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Economía circular y sostenibilidad

Es de las cosas que más se habla ahora, de sostenibilidad en la actividad empresarial, y sostenibilidad en tres dimensiones, económica, social y medioambiental. Pues la verdad es que esto me parece un gran avance. Llevábamos décadas idolatrando el dinero. Era un dogma que la finalidad de la empresa era maximizar el valor de la acción. Maximizar los beneficios. Ahora hay una creciente sensibilidad de que la empresa tiene que ocuparse de algo más que de ganar dinero.

Evidentemente una empresa tiene que preocuparse en ganar dinero. Si no acabará desapareciendo. Pero también ha de preocuparse cómo afectan sus operaciones y su actividad al conjunto de la sociedad. Tiene un impacto social positivo o negativo. Aunque antes de contestar a esto habría que ponerse de acuerdo qué es tener impacto social positivo y negativo. Pero hay que anticipar que este impacto social no puede consistir en unas cuantas inversiones o ayudas a necesitados. Es algo que tiene que estar en el centro de sus actividades. Que su actividad como tal impacte para bien, sin que tenga que hacer otras cosas extras que justifiquen su preocupación social. Aunque si las hace sean bienvenidas, pero que no sean estas cosas las que justifiquen su preocupación social.

Finalmente, las actividades de la empresa tienen que ser respetuosa con el medioambiente, y aquí entra todo lo referente a la economía circular, entre otras cosas, de las que iré hablando en sucesivos posts. Hasta el jueves que viene.

Esperanza de vida

He leído hace pocos días la noticia de que en el 2020 ha disminuido la esperanza de vida de los españoles en un año y medio con respecto al año anterior ¿Significa esto que esperamos vivir un año y medio menos de los que esperábamos vivir un año antes? Ni mucho menos. Sobre lo que es la esperanza de vida hay mucha confusión.

La “esperanza de vida al nacer” de una población en un año, es el promedio de las edades que tenían al morir las personas de esa población que murieron en ese año. Es decir, que el promedio de edad de las personas que murieron en 2020 fue un año y medio menos que el promedio de las edades de las personas que murieron en 2019.

La esperanza de vida tiene poco que ver con lo que espera uno vivir. Una persona que nace este año tiene una esperanza de vida mayor de lo que indica la “esperanza de vida”, pues para cuando le llegue la vejez dentro de muchas décadas, posiblemente la esperanza de vida haya aumentado mucho por los continuos avances de la medicina.

Resulta cómico decirle a una persona de 90 años que tiene una esperanza de vida de 84 años. La esperanza de vida a los 90 años en un año dado es el promedio de las edades que tenían los que murieron con 90 años o más durante ese año.

Con este post no quiero frivolizar ni mucho menos, sino explicar un concepto sobre el que hay mucha confusión. Mis condolencias a todos los que han perdido seres queridos en este último año por el dichoso virus. Hasta el jueves que viene.

¿No hay algunas leyes inútiles?

Leí el otro día en La Vanguardia una noticia que ponía “Prisión para dos jóvenes por robos dentro del tren”. No sé por qué, además del titular leí también el breve cuerpo de la noticia, que terminaba diciendo “…ambos detenidos cuentan con numerosos antecedentes”.

Si uno delinque una y otra vez de modo continuado ¿No debería estar en la cárcel? Si ha delinquido muchas veces y se le suelta ¿podemos extrañarnos de que vuelva a delinquir? ¿No deberían las leyes defendernos de estos peligros públicos? ¿Para qué están las leyes entonces?

Recordé entonces una noticia de hace un par de veranos sobre los delincuentes más reincidentes en Barcelona. La busqué en la prensa digital y efectivamente hablaba de los diez más activos. Los datos eran sobre el número de detenciones entre el 1 de junio y el 18 de agosto de ese verano. El récord lo ostentaba uno que había sido detenido 14 veces. Con no poco sarcasmo la noticia decía que “… a día de hoy sigue en libertad, hasta la próxima detención.” Las fechorías eran robo con violencia e intimidación. En la lista del “TOP ten”, al menos activo lo habían detenido 8 veces en esos 80 días.

