Ser pacificadores o ser conflictivos

No hay ninguna persona que viva aislada de los demás. Todos nos relacionamos con otros. Y en estas relaciones con otras personas a veces surgen conflictos. Ante estos conflictos hay dos tipos de personas, las que echan leña al fuego y agrandan el conflicto y las que intentan pacificar las cosas.

Magnificando los conflictos no se resuelve nada, sino que se genera malestar y animadversión. Intentar solucionarlos es una actitud más positiva.

Qué tipo de persona uno es, pacificador o conflictivo, suele depender, entre otras cosas, de si uno es soberbio o humilde. El soberbio ve en todo agravios personales y tiende a hacer más grandes los conflictos. El pacificador suele ser una persona magnánima que sabe pasar por alto las diferencias que hay entre unos y otros

El ser pacificador no significa que uno tenga que aguantarse ante las injusticias. Todo lo contrario, un pacificador consigue que las relaciones entre unos y otros sean de justicia. Es precisamente el conflictivo el que se encuentra a gusto en las situaciones de injusticia. Ahí es donde encuentra justificación para sembrar discordia. El pacificador, ante la injusticia hace lo posible para revertir la situación.

Hay personas que caen bien a todo el mundo y personas que caen mal ¿por qué será? ¿Tú qué tipo de persona eres? Hasta el jueves que viene.

Vivimos en un polvorín

Antes de que estallara la pandemia solía terminar algunas de las conferencias que me pedían diciendo que actualmente el mundo está en un polvorín. La globalización, las telecomunicaciones, los desarrollos tecnológicos, etc. han acortado las distancias entre todos nosotros.

Normalmente no tiene por qué haber accidentes, pero cuando hay un accidente de moto como mucho muere una persona. Si es de coche pueden morir dos o tres. De autobús, las muertes son diez o doce, y si es de avión se cuentan por centenares. Pero ya digo, no suele haber accidentes.

Lo mismo le pasa al mundo. Normalmente no pasa nada, pero cuando pasa, conforme estamos más interconectados, las crisis son más profundas y de efectos más devastadores. Basta ver cómo eran las crisis económicas de la segunda mitad del siglo pasado y cómo están siendo las de este siglo. Todos tan interconectados y el mundo tan globalizado es como si todos viajáramos en un avión.

En este siglo ha aparecido a escala global el terrorismo islámico. La crisis iniciada en el 2008 no tenía precedentes que alguien recordara. Después la pandemia ¿Qué será lo próximo? No se sabe, pero como afectará a un mundo interconectado será muy grande.

Dos datos. A mitad del mes de mayo, un ciberataque cortó el suministro de petróleo en buena parte de Estados Unidos. A principios de este mes de junio, otro ciberataque a las plantas en Estados Unidos de una empresa brasileña (JBS) de proceso de productos cárnicos ha forzado el cierre de dichas plantas, donde se procesa el 20% de la carne que se consume en ese país.

¿Qué será lo próximo? Yo no lo sé, no soy adivino, pero me aventuro a pronosticar dos posibles crisis importantes. O bien un ciberataque masivo (imagínense que alguien borra toda la información contable de algunos importantes bancos a nivel mundial). Otra posible crisis a nivel mundial podría ser un levantamiento social producido por las desigualdades y la mezcla de inmigrantes procedentes del mundo subdesarrollado con el opulento primer mundo, con consecuencias imprevisibles. En otra ocasión daré mi opinión sobre la inmigración.

Hemos colocado el mundo sobre un polvorín. Creo que todo es cuestión de tiempo. Hasta el jueves que viene.

Esto es así

Se atribuye a Unamuno el haber dicho “lo sabe todo, absolutamente todo. Figúrense lo tonto que es”. Y no recuerdo quién dijo “Nunca discutas con un tonto. Tendrás que ponerte a su altura y ahí te ganará por experiencia”. Por último, una frase que se me ha ocurrido a mi “La cantidad de tonterías que una persona dice es directamente proporcional a la seguridad con que las dice”. De esto ya hablé hace pocas semanas.

