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Posts Tagged ‘Toma de decisiones’

Parece una obviedad, pero no lo es

noviembre 26, 2020 2 comentarios

Tomar decisiones es escoger entre alternativas. Ante una situación podemos tener varias alternativas de actuación. ¿Cómo elegir? Uno puede pensar que cuantas más alternativas tienes mejor, pues tienes más opciones entre las que elegir. Esto es una falacia. Cuantas más alternativas más lío nos hacemos, así que lo primero que hay que hacer es seleccionar unas pocas que sean razonables. Con más de cuatro nos solemos liar.

Cuando tenemos cuatro, o menos, empezamos a descartar las que nos parezcan menos buenas hasta que nos quedamos con dos. Y ahí es cuando interviene la decisión. Cuando tenemos ya dos alternativas identificadas, llamémoslas A y B, hay que fijarse en una de ellas, por ejemplo A. y empezar a ver B que ventajas tiene sobre A y qué inconvenientes tiene (siempre comparado con A). Si son más grandes las ventajas que los inconvenientes escoge B. Si es al revés escoge A.

Parece una tontería esta metodología, pero no lo es, puesto que muchas veces ante tres o cuatro alternativas, vamos viendo las ventajas y los inconvenientes de cada un de ella. Mal. Mal porque las ventajas serán ventajas con respecto a algo y lo mismo los inconvenientes. Serán inconvenientes comparado con algo. Ver ventajas e inconvenientes sin compararlo con algo fijo es hacernos un lio monumental.

Parece elemental el consejo de esta semana, pero cuando ves cómo la gente toma decisiones, te das cuenta que no es elemental. Que la gente se lía mucho comparando desordenadamente no se sabe qué con no se sabe qué.

Un último consejo. Nunca pienses en términos de coste de oportunidad, pues entonces el lío está garantizado. De verdad. Créeme. Fija una alternativa, la A por ejemplo, y mira ventajas e inconvenientes de B comparado con A.

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Tipología de tontos

octubre 22, 2020 6 comentarios

Dicen que hay dos tipos de tontos, los que prestan libro y los que los devuelven. Fuera de bromas, el otro día estuve reflexionando sobre algunos perfiles de personas con las que me he cruzado en la vida, me di cuenta que había personas no muy inteligentes y muy agradables y otras tampoco muy inteligentes pero insoportables. Por supuesto muchas personas inteligentes.

El ser más o menos inteligente no es mérito ni demérito de nadie, cada uno tiene la que Dios le ha dado. A esto no hay nada que decir. Pero entre los menos dotados los hay que son humildes y serviciales. Conocen sus limitaciones saben hasta donde pueden ser útiles y hasta donde no, y resulta que no son tan tontos. Con ellos se está muy a gusto.

Luego está el tonto terco. El que se empeña en una idea que es absurda, es incapaz de darse cuenta de lo absurda que es y además insiste e insiste. De este tipo de gente lo mejor es alejarse. Sin ninguna mala intención te puede meter en muchos líos.

Después está el tonto soberbio. El que se cree muy listo. Va dando lecciones. Está muy satisfecho de sí mismo. Los que le conocen poco quedan inicialmente deslumbrados por su empuje y su decisión. A la que se les conoce un poco más empiezan a dar pena y a ser el hazme reír de todo el mundo. De estos mejor mantenerse alejados, pues suelen ser avasalladores y generan malestar a su alrededor. No se les puede llevar la contraria, porque en su soberbia no admiten error alguno. Son perfectos. Los errores siempre son de los demás. Generan malestar.

Estés más o menos dotado de capacidad, seas más o menos listo, sé humilde. Es mi consejo, intenta ser útil, servir. Te ganarás muchas amistades y podrás hacer mucho bien, con independencia de lo más o menos inteligentes que podamos ser. Hasta el jueves que viene.

Complejidad

Cuando las cosas se dejan sin atender tienden al desorden y a complicarse. En una casa donde vive una familia, con el tiempo empiezan a acumularse cosas, papeles, trastos viejos, que en su día se pensó que algún día podrían servir. En un despacho pasa lo mismo, con el tiempo se acumulan papeles, revistas y documentos, por si acaso.