¿No deberían las leyes defendernos de estos individuos? ¿No es previsible su conducta cuando están en libertad? Algún idealista que no pisa con los pies en la tierra podrá decir que los responsables de esas actitudes son la sociedad, o el sistema, o no sé que otro ente abstracto. Pues miren, no. Los responsables son los delincuentes que no respetan al resto de las personas. Seamos menos permisivos. Legíslese con eficacia. Hasta el jueves que viene.

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Pedir consejo

Ante situaciones importantes, pedir consejo sobre el modo de actuar es una elemental norma de prudencia. Pero también lo es el saber a quien pedir este consejo. No todo el mundo vale. El consejo hay que buscarlo en alguien que te aprecie. Si importas poco a la persona a la que pides consejo, poco interés tendrá en darte un buen consejo. También es importante que la persona a la que acudas sepa algo de aquello sobre lo que te aconseja.

Otra característica es que la persona a la que acudas a pedir consejo no tenga un interés particular en que actúes de una manera o de otra. Pues sino podría intentar influirte en una dirección beneficiosa para esta persona.

Es fundamental también que quien te aconseje este dispuesto a que no sigas su consejo. En caso contrario no sería un consejo sino una orden. Por eso cuando a mi acude alguien pidiendo mi parecer y consejo sobre un asunto, le digo que yo nunca doy consejos, que hago reflexiones para que se tengan más elementos para tomar una decisión, y que por supuesto, no tiene porqué hacer caso a las reflexiones que le hago.

Hay personas que por alguna razón conocen que te encuentras en una situación que tienes que decidir como actuar, y se apresuran a darte un consejo. Cuidado con estas personas. Si reúnen las características anteriores, adelante escúchalas, pero si no ojo. Recuerdo un par de situaciones, en ambas el protagonista era un jubilado que se creía en la obligación de decir a un joven en un caso y a una joven en otro, cómo actuar. Y resulta que la actividad profesional sobre la que aconsejaban era valida cuarenta años antes, pero que en ese momento todo había cambiado y de lo que estaban hablando era de reliquias dinosáuricas.

A pesar de lo dicho en el párrafo anterior, hay que valorar en mucho las reflexiones y consejos de las personas más experimentadas, que suelen ser las de más edad. Pero ojo cuando estas hablan de añoranzas. Hasta el jueves que viene.

Amabilidad, Profesionalidad y Servicio

El otro día fui a la misma relojería donde cada cuatro o cinco años me cambian la pila del reloj. Me atendió un señor que no había visto en anteriores veces. Le expliqué que el reloj se me había parado y que no creía que esta vez fuera la pila, porque la había cambiado hacía un año. Apenas lo vio me dijo que el reloj estaba estropeado. Lo cuál era una obviedad, pues por eso se lo llevaba. Le tuve que pedir si me lo podía arreglar, lo cuál debía ser innecesario, pues era evidente que para eso me acercaba a la relojería.

Lo abrió y lo manipuló durante un minuto. Minuto en el que le pregunté si la pila funcionaba y qué le pasaba al reloj. Me dijo que la pila funcionaba y que estaba mal puesta. Le dije que me la habían puesto en esa tienda a lo que él respondió con un rotundo “no”. Era cierto que me la habían puesto en esa tienda, pues es la única relojería que he pisado en los últimos 25 años.

Ante semejante personalidad preferí no aclarárselo para no empezar una innecesaria discusión. Le pregunté cuanto costaba la reparación, me dijo que 5 euros, se los pagué y me fui tras despedirme.