Esto viene a cuento por la absoluta seguridad con la que algunas personas hacen afirmaciones. Recuerdo hace unos años, participaba en una mesa redonda con otras 6 personas. El moderador iba dando la palabra a uno y otro. Sobre un asunto, no recuerdo cuál, opinábamos todos lo mismo salvo uno que afirmaba rotundamente lo contrario, e insistía una y otra vez. El resto nos mirábamos sorprendidos.

¿Cómo en una cosa que es opinable se puede sentar cátedra? Uno puede tener una opinión distinta a la de otros, pero manifestarlo como opinión, no como verdad absoluta, y dejando siempre abierta la posibilidad de que se opine de modo distinto.

Verdades absolutas las hay, pero son pocas. Y en ese caso también hay que ser respetuoso con el que esté equivocado. Si uno piensa que dos y dos son cinco no hay que machacarlo. Se puede intentar sacarlo del error, pero siempre con respeto.

Yo me río de los que afirman con rotundidad. No les llevo la contraria porque tratar asuntos con un tonto es perder el tiempo. Consejo, sé pacificador. Intenta no hacer afirmaciones rotundas. Hasta el jueves que viene.

Menores en acogida

Ayer, en Radio Nacional de España, a eso de las 9.15 de la mañana entrevistaban a Mónica Oltra. Mónica es la actual vicepresidenta, portavoz y consejera de Igualdad y Políticas Inclusivas de la Generalitat Valenciana. El entrevistador, que me parece que era Iñigo Alfonso, le preguntó cuál era el coste para la Generalitat de un niño en un centro de acogida. La entrevistada dijo que 130 euros diarios.

Me quedé de piedra. 3900 euros mensuales cuesta al erario público cada niño de acogida. La entrevistada aclaró que esto era tanto para los menores extranjeros no acompañados (MENAS) como para los niños locales sin familia.

Me pregunto ¿no se podría ofrecer dicho servicio a un coste menos para las arcas públicas? Con tanto paro como hay en España ¿No se podría dar 2000 euros por cada familia que acogiera a uno de estos niños? Uno de los cabezas de estas familias, que estuviesen en paro, podría ser contratado por la Generalitat pagándoles 2000 euros mensuales (seguridad social incluida) y que se hiciera cargo del niño. La única función de la Generalitat sería asegurarse que estas familias acogen adecuadamente al niño. Un niño siempre estará mejor en una familia que en un centro de acogida.

Otra posibilidad sería privatizar los centros de acogida. Seguro que hay personas con capacidad de organizar ese servicio con un coste muy inferior. Otra vez, la única función de las autoridades sería velar porque estas empresas ofrecieran adecuadamente el servicio. Una tercera posibilidad sería hacer lo mismo la Generalitat Valenciana, pero de un modo más eficiente, a un menor coste. Quizá esto sea mucho pedir.

Con 3900 euros al mes se pueden hacer muchas cosas. Lo sorprendente también es que susodicha vicepresidenta y portavoz diera ese dato sin pestañear. Como si fuera la cosa más normal del mundo. Menudo despilfarro.

Que no se entienda el mensaje de esta semana como que estoy en contra de los MENAS o de los niños de acogida. Todo lo contrario. Lo que me causa gran perplejidad es semejante despilfarro. Hasta el jueves que viene

Desconocimiento absoluto de la realidad

Todas las personas tenemos cualidades y defectos. Nadie es ni perfecto ni miseria absoluta. A veces al relacionarnos con otros, si nos caen bien no surge ningún problema, pero si no acaban de caernos bien magnificamos el juicio subjetivo que hacemos de sus defectos y pasamos por alto sus buenas cualidades.

En cambio, cuando nos juzgamos a nosotros mismos no advertimos nuestros defectos y nos regodeamos en nuestras cualidades.

Es más, a veces somos inconscientes de nuestros defectos, e incluso un defecto lo apreciamos como una cualidad. Me lleva a escribir este post el haber visto esta actitud en dos personas con las que casualmente me he topado recientemente. Satisfechas de si mismas y con juicios duros e injustos hacia algún otro. Son personas que no tocan con los pies en el suelo y que creen que la realidad es la que ellos se imaginan. Un mundo en que ellos son perfectos y los que les caen mal un condensado de defectos.

Contra esta patología que acabo de describir solo hay una receta: humildad. El problema es que el que sufre esa patología, en su tergiversado juicio, también se piensa que es humilde, por lo que el asunto tiene mal arreglo. ¡Qué a gusto se está con una persona humilde!

