Mujeres Brújula

octubre 15, 2020 12 comentarios

Ha llegado a mis manos un libro publicado por la editorial Espasa y titulado “Mujeres Brújula”. Allí la autora, que según afirma la editorial es una de las españolas más influyentes, muestra por un lado ejemplos de mujeres que con su actitud y actividad han causado impacto en su entorno, y por otro lado nos muestra su visión sobre las posibilidades del mundo actual.

Me ha llamado la atención uno de los capítulos finales dedicado a la “sostenibilidad”. He de decir que en el último año me estoy informando sobre la “Economía circular” y ese interés me ha llevado a la sostenibilidad, de la que la economía circular es una de sus posibles dimensiones.

Lo que me ha llamado la atención es la perspectiva desde la que en el libro se aborda la sostenibilidad. Actualmente de este tema se habla mucho, pero casi siempre desde una perspectiva de preservación del medio ambiente. Que no podemos esquilmar los recursos de la tierra de modo que generaciones futuras se encuentren con un problema; que no se puede degradar el medio ambiente, etc.

La autora del libro además de tocar estas dimensiones añade una muy original, aunque por otro lado muy evidente. Que para que las actividades que llevamos a cabo sean sostenibles hay que cuidar la familia. La familia como la más elemental vertebradora de lo que es la sociedad en su conjunto. Sin la familia difícilmente se desarrollan las personas y sin desarrollo de las personas no hay sostenibilidad posible.

Me recuerda a lo que decía el gran Leopoldo Abadía cuando le preguntaban sobre qué pensaba del mundo que íbamos a dejar a los jóvenes. El respondía preguntándose que qué jóvenes íbamos a dejar al mundo. Decía que cuando él llegó al mundo en 1933, se encontró con una guerra civil española seguida de una guerra mundial. Peor no podía estar el mundo y Leopoldo salió adelante.

La sostenibilidad la mantienen personas bien formadas, y la formación se adquiere fundamentalmente en la familia. Hasta el jueves que viene.

Donde no hay distinción hay confusión

confusión

Siempre ha habido empresas que han ido bien y empresas que han ido mal. También empresas que en su día tuvieron mucho éxito por lo que hacían y por cómo lo hacían, y posteriormente fracasaron. Es la dinámica de la actividad económica y empresarial. Las actuales turbulencias sanitarias están teniendo un terrible impacto económico. Las actuaciones de los gobiernos están paliando el desastre, están haciendo que muchas empresas sobrevivan, pero en la UCI empresarial. Llegará un momento en que los gobiernos no podrán hacer más, o las empresas sobreviven por si mismas o tendrán que cerrar.

Como siempre, también actualmente, hay empresas mal gestionadas que van a tener dificultades, y quizá tengan que cerrar con independencia de que haya virus o no, pues están mal gestionadas, o se han quedado retrasadas o por cualquier otra razón.

A la hora de justificar las dificultades la excusa será muy fácil, el maldito virus. Cuando en realidad con virus o sin él las dificultades estarían allí. Los directivos no se darían cuenta de que es su mala gestión, o su falta de capacidad por anticiparse o adaptarse la verdadera causa de los problemas.

Si no se saben las causas de por qué pasa lo que pasa, no se puede aprender ni mejorar. Donde no hay distinción hay confusión. La principal razón para mantener una empresa a flote es salvar los puestos de trabajo.

La semana pasada empecé a dar el curso inicial de Análisis de Decisiones en el EMBA del IESE en Barcelona. Como cada año dispuesto a pasarlo muy bien. Hasta el jueves que viene.

Complejidad

Cuando las cosas se dejan sin atender tienden al desorden y a complicarse. En una casa donde vive una familia, con el tiempo empiezan a acumularse cosas, papeles, trastos viejos, que en su día se pensó que algún día podrían servir. En un despacho pasa lo mismo, con el tiempo se acumulan papeles, revistas y documentos, por si acaso.

Todo esto complica las cosas. Una cosa que no se va a utilizar sobra. Si una cosa se guarda ante la remota posibilidad de que sea útil más adelante, seguramente más adelante nunca se utilizará, posiblemente cuando la necesitemos no nos acordemos de que la teníamos en algún lugar. Y si nos acordamos, no conseguimos recordar donde estaba. El coste de adquirirla, seguramente será inferior al coste de tenerla desordenada en algún sitio.

Esto pasa también en las empresas. Conforme crecen los procesos y los modos de hacer las cosas se van complicando. A veces esta complejidad es fruto necesario de este crecimiento, pero otras muchas veces es debido a la complejidad a la que tienden todas las cosas.