Mientras salía pensé, qué fácil le habría sido ser amable. Que poco hubiera hecho falta para que yo saliera contento de la tienda en vez de molesto, y sobre todo qué fácil le hubiera sido a esta persona ser un buen profesional. No dudo de su competencia como reparador de relojes, pero su trato con los clientes dejaba mucho que desear. Me dije, Miguel Angel, tú tienes que ser un buen profesional. No puedes ser como este relojero. Tienes que conocer bien los entresijos de tu actividad como profesor, y tienes que tratar a la gente con amabilidad y con actitud servicial. Algo que me recomiendo no solo a mí, sino a todos los lectores del blog. Seremos muy buenos profesionales y muy buenas personas. Hasta el jueves que viene.

Lo sabe todo, absolutamente todo

Vivimos en un mundo de incertidumbre, donde muchas cosas las sabemos, por ejemplo, cómo nos llamamos, donde vivimos, qué edad tenemos etc., pero sobre otras solo podemos tener una opinión más o menos fundada y sobre las que podemos estar abiertos a cambiar de opinión.

Es muestra de inteligencia dudar de esas cosas de las que es muy difícil estar absolutamente seguros. Aun así, hay personas que cuando piensan algo adquieren una seguridad cien por cien de que es cierto. Poco inteligentes son este tipo de personas. En primer lugar, porque esa misma seguridad les impide aprender. Si están totalmente seguros de algo ya no pueden cambiar de opinión.

Tengo un amigo, bastante inteligente, por cierto, que decía “Ya me gustaría estar seguro de algo como algunas personas lo están de todo”. Me parece que fue Unamuno al que se le atribuye la frase “Lo sabe todo, absolutamente todo. Figúrense lo tonto que es”.

Muestra de inteligencia, sensatez y prudencia es considerar que uno puede estar equivocado. Esto le posibilita buscar, confirmarse en sus opiniones o cambiarlas en función de lo que vaya encontrando. El que cree que siempre está en lo cierto, se incapacita para salir de sus errores. Yo me divierto mucho cuando me encuentro alguna persona así. Feliz Semana Santa.

Profesionalidad

Solo un vago quiere a un mal profesional como jefe. El resto queremos jefes que sean buenos profesionales. Que nos exijan, sí. Pero que cumplan. Un jefe que no cumple sus compromisos, que es injusto, es un jefe nocivo para una organización, sin importar lo técnicamente competente que pueda ser. Un jefe que no cumple genera malestar entre su gente y no hay nada peor para una organización que el que la gente allí no trabaje a gusto.

Me parece que ya lo he dicho en alguna otra ocasión. Personalmente he llegado a la conclusión de que la variable más importante que determina la rentabilidad de una empresa es la productividad del empleado. Productividad entendida como el cociente de las ventas de esa empresa dividido por el número de empleados que tiene. Y la variable que más influye en la productividad del empleado es su compromiso con la organización. Empleados comprometidos sacan adelante la organización. Empleados poco ilusionados y poco comprometidos hacen que la ejecución de la estrategia sea mediocre.

Así que, jefe, céntrate en conseguir el compromiso de tu gente. Para conseguirlo es clave la ejemplaridad. Cumplir los compromisos, no ser injusto. Pensar en tu gente. Hasta el jueves que viene.

No tengo tiempo

Hay personas que ante una propuesta dicen “no tengo tiempo”. A mi esto siempre me ha parecido una tontería. Todos disponemos de la misma cantidad de tiempo, en concreto de 24 horas cada día. Este recurso está repartido a todos por igual. Lo que están diciendo es que “no tengo tiempo para eso que me propones”, o lo que es lo mismo “eso que me propones no está entre mis prioridades”, porque las 24 horas del día las llenamos con lo que son nuestras prioridades, y lo que no cabe pues se deja sin hacer.

También hay quien dice “con todo lo que tengo que hacer necesitaría que se me alargara el día”. Otra tontería, si se nos alargara el día haríamos más cosas y siempre nos encontraríamos con falta de tiempo, aparte que el tiempo es ilimitado, hasta que nos muramos tenemos disponible una sucesión de horas una de tras de otra, así que qué significa “disponer de más tiempo”.