En contraposición a todo esto, hay personas que son muy duras cuando se juzgan a si mismas. No ven sus cualidades y solo ven sus defectos. A estas personas hay que darles seguridad. Ayudarles. Intentar que mejore su autoestima. Que sientan que se aprecian y valoran sus muchas cualidades. Hasta el jueves que viene.

Economía circular

Hablaba la semana pasada de economía circular y sostenibilidad. Me centré en la sostenibilidad. Esta semana voy a hacer un pequeño apunte sobre la economía circular. La Economía circular es un modo alternativo al tradicional de llevar a cabo la actividad económica y productiva.

En el modo tradicional, también llamado lineal, se extraen recursos de la tierra, se procesan, se fabrican productos útiles, que se utilizan o se consumen, y una vez que han perdido su utilidad se devuelven a la tierra. De esta manera la tierra actúa como una fuente suministradora de recursos y de almacenaje de residuos.

Hay una creciente preocupación de si se están consumiendo los recursos que proporciona la naturaleza a una velocidad superior a de la regeneración de recursos. Yo, la verdad, no sé si esto es así o es hablar de esto es una moda implantada. En cualquier caso, esta preocupación ha generado una alternativa prometedora que es la economía circular.

La Economía circular lo que propone es que producido se haya diseñado de modo que su vida útil sea lo más larga posible, que se pueda reparar una vez se haya estropeado. Que se pueda reutilizar una vez haya cumplido su función. Que este ciclo se repita una y otra vez, y cuando el producto ya no dé más de sí, se descomponga o se recicle, de modo que los materiales utilizados puedan emplearse para fabricar nuevos productos.

De esta manera es necesario extraer menos materiales de la naturaleza y se generan menos residuos. Evidentemente el modo de organizar la producción cambia. Cambia desde el diseño de lo que se va a fabricar hasta la logística de recuperación de materiales. La transición de la economía lineal a la circular no va a ser fácil. Seguiré hablando próximamente de este tema. Hasta el jueves que viene.

Economía circular y sostenibilidad

Es de las cosas que más se habla ahora, de sostenibilidad en la actividad empresarial, y sostenibilidad en tres dimensiones, económica, social y medioambiental. Pues la verdad es que esto me parece un gran avance. Llevábamos décadas idolatrando el dinero. Era un dogma que la finalidad de la empresa era maximizar el valor de la acción. Maximizar los beneficios. Ahora hay una creciente sensibilidad de que la empresa tiene que ocuparse de algo más que de ganar dinero.

Evidentemente una empresa tiene que preocuparse en ganar dinero. Si no acabará desapareciendo. Pero también ha de preocuparse cómo afectan sus operaciones y su actividad al conjunto de la sociedad. Tiene un impacto social positivo o negativo. Aunque antes de contestar a esto habría que ponerse de acuerdo qué es tener impacto social positivo y negativo. Pero hay que anticipar que este impacto social no puede consistir en unas cuantas inversiones o ayudas a necesitados. Es algo que tiene que estar en el centro de sus actividades. Que su actividad como tal impacte para bien, sin que tenga que hacer otras cosas extras que justifiquen su preocupación social. Aunque si las hace sean bienvenidas, pero que no sean estas cosas las que justifiquen su preocupación social.

Finalmente, las actividades de la empresa tienen que ser respetuosa con el medioambiente, y aquí entra todo lo referente a la economía circular, entre otras cosas, de las que iré hablando en sucesivos posts. Hasta el jueves que viene.

Esperanza de vida

He leído hace pocos días la noticia de que en el 2020 ha disminuido la esperanza de vida de los españoles en un año y medio con respecto al año anterior ¿Significa esto que esperamos vivir un año y medio menos de los que esperábamos vivir un año antes? Ni mucho menos. Sobre lo que es la esperanza de vida hay mucha confusión.

La “esperanza de vida al nacer” de una población en un año, es el promedio de las edades que tenían al morir las personas de esa población que murieron en ese año. Es decir, que el promedio de edad de las personas que murieron en 2020 fue un año y medio menos que el promedio de las edades de las personas que murieron en 2019.

