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Posts Tagged ‘Toma de decisiones’

Empleados nucleares y empleados periféricos

febrero 22, 2018 4 comentarios

docenciaLa semana pasada tuve una sesión de debate con mandos intermedios de colegios de enseñanza media y primaria. Los que me conocéis sabéis que la docencia y la educación es mi pasión, así que me sentí como pez en el agua.

En esa reunión vimos, entre otras cosas, que en toda empresa hay dos tipos de empleados, los que podríamos llamar “nucleares”, de la traducción inglesa “core” y los “periféricos”

Un empleado periférico es uno que vende su tiempo y sus capacidades a la empresa a cambio de dinero, de un salario. Se llaman periféricos porque su actividad la puede realizar cualquier persona que disponga de esas capacidades. Lo que aportan a la empresa lo podrían aportar muchos otros profesionales. 

Un empleado nuclear por el contrario, es uno que se identifica con lo que se hace en la empresa. Valora la utilidad real que tiene lo que allí se hace. Por supuesto que dedica su tiempo y sus capacidades al servicio de la empresa. Por supuesto que cobra un salario. Pero su vinculación con la empresa va mucho más allá. Por un lado aporta a la empresa su entusiasmo y su compromiso para que las cosas funcionen bien, lo cual tiene un gran valor para laempresa. Un valor impagable económicamente. Pero por otro lado está recibiendo de la empresa la posibilidad de crecer como persona y como profesional. La empresa da la oportunidad de dotar al empleado de un sentido a su trabajo, la posibilidad de sentirse útil.

Son los empleados nucleares los que sacan adelante la empresa cuando llegan tiempos de crisis. Con los periféricos no se puede contar en tiempos de dificultades. No están comprometidos con la empresa.

Si siempre he recomendado desde este blog dar las gracias a la gente, la dirección de la empresa debe estar muy atenta a agradecer y reconocer el trabajo de los “nucleares”. Lo pasé muy bien y aprendí mucho trabajando con este gran grupo de profesionales de la docencia.

Dar bandazos

atolondramientoHay organizaciones que cuando una cosa no les sale bien establecen como política hacer todo lo contrario. Esto me parece un error. Si algo no ha salido bien hay que preguntarse las razones por las que no ha funcionado y modificar aquellos aspectos que han hecho fracasar lo que se estaba haciendo. No hay que modificarlo todo e irse al polo opuesto. Muy posiblemente el polo opuesto tendrá también muchos inconvenientes.

En general cuando la única razón que tenemos para escoger un nuevo plan es porque lo que hemos hecho hasta ahora ha fracasado, el nuevo plan escogido suele ser peor. Hay que ver las razones del fracaso y corregirlas. Pero nunca una enmienda a la totalidad. Esto suele salir peor.

Otro error que a veces se comete es que cuando una cosa ha funcionado en un sitio fácilmente se construye una política por la cual eso que ha funcionado se impone en los demás sitios de la organización. A lo mejor eso ha tenido éxito en un sitio por características específicas de ese sitio, y en otro lugar que no tenga esas características puede no funcionar. Ojo con extender los éxitos a todas partes.

Rara vez hay una práctica que es buena con independencia de las circunstancias. Algo que tiene éxito en un sitio puede no tenerlo en otro. Hay que entender las razones por las que ha funcionado bien en un sitio y ver si en el sitio donde pensamos implantarlo también se dan esas circunstancias. Ojo con las generalizaciones. Hasta el jueves que viene. Os dejo un video del IESE.

Para ser eficaz

capacidadesMuy sencillo lo que voy a comentar esta semana. Muy sencillo pero muchas veces no se cae en la cuenta. Para que una persona sea eficaz en una organización hacen falta tres cosas: Saber, querer y poder. Capacidad, motivación y organización.

Saber. Que esté cualificada para llevar a cabo lo que tiene que hacer. Un profesor que no comunica, nunca será eficaz en el aula. Un dentista que solo sabe usar las tenazas mejor que no ejerza. Hay que saber hacer lo que se requiere que hagas. Si no no serás eficaz. El saber tiene que ver con la capacidad.

Querer. No basta con saber hacer algo, hay que querer hacerlo. Si se me pide que haga algo y no quiero hacerlo no lo haré. Y si me amenazan con echarme o con sancionarme, lo haré, pero no pondré todo el esfuerzo e ilusión que se requiere para que la cosa salga muy bien. El querer tiene que ver con la motivación.

Poder. Finalmente, supuesto que uno sabe y quiere hacer lo que tiene que hacer, si no se le dan los medios para hacerlo no lo podrá hacer. Si a un cirujano no se le asigna un quirófano o no se le asigna un anestesista, mal podrá operar. De poco sirve su capacidad y su buena voluntad. El poder tiene que ver con la organización. Que las cosas estén organizadas de modo que uno pueda hacer lo que tiene que hacer.

Saber, querer y poder. Capacidad, motivación y organización. Hacen falta las tres cosas. La ausencia de una de ellas hace fracasar la eficacia. No se puede compensar con una mayor dosis en las otras dos. Si uno no está capacitado, mejor que no esté motivado. No hay nada peor que un incompetente motivado

De todo esto se puede profundizar más en el libro La casa de la eficacia de Pablo Maella. Con quien frecuentemente mantengo interesantísimas conversaciones. Saludos y hasta la semana que viene.

