Hablaba la semana pasada de que, para capear bien las posibles recesiones, había que saber contenerse en las épocas de bonanza, no abusar de las oportunidades que entonces se presentan y llegar a la desaceleración en muy buena forma.
Hay otra cosa que facilita enfrentarse bien a los momentos de dificultades: no tener a la empresa estresada. Tener redundancias. Si se tiene a las personas y a las máquinas al 100 por cien de actividad, cuando viene un pico toda la organización se estresa y se resiente y se requiere hacer un esfuerzo extra.
Evidentemente en una organización siempre hay momentos en los que hay que hacer un esfuerzo extra, pero esto acaba sucediendo muy a menudo cuando la organización funciona sin redundancias. Cuando está programada para que funcione al 100 por 100. La gente se acaba quemando, y la variable que más influye en la buena marcha de una empresa es el compromiso de sus empleados, y este compromiso es directamente proporcional a cómo se le trata. Si se le está exigiendo de modo habitual esfuerzo extra los empleados dejan de sentir entusiasmo por su trabajo y por la empresa, lo que conduce a la organización a una espiral de mediocridad.
También si los activos, las máquinas están programadas para estar utilizadas al 100 por 100, cuando hay cualquier disrupción, todo se interrumpe. Fedex, tiene listo siempre un avión pendiente de cualquier necesidad de transporte que pueda surgir. Esto tiene un coste, pero el coste de las interrupciones de las operaciones es mucho mayor.
Conclusión, no llevar la empresa a la máxima eficiencia. Dirigirla planificando su holgura. No estresarla. Una empresa donde se trabaja con calma es mucho más productiva y eficaz que una empresa en la que de modo habitual se va de cabeza. Dejo otro video, y hasta el jueves que viene.
Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.
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Gracias MA, tocas puntos que los anglosajones llamarían «pain points» o puntos de dolor. El tema de la sobrecarga y redundancia es muchas veces falta de un análisis adecuado de objetivos-estrategias-plan de acción ya que cuando están bien establecidos implican una limpieza de actividades y tareas innecesarias. Este análisis ayuda a identificar qué tareas aportan o nos acercan al objetivo y cuales no. Definir correctamente los objetivos se tiene que hacer desde el propósito de la empresa, luego trasladar los objetivos de empresa a objetivos por área, después definir el camino (estrategia) y finalmente definir qué actividades y recursos hacen falta ejecutar cada «camino». Este tipo de análisis en profundidad «limpia» la empresa eliminando las actividades innecesarias, redundantes e incluso aquellas que restan (van en dirección contraria al objetivo). Es un análisis que requiere gran esfuerzo (inicial y de mantenimiento). Cuando no se hace ocurren esas incongruencias, y sobrecarga de actividades que consumen unos recursos desproporcionados al valor que aportan dejando pocos recursos disponibles para responder a las urgencias e incidencias (que tienen la mala costumbre de aparecer en el momento más inoportuno). De nuevo, en mi opinión, este «dolor» se cura con dirección, trabajo, persistencia y tiene que venir impulsado desde el CEO.
Esperanza, has condensado en pocas lineas u ntratado de excelente dirección: alinear las decisioens a la estrategia y esta al propósito de la organización (lo digo resumiendo mal lo que tú tan bien has expresado) y en el camino, se adelgaza la organización de procesos innecesarios. Y tus dos últimas lineas: «este “dolor” se cura con dirección, trabajo, persistencia y tiene que venir impulsado desde el CEO» marcan lo característico que es dirigir.
Nos vemos este miércoles en Madrid. Hasta entonces,
Miguel Angel
Hola
Tema controvertido, el de las redundancias.
Al pasar a ser mando directo con reponsabilidad ejecutiva, en algunas tareas de gestión, modifiqué el diseño original existente al sistema siguiente: una persona experta dedicada, capaz de resolver bien y rápido con gran autonomía; una segunda persona («reserva»), dedicada principalmente a otras tareas, capaz de actuar razonablemente bien con bastante autonomía, aunque no tan rápido, en caso de no poder disponer del «titular» (en esta situación atípica, se acumulaba, inevitablemente, algo de carga de trabajo al «reserva» durante la ausencia del «titular») – ese «reserva» , tenía a su vez un reserva (en sus tareas de titular) para su posible propia ausencia-. Finalmente, un tercero, yo mismo, capaz de resolver con dificultades operativas en los sistemas informáticos y, desde luego, mucho más lentamente . Alguna vez- muy pocas- tuve que intervenir con carácter de urgencia «solo ante las circunstancias». Obviamente, tenía claro qué había que hacer, el objetivo y la casuística asociada, aunque no tanto, ni mucho menos, el cómo se ejecutaba en detalle «delante de la pantalla».
Un conjunto de polivalencias asociadas a las capacidades de las personas y a la mayor autonomía posible (sin merma ni delegación de mi responsabilidad, claro), que permitía un buen control interno, así como ir absorviendo progresivamente nuevas tareas
La controversia está en que se debía asumír una responsabilidad de gestión total con los medios (humanos) asignados (los que me encontré) que eran limitados. La clave para el replanteamiento estaba en que «nadie» se metía en cómo se organizaba el «conjunto humano». ¿Funciona bien sin trampas ni sobredimensiones?; ¡adelante! y en la medida de lo posible, con reconocimiento laboral y salarial para los colaboradores que hacían posible que lo imprescindible estuviera siempre (99,X %) resuelto a su debido momento de necesidad.
Saludos
Anónimo, una buena pr´ctica la que comentas. Una cosa que se debería hacer en todoas las empresas es que cada puedto de trabajo tuviera un sustituto «por si acaso».
Gracias por participar y saludos,
Miguel Angel