Celebración

celebraciónComienzan mañana viernes los actos de celebración de mi 60 cumpleaños, efemérides que tendrá lugar el próximo lunes 15 de julio. ¿Dónde van mis pensamientos ante tamaño acontecimiento? Pues en primer lugar a dar gracias a Dios por estos años de vida. Por todo lo que me ha dado y todo lo que me ha permitido ser y hacer. También, evidentemente, gran agradecimiento a mis padres y a mi familia. En segundo lugar, a pedir perdón a quien haya podido hacer daño con alguna de mis a actuaciones durante estos años. 

¿Qué me hubiera gustado hacer y no he hecho en estos años? Pues la verdad me habría gustado participar más en la vida política. Ser parlamentario de algún congreso o concejal de algún ayuntamiento. Pero no he tenido ocasión o no he puesto suficiente interés en conseguirlo. Hace 20 años, en el 99 estuve a punto de entrar en unas listas electorales con garantías de salir elegido, pero al final todo se torció. Pude palpar las puñaladas que hay en el mundo de la política.

¿Qué me ilusiona para las próximas dos o tres décadas que es razonable pensar puedo llegar a vivir? Pues lo que más deseo ahora es poder ser útil. Me ilusiona ayudar a toda persona que pueda necesitar mi ayuda. Por mi parte, sé que cuento con la ayuda de muchas personas que me aprecian.

¿A qué temo del futuro? Pues a no estar a la altura. A no saber aprovechar las cualidades que Dios me ha dado. En definitiva, a perder el tiempo.

He hablado de mí y de mis decisiones, y nunca es bueno hablar de uno mismo, pero comprender que pocas veces se cumplen 60 años. Hasta el jueves que viene.

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¿Crisis a la vista?

ciclo económicoNo hay evidencias claras, pero hay algunos síntomas que muestran que en un año podríamos entrar en una nueva crisis económica. En los próximos meses estaremos en mejores condiciones de confirmarlo o desmentirlo.

Por un lado, hay una clara desaceleración a nivel mundial, que afortunadamente no está afectando, de momento, a España. Si bien es cierto que España entró en las pasadas recesiones bastante más tarde que el resto de los países. Por otro lado, tenemos una inflación a la baja. Lo cual es bueno si se mantiene en los niveles actuales. En mayo la tasa interanual fue de 0,8% y en junio ha sido del 0,4%. Podría haber deflación el año que viene.

Una deflación puntual y transitoria no ofrece problemas. Pero si la deflación fuera persistente sería desastroso para la economía. La gente retrasaría la compra de coches, lavadoras, etc para más adelante ante la espera de que los precios fueran más bajos. Las empresas tendrían que bajar el ritmo de producción, aumentaría el paro y un sinfín de desastres. La verdad es que en las economías occidentales no tenemos la experiencia de situaciones de persistente deflación, por lo que no está muy claro el alcance de sus consecuencias.

Otra consideración es que cuando la inflación sube, los bancos centrales la atajan subiendo los tipos de interés. Esto implica que un modo de combatir la deflación sería bajar los tipos de interés. Pero los tipos de interés están ya rondando en torno al 0%, pues para reactivar la economía durante la gran recesión del periodo 2007-2014, hubo que bajar los tipos muy significativamente. Es decir que no se cuenta ahora con este procedimiento para paliar la deflación. Además, desde la implantación del euro, ya no son los bancos centrales de los países quienes deciden el nivel de tipos de interés, sino el Banco Central Europeo.

Hay otro síntoma que suele ser preludio de que se avecinan dificultades. Ese es un poco más técnico y no fácil de acabar de entender. Es la inversión de la curva de tipos de interés. Normalmente los tipos de interés a corto plazo son menores que los de a largo plazo. Cuando esta brecha se acorta, y más todavía cuando se invierte, significa que los préstamos a corto plazo son más caros que los de a largo plazo. Lo que significa que hay muchas dudas sobre el futuro próximo de la economía, y por eso los que prestan dinero exigen más intereses. Actualmente la curva de tipos en España está casi plana.

Ya digo, la economía está creciendo a buen ritmo. No hay evidencias de problemas, pero sí que hay síntomas de que puede haber futuras dificultades. Con el tiempo iremos confirmándolo o desmintiéndolo. Felices vacaciones

Descalificar

decisionesLa buena toma de decisiones requiere habitualmente confrontar opiniones y pareceres de distintas personas, lo cual suscita sanas discusiones hasta que se llega a una conclusión. La buena práctica de la toma de decisiones debe contemplar esta discusión. Si las cosas no se discuten no se pueden tratar sus pros y sus contras y las decisiones acaban no siendo tan buenas como lo podrían ser. Así que ánimo directivo, suscita en tu equipo la discusión constructiva.

Algunas veces estas discusiones no son tan sanas y generan enfrentamientos que pueden llegar a lo personal. Un indicador de que alguien no tiene razón es cuando en su argumentación descalifica a otros miembros involucrados con argumentos que no tienen nada que ver con lo que se está decidiendo.

“Es que tú eres matemático” me han dicho a mi alguna vez. Como si ser matemático o no tuviera algo que ver con lo que se está tratando. Cuando se aducen este tipo de razones es que no se tienen argumentos para defender lo que se está defendiendo. El que los emplea se autodescalifica.

Las sanas discusiones requieren que se lleven las ideas y al tratarlas, distinguir lo que son razones, lo que son intuiciones y lo que son preferencias. Esta distinción es importante para poder llevar una discusión inteligente.

Hasta el jueves que viene y feliz veraneo para los que lo empezáis estos días. Yo ya no tengo clases hasta el 9 de septiembre. Aunque sigo trabajando en diversas cosas.