En concreto ojo en una empresa cuando crecen las vetas y los beneficios se mantienen estables, no crecen. Posiblemente el desorden y la complejidad están impidiendo que ese incremento de ventas se trasforme en un incremento de beneficios.

Resumen, a nivel personal ordena tu casa, ordena tu lugar de trabajo. Tira cosas viejas. Vivirás mucho más cómodamente. A nivel empresarial, mira si has introducido en tu empresa o en tu departamento una complejidad innecesaria. Hasta el jueves que viene.

Estrategia y táctica

septiembre 24, 2020 6 comentarios

Cuentan de un epitafio en una tumba que decía “Hizo el bien y el mal. El mal lo hizo bien y el bien lo hizo mal”. Es la distinción entre estrategia y táctica. Estrategia es hacer lo que hay que hacer, lo que es bueno y táctica hacer bien lo que se está haciendo.

Lo peor es una buena táctica para una mala estrategia, es decir, hacer muy bien lo que no se debe hacer. Malo es una mala táctica de una buena estrategia. Se hace lo que se debe hacer, pero se hace mal. Es una chapuza. De una mala táctica aplicada a una mala estrategia pude surgir cualquier cosa, y todo por casualidad. A lo mejor surge algo bueno o también algo malo.

En la vida y en la empresa hay que diseñar una buena estrategia y llevarla bien a la práctica diaria con buenas tácticas. Uno tiene que preguntarse en cada momento en el corto y en el largo plazo ¿estoy haciendo lo correcto?, y después preguntarse, ¿lo estoy haciendo bien?

Son consideraciones genéricas las que me han salido en el mensaje de esta semana, pero pueden servir. Felicidades a todas las Mercedes, que en Cataluña hay muchas. Hasta el jueves que viene, que estaré a punto de empezar mis clases.

¿Inteligencia o esfuerzo?

septiembre 17, 2020 12 comentarios

consejosNo sé por qué motivo, recientemente algunas familias, especialmente las madres, me están pidiendo que oriente a sus hijos, bien a los de bachillerato sobre qué seguir estudiando, bien a universitarios y recién graduados sobre su futuro profesional. Para empezar a orientar, una cosa que les digo es que piensen cómo se ven a 10 años vista, de allí surge la conversación y siguen las reflexiones. En general, si les veo ilusionados con algo les animo vivamente a que lo persigan, salvo que sea patente que no tienen las capacidades para llevarlo a cabo.

Otra cosa que me parece útil para los jóvenes y para todo el mundo es hablarles de la importancia de la constancia y del esfuerzo. Lo vi cuando estudiaba la carrera. Allí me encontré gente muy muy inteligente, y gente menos inteligente pero muy trabajadora. Las mejores notas se las llevaban los que estudiaban todos los días. A los más inteligentes, aunque se sacaron sobradamente la carrera, no les fue también.

Este último consejo sirve para los estudios y para todos los momentos de la vida. Si hay que elegir entre alguien inteligente o alguien trabajador, a por el trabajador. Evidentemente, siempre que tenga las cualidades necesarias para desempeñar lo que hay que hacer.

El refrán “más vale maña que fuerza” es útil para alguna acción determinada. Pero para conducirse por la vida más vale constancia y esfuerzo que inteligencia. Lo bueno del caso es que sobre la inteligencia poco se puede hacer, uno tiene la que tiene y ya está. Pero la constancia y el esfuerzo depende mucho más de nosotros mismos, de que nos lo propongamos.

El que me pidan estos consejos a mí me enriquece mucho. Me hace sentirme útil, me hace estrechar relaciones de amistad con estas familias y me pone en contacto con gente joven, lo cual siempre es rejuvenecedor. Buen inicio del curso y hasta el jueves que viene.

Toma de Decisiones y Planificación Estratégica

septiembre 10, 2020 6 comentarios

estrategiaUna de las principales actividades de los directivos es decidir a donde quieren llevar su empresa y los pasos a seguir para llegar allí. A esto se le llama planificación estratégica, que va adaptándose según las cambiantes circunstancias del entorno.

Hacer la planificación estratégica actualmente es muy difícil y bastante inútil. Evidentemente hay que saber a dónde se quiere ir. Pero ya, los pasos a seguir para llegar allí es algo más problemático debido a las continuas cambiantes circunstancias en que se desarrolla el mundo empresarial actualmente. Estamos en un entorno muy turbulento y las cosas cambian continuamente. Una estrategia válida ayer mañana puede ser inútil.

