Más sobre métricas, incentivos y evaluaciones

No sé dónde leí que, en una provincia de la India, ante la proliferación de cobras, el respectivo gobierno decidió dar una cantidad de dinero cada vez que alguien cazara una cobra. El resultado fue que empezaron a proliferar las granjas de cobras para presentarlas y obtener el premio. Cuando los inteligentes ideadores de esta medida se dieron cuenta, la retiraron. Qué pasó, pues que esas granjas de cobras, como ya no tenían utilidad liberaron las cobras, con lo cual aún hubo más de las que había inicialmente.

Tampoco recuerdo qué banco norteamericano incentivó a sus empelados en función del número de cuentas, tarjetas de créditos y otros productos que vendían a sus clientes. Resultado, los empleados de las oficinas empezaron a abrir cuentas y emitir tarjetas a sus clientes sin que ellos lo supieran. Algún cliente llegó a tener 10 productos sin su consentimiento. Cuando todo se descubrió, las multas que recibió el banco por lo pleitos puestos por los clientes y las autoridades bancarias casi hacen quebrar el banco. Todo esto lo explica un artículo de la “Harvard Business Review” titulado “Cómo las métricas pueden hacer descarrilar tu empresa”.

Porqué no se hacen las cosas de modo más sencillo. Explica a tus empleados los que pretende la compañía, págales el sueldo adecuado y entusiásmales con el proyecto de tu empresa y verás los magníficos resultados. No los trates como niños con caramelos y premios en función de cómo hacen las cosas. Recuerda que la persona más interesada en realizar un buen trabajo es el propio empleado. Todos queremos ser buenos profesionales. Nadie disfruta siendo chapucero, salvo que quiera dar lecciones a su jefe cuando este no lo trata como debe.

Jefe, crea retos, paga bien y entusiasma a tu gente, y no los marees con incentivos y chorradas. Así de fácil y así de difícil. Hasta el jueves que viene.

Métricas, indicadores y evaluaciones

Las empresas para calibrar la marcha de sus negocios, la productividad de sus empleados, la calidad de sus productos y de sus servicios, y otras muchas cosas utilizan unas métricas e indicadores. Los empleados, que no son tontos, realizan sus actividades de modo que esas métricas e indicadores salgan lo mejor posible, pues normalmente son evaluados de acuerdo con esos indicadores.

Lo que ocurre es que rara vez son un fiel reflejo de lo que están midiendo. Fácilmente se puede conseguir que el indicador salga muy satisfactorio, y lo que pretende que ese indicador evalúe no sea tan satisfactorio. Hecha la ley, hecha la trampa.

Un hipotético y simple ejemplo. Si a un colegio lo evalúan por el porcentaje de alumnos que aprueban las pruebas de acceso a la universidad, ese colegio se centrará en entrenar a los alumnos para que aprueben dicho examen. Pero la formación que debe dar un colegio va más allá de aprobar un examen. Si embargo, los colegios desatenderán otros aspectos muy importantes de la formación de los alumnos, que no son relevantes para aprobar el acceso a la universidad.

El ejemplo es muy trivial, pero el mundo de la empresa está plagado de situaciones en las que se produce este efecto. Dime lo que mides y determinaré lo que hago. Hay jefes que incluso se creen que la calidad de algo viene medida por el valor del indicador. Cuando el indicador se convierte en objetivo, deja de ser un buen indicador.

Lo peor es cuando esas métricas e indicadores llevan asociados unos incentivos económicos. Tengo un amigo, ya jubilado, que era experto en conseguir que los indicadores que le medían dieran muy alto y que la empresa no consiguiera lo que pretendía conseguir con esos indicadores. Hasta el jueves que viene.

Yo nunca me equivoco

Leí el otro día, en una de las secciones más leídas de La Vanguardia, una entrevista a un personaje relativamente conocido en España. Preguntado por sus creencias dice “Dios no lo hace bien, me defrauda”.

Una actitud así denota un poco de soberbia. Parece que es uno el que posee la verdad y que sabe qué es lo bueno y qué es lo malo. Yo aconsejo a todo el mundo que adquieran y practiquen la virtud de la humildad, que entre otras cosas implica admitir que uno puede estar equivocado. La persona soberbia, el que lo sabe todo, el que nunca se equivoca provoca rechazo en los demás además de risa cuando se equivoca.

Admitir que uno puede estar equivocado genera cercanía, que uno es como los demás, que no es superior. Además el humilde cuando se equivoca no le cuesta rectificar y no provoca esa risa, sino comprensión por parte de los demás. Creo que la humildad es una virtud especialmente necesaria para los jefes, pues facilita que los demás confíen en él.

Jefe, no tenga miedo a mostrar que puedes equivocarte. Tu gente te verá como un ser humano. Hasta el jueves que viene.

Empresas con propósito

Está muy de moda ahora hablar de empresas con propósito. Con ello puede querer decirse muchas cosas, pero simplificando mucho, lo que viene a decir que las empresas han de tener una finalidad más allá que la de ganar dinero. Que el ganar dinero es una condición necesaria para la viabilidad de la empresa, pero que la empresa ha de tener claro para qué existe, cual es la necesidad de los clientes que pretende satisfacer con el producto o servicio que ofrece.

