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Amabilidad, Profesionalidad y Servicio

El otro día fui a la misma relojería donde cada cuatro o cinco años me cambian la pila del reloj. Me atendió un señor que no había visto en anteriores veces. Le expliqué que el reloj se me había parado y que no creía que esta vez fuera la pila, porque la había cambiado hacía un año. Apenas lo vio me dijo que el reloj estaba estropeado. Lo cuál era una obviedad, pues por eso se lo llevaba. Le tuve que pedir si me lo podía arreglar, lo cuál debía ser innecesario, pues era evidente que para eso me acercaba a la relojería.

Lo abrió y lo manipuló durante un minuto. Minuto en el que le pregunté si la pila funcionaba y qué le pasaba al reloj. Me dijo que la pila funcionaba y que estaba mal puesta. Le dije que me la habían puesto en esa tienda a lo que él respondió con un rotundo “no”. Era cierto que me la habían puesto en esa tienda, pues es la única relojería que he pisado en los últimos 25 años.

Ante semejante personalidad preferí no aclarárselo para no empezar una innecesaria discusión. Le pregunté cuanto costaba la reparación, me dijo que 5 euros, se los pagué y me fui tras despedirme.

Mientras salía pensé, qué fácil le habría sido ser amable. Que poco hubiera hecho falta para que yo saliera contento de la tienda en vez de molesto, y sobre todo qué fácil le hubiera sido a esta persona ser un buen profesional. No dudo de su competencia como reparador de relojes, pero su trato con los clientes dejaba mucho que desear. Me dije, Miguel Angel, tú tienes que ser un buen profesional. No puedes ser como este relojero. Tienes que conocer bien los entresijos de tu actividad como profesor, y tienes que tratar a la gente con amabilidad y con actitud servicial. Algo que me recomiendo no solo a mí, sino a todos los lectores del blog. Seremos muy buenos profesionales y muy buenas personas. Hasta el jueves que viene.

Amabilidad

octubre 17, 2019 8 comentarios

afabilidadSer amable es gratis y además es muy confortador. Cuando tratamos un asunto con una persona tenemos varias opciones. Podemos ser ariscos, desconfiados, amables, agradecidos… Puestos a ser, mejor optemos por la afabilidad y por ser cercanos. No cuesta nada.

Esta actitud tiene unas consecuencias indirectas, que son que los demás están a gusto con uno, que a uno le empiezan a pedir consejo, que se empieza a compartir cosas. En definitiva, que se desarrolla la amistad. Amabilidad y amistad tienen la misma raíz. Y la amistad es uno de los grandes valores que uno puede tener.

La amistad es una relación entre dos personas, por la cual hay confianza mutua, se comparten cosas, se estrecha una relación. Se es alguien. Hay un enriquecimiento mutuo. La alternativa es ir cada uno a lo suyo, sin importarle los demás más que en la medida que nos puedan aportar algo. Esa actitud, antes o después, acaba descubriéndose y produce rechazo en los demás. Uno se queda solo, acompañado de su egoísmo.

Reflexión: se amable, piensa en los demás, haz favores desinteresados. Sé útil a los demás. Todo esto desinteresadamente. No buscando una contrapartida. La sensación de satisfacción debe ser infinita. Otro consejo, compatible con todo lo dicho: huye de los tontos. Hasta el jueves que viene.

Lo he vuelto a comprobar

septiembre 4, 2014 16 comentarios

operariosNo hay nada como tratar a la gente con amabilidad para que hasta los más huraños se vuelvan amables. Lo volví a comprobar la semana pasada. Hemos estado haciendo unas pequeñas obras en casa este mes de agosto, y los obreros en un descuido han cortado el cable de internet, el de fibra óptica. Llamamos a la compañía que nos provee el servicio, y se presentó un empleado que no hizo más que quejarse de lo descuidados que son los obreros, del mucho trabajo que tiene, del poco dinero que cobra y de lo mal que está la vida.

Vi una oportunidad. Estaba solo en casa y empecé a interesarme por su trabajo, le ayudé a subir y bajar destornilladores e hilos para que no tuviera que estar subiendo y bajando él de la escalera. Le ofrecí un refresco. Me interesé por su familia, por sus orígenes. Comenté la suerte que teníamos los que por lo menos teníamos trabajo. Todo esto muy lentamente y poco a poco conforme iba realizando su trabajo. Sin atosigar.

Poco a poco se fue apaciguando. Se fue con una sonrisa y dando las gracias. Si a mitad de trabajo no aceptó un refresco, me dijo que iba a empezar a sudar, cuando se marchaba se lo volví a ofrecer y esta vez sí que lo aceptó. Vuelvo a decirlo, no hay como tratar a la gente con amabilidad para que los más huraños se vuelvan amables.

Al poco de marcharse el operario llamaron de su compañía para verificar si había quedado satisfecho con el trabajo. La pregunta final era valoración de 0 a 10. Propuse un 10. El operario había hecho muy bien su trabajo.

Conclusión de esta semana, ante un cascarrabias caben dos actitudes, responderle ariscamente e intentar esquivarle, con lo que no se le hace ningún favor, o bien mostrarle vía ejemplo que en la vida se puede ser amable. A mí esto último siempre me da resultado. Feliz vuelta al trabajo.

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