Ahora en lo que hay que ser fuerte es en toma de decisiones. Sabemos, sí, a dónde queremos llegar. Pero las decisiones que hay que tomar para llegar allí van cambiando.

Un error frecuente cuando se toman decisiones es intentar saber lo que va a pasar. Si lo supiéramos decidir sería muy fácil. Y precisamente ahora estamos en tiempos de gran incertidumbre. Olvídate de pretender saber lo que va a pasar. Toma decisiones que permitan la vuelta atrás. Marca metas parciales a conseguir de modo que si no se consiguen en el tiempo pretendido da marcha atrás. Decisiones que sean válidas en el mayor número de futuros escenarios posibles. Que si la cosa sale mal no sea un desastre total. Cuidado con la intuición. Cuando el futuro es muy incierto acabamos agarrándonos a la intuición como a un clavo ardiendo. Analiza, analiza y analiza. Y al final despliega tu plan de acción que deberás ir modificando para adaptarlo a las circunstancias.

Y muy importante. Que sepas de antemano a dónde quieres ir, no sea que las circunstancias te lleven a un sitio donde no quieres estar y cuando te des cuenta ya sea demasiado tarde. Ten personalidad. Hasta el jueves que viene

No hay que alarmarse

septiembre 3, 2020 27 comentarios

coronavirusSe están detectando ahora en España unos 6.000 casos nuevos de coronavirus por día. Una barbaridad. El máximo a finales de marzo fue de unos 9.000 en un día. Estamos acercándonos a unos números similares a los de marzo o abril.

No saquemos las cosas de quicio. No está pasando nada alarmante. En España se mueren 1.100 personas al día, de ellas 370 son por problemas en el sistema circulatorio, 150 por enfermedades del sistema respiratorio. Ahora se están muriendo un promedio de 20 por el dichoso virus. ¿No está habiendo una injustificada alarma?

Alguien dirá que los 6000 nuevos infectados por día es alarmante. Casi tantos como en el momento más álgido a primeros del pasado abril. Alarma. ¿Pero, por qué se detectan tantos? Pues simplemente porque se están haciendo una infinidad de tests.  La pasada primavera solo se detectaban los que tenían dolencias serias. Entonces sí que el asunto era serio. Pero ahora no lo es.

¿Por qué hay esta alama social? Pues la alarma se produce porque los medios no paran de hablar del tema. Cada telediario los primeros 20 minutos son sobre el tema. Si se dejara de hablar del tema no habría esta alarma y llevaríamos una vida más normal.

Pasa con los suicidios. Cada día se suicidan en España un promedio de 10 personas. Hay un acuerdo tácito de no informar sobre ellos para no inducir al suicidio a otras personas. ¿No se podría llegar a un acuerdo de informar menos sobre el virus?.

Algunos se escandalizarán por el mensaje de esta semana, como ya lo hicieron del mensaje que escribí hace tres meses. No quiero decir que no haya que ocuparse del tema, como hay que preocuparse de curar los canceres e intentar evitar los suicidios. Pero el virus no puede paralizar nuestras vidas. Ocuparnos, pero no paralizarnos. Evidentemente debemos tomar las medidas que piden los que saben del tema, pero no obsesionarnos.

Todo el mensaje de esta semana es compatible con mis condolencias hacia las personas que han perdido algún familiar por el virus. Feliz inicio de curso (nunca mejor deseado) y hasta el jueves que viene.

graficas virus españa

Gente feliz y gente amargada

familiaEl otro día durante una caminata en la montaña aprovechando las vacaciones, comiendo un bocadillo y disfrutando de un refresco, recostado en una suficientemente cómoda piedra, y a la sombra de un árbol, contemplando la naturaleza, experimenté una agradabilísima sensación de paz y felicidad. Empecé a reflexionar sobre lo poco que hace falta para ser feliz.

A lo largo de mi ya no corta vida me he topado con muchos tipos de personas de muy distintos niveles profesionales y económicos. De todos he procurado aprender. He visto personas y familias con muy pocos medios económicos, que eran muy felices. También me he topado con personas a las que les sale el dinero por las orejas y están amargados y en un estado de permanente enfado. También he visto pobres atormentados y ricos felices.