Todo esto complica las cosas. Una cosa que no se va a utilizar sobra. Si una cosa se guarda ante la remota posibilidad de que sea útil más adelante, seguramente más adelante nunca se utilizará, posiblemente cuando la necesitemos no nos acordemos de que la teníamos en algún lugar. Y si nos acordamos, no conseguimos recordar donde estaba. El coste de adquirirla, seguramente será inferior al coste de tenerla desordenada en algún sitio.

Esto pasa también en las empresas. Conforme crecen los procesos y los modos de hacer las cosas se van complicando. A veces esta complejidad es fruto necesario de este crecimiento, pero otras muchas veces es debido a la complejidad a la que tienden todas las cosas.

En concreto ojo en una empresa cuando crecen las vetas y los beneficios se mantienen estables, no crecen. Posiblemente el desorden y la complejidad están impidiendo que ese incremento de ventas se trasforme en un incremento de beneficios.

Resumen, a nivel personal ordena tu casa, ordena tu lugar de trabajo. Tira cosas viejas. Vivirás mucho más cómodamente. A nivel empresarial, mira si has introducido en tu empresa o en tu departamento una complejidad innecesaria. Hasta el jueves que viene.

Toma de Decisiones y Planificación Estratégica

septiembre 10, 2020 6 comentarios

estrategiaUna de las principales actividades de los directivos es decidir a donde quieren llevar su empresa y los pasos a seguir para llegar allí. A esto se le llama planificación estratégica, que va adaptándose según las cambiantes circunstancias del entorno.

Hacer la planificación estratégica actualmente es muy difícil y bastante inútil. Evidentemente hay que saber a dónde se quiere ir. Pero ya, los pasos a seguir para llegar allí es algo más problemático debido a las continuas cambiantes circunstancias en que se desarrolla el mundo empresarial actualmente. Estamos en un entorno muy turbulento y las cosas cambian continuamente. Una estrategia válida ayer mañana puede ser inútil.

Ahora en lo que hay que ser fuerte es en toma de decisiones. Sabemos, sí, a dónde queremos llegar. Pero las decisiones que hay que tomar para llegar allí van cambiando.

Un error frecuente cuando se toman decisiones es intentar saber lo que va a pasar. Si lo supiéramos decidir sería muy fácil. Y precisamente ahora estamos en tiempos de gran incertidumbre. Olvídate de pretender saber lo que va a pasar. Toma decisiones que permitan la vuelta atrás. Marca metas parciales a conseguir de modo que si no se consiguen en el tiempo pretendido da marcha atrás. Decisiones que sean válidas en el mayor número de futuros escenarios posibles. Que si la cosa sale mal no sea un desastre total. Cuidado con la intuición. Cuando el futuro es muy incierto acabamos agarrándonos a la intuición como a un clavo ardiendo. Analiza, analiza y analiza. Y al final despliega tu plan de acción que deberás ir modificando para adaptarlo a las circunstancias.

Y muy importante. Que sepas de antemano a dónde quieres ir, no sea que las circunstancias te lleven a un sitio donde no quieres estar y cuando te des cuenta ya sea demasiado tarde. Ten personalidad. Hasta el jueves que viene

Gente feliz y gente amargada

familiaEl otro día durante una caminata en la montaña aprovechando las vacaciones, comiendo un bocadillo y disfrutando de un refresco, recostado en una suficientemente cómoda piedra, y a la sombra de un árbol, contemplando la naturaleza, experimenté una agradabilísima sensación de paz y felicidad. Empecé a reflexionar sobre lo poco que hace falta para ser feliz.

A lo largo de mi ya no corta vida me he topado con muchos tipos de personas de muy distintos niveles profesionales y económicos. De todos he procurado aprender. He visto personas y familias con muy pocos medios económicos, que eran muy felices. También me he topado con personas a las que les sale el dinero por las orejas y están amargados y en un estado de permanente enfado. También he visto pobres atormentados y ricos felices.

Lo que quiero decir es que para ser feliz hace falta muy poco, y lo que hace falta está al alcance de todo el mundo. No hay que ser rico. Basta con ser suficientemente inteligente para saber aprovechar los detalles del día a día. Disfrutar de una conversación con buenos amigos, de un paisaje, de la lectura de un libro, de estar en casa con los tuyos sin ningún objetivo más allá que el de estar.