Vivir, contemplar

generación del 98Dice un poema de Machado

Poned sobre los campos
un carbonero, un sabio y un poeta.
Veréis cómo el poeta admira y calla,
el sabio mira y piensa…
Seguramente, el carbonero busca
las moras o las setas.
Llevadlos al teatro
y sólo el carbonero no bosteza.
Quien prefiere lo vivo a lo pintado
es el hombre que piensa, canta o sueña.
El carbonero tiene
llena de fantasías la cabeza.

 

Me viene a la cabeza este poema muchas veces cuando veo a la gente por la calle paseando o haciendo ejercicio con auriculares, oyendo música o lo que sea lo que oyen. y me sorprende que pudiendo contemplar la ciudad, el campo, la gente, etc… prefieran el sonido de una máquina. Yo soy muy respetuoso con las preferencias de la gente. No tengo que decir a nadie lo que le tiene que gustar. Ni yo ni nadie puede hacerlo. Solo que me sorprende que con lo rico que es el mundo en el que estamos muchos prefieran acotarlo a unas ondas sonoras procedentes de una máquina.

Mirar, admirar y pensar dice Machado. Hay mucho mundo del que disfrutar. Hasta el jueves que viene.

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Solo buenas noticias

mensajeroA nadie le gusta que le lleguen malas noticias. Pero esta actitud, para un directivo es muy peligrosa. Para dirigir bien lo mejor es que a uno le lleguen las cosas negativas lo antes posible para poder ponerles remedio antes de que la cosa vaya a más.

Pero hay directivos que ponen mala cara cuando alguien le va con problemas que están surgiendo. Esto hace que la gente intente ocultarlos y solucionarlos como sea antes de acudir al iracundo jefe. Esto a veces funciona, pero otras no, y cuando las noticias llegan al jefe, el asunto tiene ya muy difícil solución.

Conocí a un directivo que cuando le venían con algún asunto a solucionar negaba que estuviese sucediendo lo que le estaban contando. Negaba la evidencia. Así no había manera de resolver los problemas. No se les hacía frente y la cosa iba de mal en peor. Un buen directivo lo que debería querer es que le llegaran cuanto antes las cosas que no funcionan, para poder ponerle remedio cuando todavía se puede remediar.

Una buena pregunta a hacerse, si eres directivo, es si eres accesible. Si facilitas que la gente acuda a ti. Si te tienen un respeto reverencial o miedo malo. No te estarás enterando de lo que pasa en tu empresa. Hasta el jueves que viene

No confiar en la suerte

por pocoA veces en la empresa se hacen unos planes, la cosa funciona según los planes previstos, pero de repente surge un contratiempo que parece que todo se va a desbaratar. Pero al final, algo sucede y se vuelve a encarrilar. Respiramos con tranquilidad. Qué suerte hemos tenido. Estamos satisfechos.

Mucho cuidado. Más que alegrarse por la suerte que se ha tenido hay que intentar aprender del suceso. ¿Por qué se torció el plan en un momento dado? Pues bien puede suceder que una situación similar se vuelva a torcer el plan y esta vez ya no tengamos suerte y nos aboquemos al fracaso.

Estar a punto de haber fracasado y haber salido la cosa bien al final puede significar dos cosas. Que la empresa tiene recursos suficientes para salir airado de los problemas o también puede significar que la empresa es vulnerable y que ha habido suerte. Ojo con alegrarse porque al final las cosas se hayan arreglado

Cuando se planifica algo hay que tener en cuenta la posibilidad de que las cosas no vayan según el plan previsto. Si planificamos solo pensando que las cosas van a suceder tal como pensamos, cuando vengan las dificultades nos pillarán desprevenidos. Que no sea la suerte la que nos tenga que sacar de los apuros. Porque hay veces hay suerte, pero a veces no. Si hemos planificado teniendo en cuenta la posibilidad de fallos, cuando estos vengan no nos pillarán por sorpresa. Estaremos preparados. Hasta el jueves que viene.

De cómo se puede perder la autoridad

autoridadEn los dos últimos mensajes he hablado de la distinción entre poder y autoridad y en cómo se consigue tener autoridad. En el mensaje de esta semana voy a hablar de cómo un directivo puede perder autoridad. Cómo puede perder la confianza que la gente ha depositado en él. Tres son las maneras que pueden hacerle perder esta confianza.

La primera es cuando un directivo no tiene suficiente capacidad para hacer que la empresa funcione. Cuando no es capaz de que la empresa sea eficaz. En ese caso este directivo pierde su autoridad porque la gente deja de confiar en que pueda llevar la barca a buen puerto. No es que desconfíen de las intenciones de este directivo. Simplemente dudan de su capacidad. En este caso, el directivo lo que tiene que hacer es algo que está en su mano hacer, pero que es muy difícil que lo haga y muy pocos lo hacen: retirarse del puesto. Dejar paso a otros con más capacidad.

La segunda forma de perder autoridad es cuando un directivo está controlando continuamente a su gente. Cuando está diciéndoles en cada momento lo que tienen que hacer hasta el último detalle. Consigue hartar a su gente. Así es imposible que su gente se desarrolle como profesionales. Esto desanima a su gente porque ven que no pueden aportar nada a la organización. Este directivo no les deja espacio de actuación. Todo está planificado y controlado hasta el último detalle

La tercera forma de perder autoridad es cuando un directivo se comporta de modo injusto. Cuando perjudica a alguien por beneficiar a otro. Y no digamos si el beneficiado es él mismo. Este tercer modo hace perder la autoridad y la confianza de modo ipso facto. Hasta el jueves que viene que hablaremos de otra cosa.

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