El arte de esquivar la responsabilidad

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Resolver problemas es la función básica de un equipo directivo. Cuando no se sabe o no se quiere asumir esa responsabilidad, la alternativa habitual es marear la perdiz señalando problemas reales que, sin embargo, desvían el foco de lo urgente.

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El equipo directivo de una organización está, entre otras cosas, para resolver los problemas que surgen en el día a día. Y si no los sabe resolver, caben dos opciones: reconocer su incompetencia, dimitir y dar paso a otros profesionales más capaces —lo cual rara vez se hace—, o recurrir a la alternativa habitual. Esta consiste en obviar la situación real, dedicándose a apuntar hacia otros problemas e intentando despistar para mandar a un segundo plano el verdadero conflicto que no se quiere abordar.

Cuando un país se ve invadido por ciudadanos de otra nación, se puede intentar resolver la situación o, por el contrario, marear la perdiz poniendo sobre la mesa el problema del hambre en África, los terremotos en Venezuela, el cambio climático o los tifones en Filipinas. Todos ellos son, sin duda, problemas de gran calado, pero lo que toca resolver con urgencia en ese momento preciso es la invasión que se ha producido.

Las otras crisis que se aluden son ciertamente problemas reales que preocupan legítimamente a la ciudadanía. Sin embargo, su solución definitiva no depende de los responsables de la organización en cuestión en ese instante, sino que requieren complejas estrategias conjuntas y a largo plazo. Por eso mismo, resultan excusas perfectas: aluden a problemas reales y, al mismo tiempo, desvían con éxito las responsabilidades que uno no quiere asumir o no sabe cómo abordar.

Cuando se ocupa un puesto de responsabilidad hay que tomar decisiones y resolver los problemas. Si no, ¿para qué se está? Hasta el jueves que viene.

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Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.

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3 COMENTARIOS

  1. Gracias MA, ante situaciones de incompetencia o negligencia, las organizaciones tienen que tener sistemas que permitan: 1- Compensar el error, 2- Evitar que se vuelva a producir el error o negligencia. Esto es lo que ocurren en las organizaciones bien construidas, basadas en «buena gente buena».

    Cuando la organización se corrompe y está construida «al servicio del jefe» no hay posibilidad ninguna de que se produzca ni la compensación ni la evitación, sólo hay «el ordeno y mando», es decir, el miedo y la excusa. Esta corrupción puede darse en cualquier tipo de organización (gobiernos, empresas, ONG, etc…) y en ese caso la «buena gente buena» no tiene más opción que marcharse cuanto antes del ambiente tóxico o terminará corrompiéndose por acción u omisión. Todo esto, como siempre, en base a mi experiencia y mi humilde opinión. Un abrazo.

  2. Hola
    Me parece muy bien y necesario tratar asuntos ajustados a actualidad, como si fuera un «caso» de estudio.
    Dice: «Cuando se ocupa un puesto de responsabilidad hay que tomar decisiones y resolver los problemas»; ¡por supuesto!. Añado » y si se es «buena gente buena», como dice Esperanza, hay que asumir la responsabilidad por las decisiones tomadas y la ejecución de las msimas
    En mi opinión y salvando aquellas situaciones que comportan o suponen huida y abandono (no es el caso de Ceuta, que sobra gente para actuar adecuadamente), como antaño calificaban en EGB (reconoce la culpa), dimitir es cosa de gente responsable. Ese es el riego que se debe asumir al aceptar un cargo; sobre todo si es político, cuando el pedir perdón puede ser insuficiente.
    ¡Aun no conozco a nadie que no se haya equivocado alguna vez!; claro que no es lo mismo actuar por y para uno mismo que actuar por elección y cuenta de la ciudadanía. Vd. lo ha dicho: responsabilidad
    Saludos

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