Yo lo que creo es que a muchos nos falta orden. Orden que nos haría aprovechar mejor el tiempo y quejarnos menos. Y ¡ojo con el estrés. Hay que saber disfrutar de momentos de relajación y no ir de cabeza todo el día. Hasta el jueves que viene.

¡Descubre tus tablas!

Esta semana voy a hablar de un libro recién salido cuya autora Sandra Camós me pidió en su día que prologara. Es ¡Descubre tus tablas! Para surfear feliz las olas de la vida. Es un libro que da una serie de consejos para saber vivir bien. Alguien puede decir que para vivir no es necesario saber vivir. Cierto, pero no todo el mundo lleva una vida buena. Hay quien acaba delincuente, drogadicto, estafador, y hay quien acaba siendo adorado por sus muchos amigos, amistades que ha ido cultivando a lo largo de la vida a base de tener presente a los demás en nuestras vidas.

En la vida nos ocurren cosas buenas y cosas menos buenas, contratiempos, dificultades, mayores o menores. Cosas que nos hacen sufrir. Muchas de las contrariedades poco podemos hacer para evitarlas. Lo que si está en nuestra mano el modo de abordarlas. Con optimismo o con pesimismo. Proactivamente o refugiándonos estérilmente en nuestra pena.

El libro, que recomiendo, contiene 62 breves capítulos, cada uno de ellos hace reflexiones y da consejos sobre como vivir una vida plena. Nos jugamos mucho en ello. Va nuestra felicidad. Los capítulos están agrupados en 4 partes: actitudes a tomar para mejorar como personas, para mejorar nuestras relaciones con los demás, en los equipos que formamos y como disfrutar de la vida. Todo un programa de vida para generar paz a nuestro alrededor, y para poco a poco construirnos una vida digna de ser vivida y de la que sentirnos orgullosos. Enhorabuena Sandra y gracias por invitarme a prologar el libro. Hasta el jueves que viene.

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Semana laboral de 4 días

Se hablaba hace unos días en España de la conveniencia de tener una semana laboral de 4 días. Es lo que proponían algunos políticos. Mi opinión al respecto es que la prosperidad de un país depende en buena medida del trabajo de la gente, y que por lo tanto a menos trabajo menos prosperidad. Aunque esta idea hay que matizarla.

Creo que el gobierno debe centrarse en facilitar que las empresas creen puestos de trabajo. Que haya actividad. La gente quiere trabajar. Queremos trabajar por muchas y diversas razones. La primera y más básica porque necesitamos de recursos económicos, un sueldo a final de mes, para poder vivir dignamente. También porque con el trabajo desarrollamos las capacidades que tenemos, crecemos como personas. También el trabajo es lugar de encuentro con otras personas, lo cual siempre es enriquecedor. Y finalmente porque con nuestro trabajo contribuimos a la mejora del mundo.

Suficientes razones para querer que se fomente el trabajo. Evidentemente el trabajo requiere descanso. Tenemos que disfrutar de esparcimiento, familia, amigos, aficiones, y tenemos que descansar. En la medida que una semana de 4 días facilite este esparcimiento sin que signifique que hay más descanso porque no hay trabajo, entonces se puede tratar el asunto.

Pero si esta propuesta es porque como no hay trabajo vamos a reducir la semana laboral, pues entonces mal. Muy muy mal. Lo que hay que hacer es generar trabajo para que la gente pueda desarrollarse y para que el país y sus habitantes prosperen.

Creo que, con el paro que hay en España, las políticas del gobierno deben centrarse en posibilitar la creación de empleo. Facilitar el desarrollo de las empresas, que son las principales generadoras de empleo. Pero decir, como no hay trabajo vamos a reducir la actividad (no digo que eso se esté diciendo) es claudicar y renunciar a una obligación irrenunciable. Mi postura es que queremos trabajar. Queremos que haya trabajo y que no falte. Es mucho lo que nos perdemos si trabajamos poco. Pero bueno, es mi opinión. Hasta el jueves que viene.

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