La esperanza de vida tiene poco que ver con lo que espera uno vivir. Una persona que nace este año tiene una esperanza de vida mayor de lo que indica la “esperanza de vida”, pues para cuando le llegue la vejez dentro de muchas décadas, posiblemente la esperanza de vida haya aumentado mucho por los continuos avances de la medicina.

Resulta cómico decirle a una persona de 90 años que tiene una esperanza de vida de 84 años. La esperanza de vida a los 90 años en un año dado es el promedio de las edades que tenían los que murieron con 90 años o más durante ese año.

Con este post no quiero frivolizar ni mucho menos, sino explicar un concepto sobre el que hay mucha confusión. Mis condolencias a todos los que han perdido seres queridos en este último año por el dichoso virus. Hasta el jueves que viene.

¿No hay algunas leyes inútiles?

Leí el otro día en La Vanguardia una noticia que ponía “Prisión para dos jóvenes por robos dentro del tren”. No sé por qué, además del titular leí también el breve cuerpo de la noticia, que terminaba diciendo “…ambos detenidos cuentan con numerosos antecedentes”.

Si uno delinque una y otra vez de modo continuado ¿No debería estar en la cárcel? Si ha delinquido muchas veces y se le suelta ¿podemos extrañarnos de que vuelva a delinquir? ¿No deberían las leyes defendernos de estos peligros públicos? ¿Para qué están las leyes entonces?

Recordé entonces una noticia de hace un par de veranos sobre los delincuentes más reincidentes en Barcelona. La busqué en la prensa digital y efectivamente hablaba de los diez más activos. Los datos eran sobre el número de detenciones entre el 1 de junio y el 18 de agosto de ese verano. El récord lo ostentaba uno que había sido detenido 14 veces. Con no poco sarcasmo la noticia decía que “… a día de hoy sigue en libertad, hasta la próxima detención.” Las fechorías eran robo con violencia e intimidación. En la lista del “TOP ten”, al menos activo lo habían detenido 8 veces en esos 80 días.

¿No deberían las leyes defendernos de estos individuos? ¿No es previsible su conducta cuando están en libertad? Algún idealista que no pisa con los pies en la tierra podrá decir que los responsables de esas actitudes son la sociedad, o el sistema, o no sé que otro ente abstracto. Pues miren, no. Los responsables son los delincuentes que no respetan al resto de las personas. Seamos menos permisivos. Legíslese con eficacia. Hasta el jueves que viene.

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Pedir consejo

Ante situaciones importantes, pedir consejo sobre el modo de actuar es una elemental norma de prudencia. Pero también lo es el saber a quien pedir este consejo. No todo el mundo vale. El consejo hay que buscarlo en alguien que te aprecie. Si importas poco a la persona a la que pides consejo, poco interés tendrá en darte un buen consejo. También es importante que la persona a la que acudas sepa algo de aquello sobre lo que te aconseja.

Otra característica es que la persona a la que acudas a pedir consejo no tenga un interés particular en que actúes de una manera o de otra. Pues sino podría intentar influirte en una dirección beneficiosa para esta persona.

Es fundamental también que quien te aconseje este dispuesto a que no sigas su consejo. En caso contrario no sería un consejo sino una orden. Por eso cuando a mi acude alguien pidiendo mi parecer y consejo sobre un asunto, le digo que yo nunca doy consejos, que hago reflexiones para que se tengan más elementos para tomar una decisión, y que por supuesto, no tiene porqué hacer caso a las reflexiones que le hago.

Hay personas que por alguna razón conocen que te encuentras en una situación que tienes que decidir como actuar, y se apresuran a darte un consejo. Cuidado con estas personas. Si reúnen las características anteriores, adelante escúchalas, pero si no ojo. Recuerdo un par de situaciones, en ambas el protagonista era un jubilado que se creía en la obligación de decir a un joven en un caso y a una joven en otro, cómo actuar. Y resulta que la actividad profesional sobre la que aconsejaban era valida cuarenta años antes, pero que en ese momento todo había cambiado y de lo que estaban hablando era de reliquias dinosáuricas.

A pesar de lo dicho en el párrafo anterior, hay que valorar en mucho las reflexiones y consejos de las personas más experimentadas, que suelen ser las de más edad. Pero ojo cuando estas hablan de añoranzas. Hasta el jueves que viene.

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