Como en el IESE damos clases en diversos campus, a veces me toca ir a Madrid. El otro día en el aeropuerto de Barajas, volviendo a Barcelona desde Madrid, había una cola muy pequeña para pasar el detector de metales. A pesar de eso había que hacer un largo recorrido en zig-zag, de idas y vueltas pata llegar al detector. Los corredores por los que había que pasar, como les que ilustra la foto del este mensaje estaban prácticamente vacíos. Sugerí a la persona que estaba a cargo del orden allí, que abriera alguna cinta y no nos hiciera hacer todo el recorrido de idas y vueltas. Ya digo, había muy poca cola. La tal persona se negó.
Qué oportunidad perdida para hacer de su trabajo un servicio. Para facilitar a la gente la vida. Poco le costaba desenganchar alguna cinta y acortarnos el recorrido. Pues no. Le insistí amablemente en que dado que no había casi gente nos facilitara el acceso al detector. Se mantuvo firme en su negativa.
En nuestra actividad profesional, la que sea, constantemente solemos tener oportunidades de facilitar o de complicar la vida a los que nos rodean. Ya sean compañeros de trabajo, usuarios de nuestros servicios, alumnos, clientes, proveedores o quien sea. Si además acompañamos nuestra acción con una sonrisa generaremos un ambiente muy afable a nuestro alrededor. También, si ante cualquier persona con a que interactuamos tenemos un gesto de agradecimiento haremos más agradable la vida a los demás.
A poco que pensemos podemos muy fácilmente influir, para bien y para mal, en nuestro ambiente de trabajo y en la gente con la que tratamos. No pensemos en grandes favores. Basta con pequeños detalles de servicio, que más que el servicio que hacen, muestran que nos importa la persona con la que tratamos. Podemos influir mucho. Hasta el jueves que viene.