Si una persona para sentirse bien necesita unas vacaciones sofisticadas, emociones intensas, demostrar lo que se es capaz de hacer, estar hiperconectado, estar a la última moda, etc., entonces esta persona es muy dependiente. Le falta personalidad. Una vida así es agotadora. No es extraño el permanente enfado en que uno se encuentra. Si sabes disfrutar de las continuas pequeñas ocasiones que ofrece la vida, entonces puedes estar viviendo una vida muy intensa. Así de barato y así de sencillo. Bueno, esta es mi opinión y lo que he visto en mucha gente. Feliz final de vacaciones y hasta el principio de curso la semana que viene.

¿Cómo prepararse para una eventual crisis?

crisisDecía la semana pasada que cuando llega una crisis económica, si una empresa no está preparada, ya poco puede hacer más que capearla como buenamente. Las crisis nos tienen que pillar preparados. Y uno se prepara para una eventual crisis cuando las cosas van bien. Ese es el momento para prepararse

¿Qué hay que hacer entonces, cuando las cosas van bien? Cuando las cosas van bien la empresa vende. Los clientes compran. Hay demanda. Se amplia capacidad productiva. Se contrata gente. Se aprovechan las oportunidades que ofrece el boyante entorno económico. Y en esto consiste el error. Si se dimensiona la empresa para esos momentos de bonanza, cuando llegan las dificultades nos pilla sobredimensionados. Nos pilla con fábricas a medio utilizar, con demasiada gente en la empresa. Las facturas nos ahogan y los ingresos no llegan. El futuro de la empresa es incierto.

Lo que hay que hacer en momentos de bonanza es no dimensionarse de modo que cuando llegue la recesión, que siempre llega, no nos pille sobredimensionados. Hay que frenar el crecimiento durante los booms económicos. Sé que esto es muy difícil. Que cuando las cosas van bien, echar el freno es muy difícil. Pero es la única forma de que se puedan capear las dificultades cuando lleguen las desaceleraciones. Las empresas que esto hacen capean muy bien las crisis económicas y salen de ellas fortalecidas.

Consejo para la crisis actual: qué cada uno haga lo que pueda. Si tu empresa no estaba preparada para abordarla, poco margen de maniobra queda. Consejo para cuando venga la recuperación económica: haz caso a lo que digo en este mensaje. Ya en un mensaje de este blog en 2012 daba estos mismos consejos. Hasta el jueves que viene.

Y ahora ¿qué hay que hacer?

economiaEstos últimos meses diversas personas me han planteado la pregunta de cómo abordar en sus empresas la crisis económica actual. La respuesta es muy sencilla. Hágase lo que se pueda. Si nos ponemos a pensar qué hacer cuando tenemos la crisis encima hemos llegado tarde. A las crisis hay que llegar preparados. Cuando esta ya está encima pocos grados de libertad se tienen para capearla.

Si uno nota en su coche un ruido pequeño y no lo lleva al taller a revisar porque no le da importancia, que luego no se queje si el coche lo deja tirado en medio de la carretera. Si uno tiene pequeñas dolencias y por no ser muy fuertes no acude el médico, quizá más adelante se encuentre ante un tumor incurable. Tumor que se podía haber curado si se hubiera pillado a tiempo.

Lo mismo les pasa a las empresas. Aquellas que son dirigidas pensando en la posibilidad de abordar una crisis en algún momento, cuando llega la crisis, que siempre llega, están preparadas para abordarla. Mientras que aquellas que viven muy felices viendo lo bien que le van las cosas, cuando llega la crisis les pilla desprevenidas.

Los directivos tienen que dirigir sus empresas intentando conseguir objetivos. Y esto lo saben hacer muy bien. Pero también tienen que pensar en estar preparados cuando lleguen las desaceleraciones y las crisis. Y eso no lo saben hacer también. Si las dificultades se nos echan encima sin estar preparados, ya poco podemos hacer, más allá de sufrir. De todas maneras, siempre se puede hacer algo.

¿Y cómo prepararse para una crisis? Pues de ello hablaré en un próximo mensaje, aunque ya dije cosas hace unos años en un mensaje sobre gestión de riesgos y en otro sobre cómo abordar las crisis. De momento felices vacaciones, prepararse para las crisis y hasta el jueves que viene.

Hablar y actuar

En algún mensaje de hace años hablé de que las personas nos comunicamos con los hechos y no con nuestras palabras. En función de cómo actuamos, la gente se hará una idea de cómo somos. Una empresa cuyos jefes no paran de decir que las personas son lo más importante en esa organización, pero luego no respetan los horarios laborales y hacen trabajar hasta mucho después de la hora de salida, es una empresa cuyos jefes no tendrán ninguna credibilidad entre su gente.