Lo que quiero decir es que para ser feliz hace falta muy poco, y lo que hace falta está al alcance de todo el mundo. No hay que ser rico. Basta con ser suficientemente inteligente para saber aprovechar los detalles del día a día. Disfrutar de una conversación con buenos amigos, de un paisaje, de la lectura de un libro, de estar en casa con los tuyos sin ningún objetivo más allá que el de estar.

Si una persona para sentirse bien necesita unas vacaciones sofisticadas, emociones intensas, demostrar lo que se es capaz de hacer, estar hiperconectado, estar a la última moda, etc., entonces esta persona es muy dependiente. Le falta personalidad. Una vida así es agotadora. No es extraño el permanente enfado en que uno se encuentra. Si sabes disfrutar de las continuas pequeñas ocasiones que ofrece la vida, entonces puedes estar viviendo una vida muy intensa. Así de barato y así de sencillo. Bueno, esta es mi opinión y lo que he visto en mucha gente. Feliz final de vacaciones y hasta el principio de curso la semana que viene.

¿Cómo prepararse para una eventual crisis?

crisisDecía la semana pasada que cuando llega una crisis económica, si una empresa no está preparada, ya poco puede hacer más que capearla como buenamente. Las crisis nos tienen que pillar preparados. Y uno se prepara para una eventual crisis cuando las cosas van bien. Ese es el momento para prepararse

¿Qué hay que hacer entonces, cuando las cosas van bien? Cuando las cosas van bien la empresa vende. Los clientes compran. Hay demanda. Se amplia capacidad productiva. Se contrata gente. Se aprovechan las oportunidades que ofrece el boyante entorno económico. Y en esto consiste el error. Si se dimensiona la empresa para esos momentos de bonanza, cuando llegan las dificultades nos pilla sobredimensionados. Nos pilla con fábricas a medio utilizar, con demasiada gente en la empresa. Las facturas nos ahogan y los ingresos no llegan. El futuro de la empresa es incierto.

Lo que hay que hacer en momentos de bonanza es no dimensionarse de modo que cuando llegue la recesión, que siempre llega, no nos pille sobredimensionados. Hay que frenar el crecimiento durante los booms económicos. Sé que esto es muy difícil. Que cuando las cosas van bien, echar el freno es muy difícil. Pero es la única forma de que se puedan capear las dificultades cuando lleguen las desaceleraciones. Las empresas que esto hacen capean muy bien las crisis económicas y salen de ellas fortalecidas.

Consejo para la crisis actual: qué cada uno haga lo que pueda. Si tu empresa no estaba preparada para abordarla, poco margen de maniobra queda. Consejo para cuando venga la recuperación económica: haz caso a lo que digo en este mensaje. Ya en un mensaje de este blog en 2012 daba estos mismos consejos. Hasta el jueves que viene.

Y ahora ¿qué hay que hacer?

economiaEstos últimos meses diversas personas me han planteado la pregunta de cómo abordar en sus empresas la crisis económica actual. La respuesta es muy sencilla. Hágase lo que se pueda. Si nos ponemos a pensar qué hacer cuando tenemos la crisis encima hemos llegado tarde. A las crisis hay que llegar preparados. Cuando esta ya está encima pocos grados de libertad se tienen para capearla.

Si uno nota en su coche un ruido pequeño y no lo lleva al taller a revisar porque no le da importancia, que luego no se queje si el coche lo deja tirado en medio de la carretera. Si uno tiene pequeñas dolencias y por no ser muy fuertes no acude el médico, quizá más adelante se encuentre ante un tumor incurable. Tumor que se podía haber curado si se hubiera pillado a tiempo.

Lo mismo les pasa a las empresas. Aquellas que son dirigidas pensando en la posibilidad de abordar una crisis en algún momento, cuando llega la crisis, que siempre llega, están preparadas para abordarla. Mientras que aquellas que viven muy felices viendo lo bien que le van las cosas, cuando llega la crisis les pilla desprevenidas.

Los directivos tienen que dirigir sus empresas intentando conseguir objetivos. Y esto lo saben hacer muy bien. Pero también tienen que pensar en estar preparados cuando lleguen las desaceleraciones y las crisis. Y eso no lo saben hacer también. Si las dificultades se nos echan encima sin estar preparados, ya poco podemos hacer, más allá de sufrir. De todas maneras, siempre se puede hacer algo.

¿Y cómo prepararse para una crisis? Pues de ello hablaré en un próximo mensaje, aunque ya dije cosas hace unos años en un mensaje sobre gestión de riesgos y en otro sobre cómo abordar las crisis. De momento felices vacaciones, prepararse para las crisis y hasta el jueves que viene.

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