Yo he de decir, que para mi esto no es ninguna novedad. Desde que empecé a dar clase en el IESE siempre dije que ganar dinero es una consecuencia de tener una misión -o propósito- y llevarla a cabo bien. Cuando decía esto los alumnos me miraban desconfiados como diciéndome “Ariño, que idealista eres. La empresa está para ganar dinero y cuanto más mejor”. Pero yo seguía en mis trece.

Ahora parece que hay, a nivel de discurso, una aceptación de que las empresas han de tener un propósito y perseguirlo. Pero como digo, me parece que es a nivel de discurso. En la acción diaria todavía muchas actúan intentando ganar cuanto más dinero mejor, y dejan el propósito como frase bonita para ser mostrada. Empresario, directivo, créete el propósito de tu empresa y orienta la estrategia y las decisiones día a día en conseguir ese propósito. Todavía queda mucho por hacer y campo de mejora. De esto hablaré próximamente. De momento hasta el jueves que viene.

El gobierno y la inflación

Ocurre en las playas del norte de Barcelona. Cuando el mar decide comerse una playa esa playa desaparece. Los ayuntamientos pueden alargar algo la vida de la playa a base de bombear arena cada primavera. Pero con los años, la playa desaparece.

Lo mismo pasa con la inflación. Cuando las fuerzas macroeconómicas deciden que ha de haber inflación, al final la acaba habiendo. La política económica y la actuación de los bancos centrales la pueden amortiguar (o alguna vez acentuar) un poco, pero al final acaba habiendo inflación.

Poco puede hacer el actual gobierno de España con la inflación. Algo puede hacer, pero poco. Es un fenómeno que se está dando en todas las economías occidentales por la coincidencia de diversas causas.

Lo que sí puede hacer el presidente del gobierno es ser más cuidadoso. Hace unos días escribió en las redes sociales “Los datos de Eurostat confirman que la factura eléctrica de los hogares españoles en 2021 fue similar a la de 2018, descontando la inflación.” Menuda tontería, y si no hubiera habido inflación en los últimos cincuenta años los precios de todas las cosas serían los mismos que hace 50 años. Porque suben los precios es por lo que hay inflación. De hecho, la inflación es la medida de la subida de los precios. No suben los precios porque hay inflación, sino que hay inflación porque suben los precios. Hasta el jueves que viene.

Personalidad

Mi padre fue durante más de cuarenta años profesor de enseñanza media. Durante 21 de ellos fue el director, primero de un instituto y posteriormente de un colegio. Siempre le oí comentar que cuando en alguna reunión le indicaban donde estaba la presidencia, él contestaba presidencia está donde estoy yo. No necesitaba de lugares privilegiados ni insignias ni distintivos que indicaran que él era el que mandaba.

¿A qué viene esto? Pues que hay personas que sí los necesitan para que se vea que son importantes. Recuerdo un profesor del IESE que un día me dijo “hay quien tiene una estrella de tres puntas y le saca brillo, y la muestran

Cuando uno depende de la valoración que los demás hacen de él mal va. Va a frustrarse. Uno tiene que centrarse en ser buena persona, buen profesional buen padre o madre de sus hijos, buen compañero de trabajo. Gran falta de autoestima si uno necesita el aprobado de los demás. Pero, en fin, esto es muy frecuente. Feliz semana santa y hasta el jueves que viene.

Cabezonería

Hay directivos a los que se les mete una idea en la cabeza y no hay manera de que cambien de opinión, sin importar cuanta evidencia hay de que hay alternativas mejores que la que están imponiendo. No atienden a razones. Da la impresión de que escuchan las opiniones alternativas, pero solo es para afianzarse en lo que ya tienen decidido hacer.

Estos jefes acaban quedándose solos dado el convencimiento que generan en su gente de que tratar asuntos con ellos no sirve para nada. Jefe, escucha a tu gente. Tomarás mejores decisiones porque dispondrás de más información. Algunas de las cosas que te propongan no podrán ser llevadas a cabo y otras sí, tendrán mucho sentido. Y, sobre todo, conocerás mejor lo que pasa en tu organización. Además, las personas se sentirán más involucradas en tu empresa. Hasta el jueves que viene.

Capacidades dinámicas

Durante mucho tiempo se ha hablado en la empresa de la planificación estratégica, que grosso modo significa decidir a donde quiere llegar la empresa en un determinado plazo de tiempo y decidir qué se va a hacer para llegar hasta allí. En función de los recursos y las capacidades de la empresa, de las oportunidades que tenía delante y del entorno económico en que se movía la estrategia era una u otra. Las empresas planificaban su estrategia a 3 o 5 años vista, y cada año la revisaban y la ponían al día.

La planificación estratégica era suficiente en las épocas en las que había estabilidad, o en las que los cambios eran muy lentos y más o menos predecibles. Pero en las últimas dos décadas los tiempos se han vuelto turbulentos y lo que se planifica hoy mañana ya no sirve.