Nos comunicamos, no con las palabras sino con los hechos. Nuestras palabras son una medida de nuestra hipocresía: la gente verá cómo actuamos, y si lo que decimos es coherente con nuestro modo de actuar, la gente se fiará de nosotros. Pero si nuestro discurso va por un lado y nuestras actuaciones por otro entonces problema.

Malo cuando una persona tiene que aclarar algo. Malo cuando hay que decir que somos honrados. Malo cuando una empresa tiene que decir que cumple con las leyes. Si esas cosas ya las hacemos nuestras actuaciones lo dejarán bien claro y si lo tenemos que aclarar es que nuestras actuaciones son problemáticas. Nos comunicamos con los hechos y no con las palabras. Hasta el jueves que viene. Os dejo un tercer video sobre toma de decisiones en entornos VUCA.

Felicidad y egoismo

Si hay algo común en todas las personas es que todos queremos ser felices y todos buscamos la felicidad. No hay ninguna persona que quiera ser desgraciada. Otra cosa es que discrepemos sobre en qué consiste la felicidad y los modos para alcanzarla. Pero todo el mundo quiere ser feliz.

Cuando tratamos a las personas, vamos conociéndolas poco a poco, y cuanto más las tratamos mejor las conocemos. De una persona que hemos tratado mucho podemos decir si es simpática o antipática, más o menos inteligente. Trabajadora, vaga, caradura, etc. Esto no significa que las juzguemos, pues no somos quien para juzgar a nadie. Pero lo que es cierto que a las personas las vamos conociendo y nos vamos haciendo una imagen de cómo son.

¿A qué vienen estas dos ideas tan poco relacionadas, el interés por alcanzar la felicidad y el conocimiento de las personas? Pues a que el otro día cuando estaba pensando en estas cosas, a mí me gusta pensar en soledad, a la sombra de un árbol en un banco de algún parque, cuando estaba pensando estas cosas, me dí cuenta que las personas que conozco que son más felices son las personas menos egoístas, son personas que están pensando en los demás, el como ayudarles y en cómo facilitarles la vida. Y, por el contrario, las personas más infelices son las que buscan la felicidad pensando continuamente que es lo mejor para ellos. Personas egoístas y que, paradójicamente, cada vez se les ve más desgraciadas. Buscan lo que quieren allí donde no está.

No juzgo a nadie porque no soy quién para hacerlo, pero es una cosa sobre la que reflexionaba el otro día, por si te da que pensar. Hasta el jueves que viene.

¿Qué tipo de persona eres?

Una de las entradas que más visitas recibe este blog es una que publiqué en diciembre de 2012 y titulaba “El arte de vivir amargados”. El contenido de ese mensaje lo he vuelto a percibir durante esta última temporada. Por emails, WhatsApps, videoconferencias, etc. y últimamente viéndonos presencialmente, he tratado con bastantes personas. Y he visto a algunos que han intentado sacar el mejor partido posible del confinamiento. Han hecho lo que han podido y se han adaptado a las circunstancias, conscientes que era lo que les tocaba vivir.

En cambio, otras personas han estado permanentemente amargadas, maldiciendo su desdicha. Enfadadas por las circunstancias en las que se encontraban. Ambos tipos de personas se enfrentaban a las mismas circunstancias: confinamiento y aislamiento. Sin embargo, unas eran dueñas de sus vidas y decidían ellas la actitud que adoptaban e intentaban sacar el mejor partido posible a la situación en que se encontraban. En cambio, otras estaban permanentemente amargadas, desoladas por la situación y culpando al universo de sus múltiples desgracias. Eran las circunstancias las que tomaban posesión de sus vidas.

Todo el mundo se encontraba en la misma situación. Sin embargo, unos la aceptaban y con optimismo intentaban sacar el partido que pudieran de las circunstancias, mientras que otros estaban amargados. Estos últimos no son dueños de sus vidas. No son libres. Son las circunstancias las que determinan su felicidad o desgracia. Las personas libres, las dueñas de sus vidas, dadas las circunstancias en las que se encuentran, sean estas mejores o peores, intentan sacar partido de ellas. Tú decides qué actitud adoptar ante la vida. No seamos cenizos.

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