Hay empresas y organizaciones que miran lo que hacen sus competidores en su sector y tratan de imitarlos. Sobre todo, si estos competidores son empresas líderes. A mi me parece que esto es una falta de personalidad que conduce a la mediocridad. Si uno hace lo que hacen los demás no podrá sobresalir, estará en la media, que es lo mismo que estar en la mediocridad.
Las empresas tienen que definir sus estrategias. Una vez fijado el sector en el que están, tienen que decidir que necesidad de qué clientes quieren satisfacer, y cómo van a hacerlo, y generar una estrategia propia, desarrollando su competencia distintiva. La competencia distintiva de una empresa es aquello que la empresa sabe hacer especialmente bien, y que la distingue de las demás. La competencia distintiva no es una cosa que surge de un día para otro, sino que es fruto del esfuerzo constante de mejorar en una serie de dimensiones.
Es importante que una empresa centre su estrategia en sus fortalezas, en lo que es su competencia distintiva. Las organizaciones que se esfuerzan en combatir sus debilidades acaban desenfocadas y sin un modo genuino de hacerlas cosas. Cualquier empresa de éxito se apoya en sus puntos fuertes y no en intentar convertir sus puntos débiles en fortalezas. Cosa distinta es intentar que las debilidades no hagan descarrilar nuestra estrategia. Las debilidades hay que neutralizarlas, pero no intentar hacer de ellas fortalezas.
Pero volviendo a la personalidad de las empresas, el hecho de seguir la propia estrategia y no tratar de imitar a otros no significa que las empresas no tengan que mirar lo que hacen los competidores. Muchas veces pueden incorporar a su estrategia las buenas prácticas de los mejores, pero esto es muy distinto de imitar sus estrategias. La estrategia tiene que ser propia de cada empresa. Hasta el jueves que viene y feliz vuelta de vacaciones.