Los tiempos están turbulentos. En las últimas dos décadas ha aparecido el terrorismo islámico, una crisis financiera y económica de magnitud que nadie se imaginaba, y que casi se lleva el euro por delante. Una pandemia realmente global y ahora una guerra con impacto en el mundo entero.

Mañana no se sabe lo que pasará ¿Significa esto que la planificación estratégica es ahora inútil? No. Hay que seguir planificando, pero sabiendo que esos planes hay que adaptarlos continuamente. Han de ser planes flexibles y adaptables a las situaciones cambiantes. Si para llevar a cabo los planes hace unas décadas, las empresas necesitaban unas capacidades, lo que se necesita ahora son capacidades dinámicas, es decir la capacidad de construir nuevas capacidades una y otra vez para atender las continuamente cambiantes situaciones.

Las empresas que saben hacer cosas pero no aprenden a aprender tendrán dificultades. Las empresas que saldrán adelante son aquellas con la capacidad de construir en cada momento las capacidades necesarias en las circunstancias cambiantes. Son lo que se llaman capacidades dinámicas. Hasta el jueves que viene.

Tipos de interés, inflación y crecimiento

Han sido bastantes los amigos que a lo largo de los años me han consultado, a la hora de firmar una hipoteca, qué pensaba yo que era mejor si a tipo fijo o a variable. El fijo era pagar de intereses un porcentaje preestablecido y el variable el pago es un índice de referencia, normalmente el Euribor, más un incremento. La ventaja del variable es, que estando los tipos de interés tan bajos estos años, salía ligeramente mejor que el fijo.

Pero yo siempre he recomendado el fijo ¿Por qué? Pues porque el fijo estaba solo ligeramente por encima del variable, y el variable contenía mucho riesgo, porque podía llegar a subir mucho. Era muy difícil que los tipos de interés se mantuvieran tan bajos como han estado estos últimos años. Si han estado tan bajos ha sido porque había que revitalizar la economía después de la gran recesión del 2008-2023 y después para paliar los efectos de la pandemia. No podían permanecer tan bajos por un periodo demasiado prolongado de tiempo. Tendrían que subir en algún momento, y en ese momento el variable se pondría por encima del fijo, pudiendo llegar a estar muy por encima.

¿Qué pasa ahora? Pues con una inflación del 7,5% antes de que comenzara la guerra de Ucrania, y con unas perspectivas de subidas aún mayores dados los problemas de que está generando la guerra, la escalada de los precios de la energía, las huelgas de transportistas, etc., el Banco Central Europeo va a tener que subir los tipos de interés si quiere controlar la inflación. Y quizá los tenga que subir mucho.

Es ahora cuando todos los que han suscrito hipotecas a tipo variable se van a arrepentir. Veremos hasta donde llega la inflación y hasta donde llegan los tipos. Hay que advertir que, si la subida de tipos se hace lentamente, como creo que se hará, es porque una subida de tipos frena la economía, y tampoco es ahora el momento de empezar a frenarla. Difícil lo tienen los que toman las decisiones sobre los tipos de interés y difícil momento económico el actual. Hasta el jueves que viene.

Justicia

Una condición necesaria para que haya buenas relaciones entre cualquier grupo de personas es que entre ellas se viva la justicia. Si no se respetan los derechos de las personas, si no se cumplen los compromisos contraídos, no se puede funcionar bien, ya sea en la familia, en la empresa o en cualquier grupo de personas.

Justicia es dar a cada uno lo que le corresponde. Y en la empresa esto va desde cumplir las condiciones de trabajo pactadas hasta respetar aquellas cosas en las que una empresa se ha comprometido con cualquier empleado suyo. Por supuesto que los empleados tienen que cumplir con sus compromisos, pero esto no suele ser el problema ya que son los jefes los que tienen el poder y por la cuenta que les trae el empleado cumple con lo que se le pide. Aún así, si un empleado puede escaquearse en algo que no se va a notar, si lo hace no está viviendo la justicia, y a la corta o a la larga esto tendrá repercusiones en el ambiente de trabajo.

Puede suceder alguna vez que en una empresa sea muy difícil en un momento dado cumplir con algún compromiso, y por alguna razón bien justificada. En ese caso lo que hay que hacer es hablar con los afectados y explicarles que eso a lo que tienen derecho va a ser mu y difícil cumplirlo. Si la empresa ha sabido ganarse la confianza de sus empleados, estos lo entenderán y fácilmente renunciarán a ese derecho si es por una razón suficiente. Si la empresa no ha tratado con respeto a sus empleados, estos se rebotarán, y bien que harán. Es para estas situaciones para las que son necesarias unos sindicatos firmes. Si la empresa trata con respeto a sus empleados, los sindicatos son menos necesarios. Un modo de no vivir la justicia es no respetar los horarios de las personas. Indicarles el trabajo que han de hacer sin atender si ese trabajo cabe en el horario aboral pactado.

Por supuesto que si la empresa hace promesas irresponsables que no sabe si podrá cumplir o no, en el momento que no las cumpla estará siendo injusta con su gente, y la confianza desaparecerá. Ya he hablado en otros mensajes la gran importancia de la confianza para la buena marcha de una empresa. Hasta el jueves que viene.

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