La dictadura del éxito

dictaduraHablaba este verano con un buen amigo y me contaba unos textos que estaba leyendo esos días. Las ideas que me aportaba me parecieron muy sugerentes por lo que voy a compartirlas con vosotros. Decía que actualmente las personas nos valorábamos en función del éxito. El éxito que tenemos al conseguir las cosas que nos proponemos, fruto de nuestro esfuerzo. Porque este éxito, si es fruto de nuestro esfuerzo, es una manifestación de nuestras cualidades, de nuestra valía.

También, me decía este amigo, que nos valoramos en función de la opinión que los demás tienen de nosotros. Cuanto mayor éxito mejor opinión tendrán y la opinión que tengan de nosotros será una medida de nuestro éxito.

Esta actitud vital es agotadora. Obliga a la gente a estar haciendo continuamente el esfuerzo titánico por conseguir cosas dignas de admiración. Y como la inmensa mayoría de nosotros somos muy normalitos y no destacamos especialmente, no tenemos brillo externo, esto produce una gran frustración.

Es mucho más saludable pensar que la valía de una persona no depende de cosas externas, del reconocimiento, del logro. Prefiero pensar que la valía de una persona depende de estar haciendo lo que debe. De trabajar bien. De querer a sus allegados. De alcanzar su potencial con independencia del reconocimiento de los demás.

Si uno deja de valorarse en función sus logros y de la opinión de los demás vive menos tenso, disfruta más de la vida. Es más objetivo. Recomiendo dedicar tiempo a la contemplación, a disfrutar de nuestra existencia. Hasta el jueves que viene.

Decir que no

decir que noNo sé quién dijo que el que no sabe decir que no, cuando dice que sí, su sí no tiene ningún valor. Efectivamente, hay gente, en general con poca personalidad, que les cuesta contrariar a alguien diciéndole que no a algo. Siempre dicen que sí a cualquier propuesta.

Pues muy mal, si a todo digo que sí mis síes no tienen ningún valor. Hay que tener personalidad y pasar un mal rato si hay que pasar un mal rato. Es falta de fortaleza dejarse llevar por el temor a contrariar. Cuando a algo hay que decir que no pues se le dice que no.

Esta deficiencia es especialmente nociva si uno es un jefe. A base de querer agradar a todo el mundo acaba siendo injusto con todos y acaba perdiendo su autoridad y la confianza de su gente.

No tengas miedo a decir que no a propuestas que no son aceptables. A medio plazo la gente te lo agradecerá. Pero justifica tu negativa. Al negarte no seas arbitrario ni injusto. Da las razones por las que algo no aceptas. También sé generoso. Ante una propuesta que da lo mismo que salga adelante como que no, acéptala. Si alguien ha hecho la propuesta es que le ilusiona llevarla a cabo. Y no hay nada como tener a la gente ilusionada. Hasta la semana que viene.

Llevar la contraria

hablarHay personas que son muy buenos conversadores. Saben escuchar. Valoran los puntos de vista de los demás. No intentan imponer sus opiniones. Saben hacer preguntas interesantes, cortas y escuetas para mantener la conversación. Son personas con las que es grato pasar una buena velada.

En cambio, otras, basta que se afirme una cosa para llevar a contraria. Con ellas mejor no hablar. Recuerdo lo que me comentó un buen amigo, una de las personas más inteligentes con las que me he cruzado en la vida. Le pregunté a solas por qué en una conversación que habíamos mantenido entre varios él no había intervenido. Yo sabía que del tema sobre el que se hablaba, este amigo mío sabía mucho. Me contestó diciendo que efectivamente de este tema él sabía mucho, y que no quería participar en una conversación en la que otros, sin haber pensado sobre el asunto, sobre la marcha le iban a contradecir.

Saber conversar es un arte que hace a las personas muy agradables. El principal consejo para ser un buen conversador es saber escuchar y hablar lo justo. La conversación apacible enriquece a las personas que participan en ella. Discutir pocas veces aclara nada. Hasta la semana que viene.

Siempre tienen razón

testarudoYa hablé de algo parecido ahace un par de semanas. Hay personas que siempre tienen razón. No importa cuán estúpidas sean las cosas que dicen que se las ingenian para demostrar, totalmente convencidas, que están en lo cierto.

Habitualmente las opiniones sobre las cosas se hacen dentro de un contexto y de unas circunstancias. Pues bien estas personas, cuando se les hace ver que lo que dicen no tiene sentido, siempre explican que en el contexto en el que están hablando las cosas son tal como ellas han dicho. Y dan por supuesto que ese contexto es el más habitual y por tanto todo el mundo lo sobreentiende. Total, que acaban demostrándose a sí mismos que tienen razón, aunque estén afirmando que el Alcoyano es mejor equipo que el Barça. Son tercos.

Humildad. Nos podemos equivocar y reconocerlo es muestra de madurez. El que nunca se equivoca vive en una burbuja y provoca risa en la gente que le rodea que están pendientes de ver qué truculento razonamiento usan para volver a salirse con la suya. Si el que muestra esta actitud es un jefe el cachondeo entre los de su equipo da mucha vida en el lugar de trabajo. Hasta la semana que viene.

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