. Se rectifica y se vuelve a empezar. Además a veces nos salen las cosas mal pero no por nuestra culpa. Hacernos responsables de cosas que no dependen de nosotros es vivir en continua tensión.

Segundo. Debemos ser indulgentes con los errores de los demás. Especialmente  si son subordinados nuestros. Trabajar con un jefe perfeccionista y que no tolera el error es angustioso. Mucha gente trabajaría mucho más a gusto y mejor si tuviera un jefe algo más comprensivo. ¡Qué buen vasallo si tuviera buen señor! se lamentaba el Cid. Al hablar de jefe comprensivo no quiero decir que le dé lo mismo que su gente trabaje bien o mal. Hay que exigir que se trabaje bien. Pero a la vez hay que comprender que a veces se cometan fallos, o que por cualquier otra razón las cosas no salgan como estaba previsto.

Tercero. Hemos de intentar aprender de los errores. No podemos estar hacendo las cosas mal y que no nos importe. Hay que ser buenos profesionales. Nosotros debemos ser los primeros en exigirnos, pero sabiendo que no siempre haremos las cosas bien a la primera. Tener que tener éxito siempre es algo estresante.

Cada vez hay más síntomas de que estamos al final del tunel. Entre otros datos, el Índice de Incertidumbre Económica que publicamos en el IESE cada mes ha bajado tremendamente en el pasado més de diciembre. Hasta el jueves que viene, que ya veré de qué hablo.

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