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Archive for the ‘Consideraciones prácticas’ Category

Vivimos en un polvorín

Antes de que estallara la pandemia solía terminar algunas de las conferencias que me pedían diciendo que actualmente el mundo está en un polvorín. La globalización, las telecomunicaciones, los desarrollos tecnológicos, etc. han acortado las distancias entre todos nosotros.

Normalmente no tiene por qué haber accidentes, pero cuando hay un accidente de moto como mucho muere una persona. Si es de coche pueden morir dos o tres. De autobús, las muertes son diez o doce, y si es de avión se cuentan por centenares. Pero ya digo, no suele haber accidentes.

Lo mismo le pasa al mundo. Normalmente no pasa nada, pero cuando pasa, conforme estamos más interconectados, las crisis son más profundas y de efectos más devastadores. Basta ver cómo eran las crisis económicas de la segunda mitad del siglo pasado y cómo están siendo las de este siglo. Todos tan interconectados y el mundo tan globalizado es como si todos viajáramos en un avión.

En este siglo ha aparecido a escala global el terrorismo islámico. La crisis iniciada en el 2008 no tenía precedentes que alguien recordara. Después la pandemia ¿Qué será lo próximo? No se sabe, pero como afectará a un mundo interconectado será muy grande.

Dos datos. A mitad del mes de mayo, un ciberataque cortó el suministro de petróleo en buena parte de Estados Unidos. A principios de este mes de junio, otro ciberataque a las plantas en Estados Unidos de una empresa brasileña (JBS) de proceso de productos cárnicos ha forzado el cierre de dichas plantas, donde se procesa el 20% de la carne que se consume en ese país.

¿Qué será lo próximo? Yo no lo sé, no soy adivino, pero me aventuro a pronosticar dos posibles crisis importantes. O bien un ciberataque masivo (imagínense que alguien borra toda la información contable de algunos importantes bancos a nivel mundial). Otra posible crisis a nivel mundial podría ser un levantamiento social producido por las desigualdades y la mezcla de inmigrantes procedentes del mundo subdesarrollado con el opulento primer mundo, con consecuencias imprevisibles. En otra ocasión daré mi opinión sobre la inmigración.

Hemos colocado el mundo sobre un polvorín. Creo que todo es cuestión de tiempo. Hasta el jueves que viene.

Menores en acogida

Ayer, en Radio Nacional de España, a eso de las 9.15 de la mañana entrevistaban a Mónica Oltra. Mónica es la actual vicepresidenta, portavoz y consejera de Igualdad y Políticas Inclusivas de la Generalitat Valenciana. El entrevistador, que me parece que era Iñigo Alfonso, le preguntó cuál era el coste para la Generalitat de un niño en un centro de acogida. La entrevistada dijo que 130 euros diarios.

Me quedé de piedra. 3900 euros mensuales cuesta al erario público cada niño de acogida. La entrevistada aclaró que esto era tanto para los menores extranjeros no acompañados (MENAS) como para los niños locales sin familia.

Me pregunto ¿no se podría ofrecer dicho servicio a un coste menos para las arcas públicas? Con tanto paro como hay en España ¿No se podría dar 2000 euros por cada familia que acogiera a uno de estos niños? Uno de los cabezas de estas familias, que estuviesen en paro, podría ser contratado por la Generalitat pagándoles 2000 euros mensuales (seguridad social incluida) y que se hiciera cargo del niño. La única función de la Generalitat sería asegurarse que estas familias acogen adecuadamente al niño. Un niño siempre estará mejor en una familia que en un centro de acogida.

Otra posibilidad sería privatizar los centros de acogida. Seguro que hay personas con capacidad de organizar ese servicio con un coste muy inferior. Otra vez, la única función de las autoridades sería velar porque estas empresas ofrecieran adecuadamente el servicio. Una tercera posibilidad sería hacer lo mismo la Generalitat Valenciana, pero de un modo más eficiente, a un menor coste. Quizá esto sea mucho pedir.

Con 3900 euros al mes se pueden hacer muchas cosas. Lo sorprendente también es que susodicha vicepresidenta y portavoz diera ese dato sin pestañear. Como si fuera la cosa más normal del mundo. Menudo despilfarro.

Que no se entienda el mensaje de esta semana como que estoy en contra de los MENAS o de los niños de acogida. Todo lo contrario. Lo que me causa gran perplejidad es semejante despilfarro. Hasta el jueves que viene

Esperanza de vida

He leído hace pocos días la noticia de que en el 2020 ha disminuido la esperanza de vida de los españoles en un año y medio con respecto al año anterior ¿Significa esto que esperamos vivir un año y medio menos de los que esperábamos vivir un año antes? Ni mucho menos. Sobre lo que es la esperanza de vida hay mucha confusión.

La “esperanza de vida al nacer” de una población en un año, es el promedio de las edades que tenían al morir las personas de esa población que murieron en ese año. Es decir, que el promedio de edad de las personas que murieron en 2020 fue un año y medio menos que el promedio de las edades de las personas que murieron en 2019.

La esperanza de vida tiene poco que ver con lo que espera uno vivir. Una persona que nace este año tiene una esperanza de vida mayor de lo que indica la “esperanza de vida”, pues para cuando le llegue la vejez dentro de muchas décadas, posiblemente la esperanza de vida haya aumentado mucho por los continuos avances de la medicina.

Resulta cómico decirle a una persona de 90 años que tiene una esperanza de vida de 84 años. La esperanza de vida a los 90 años en un año dado es el promedio de las edades que tenían los que murieron con 90 años o más durante ese año.

Con este post no quiero frivolizar ni mucho menos, sino explicar un concepto sobre el que hay mucha confusión. Mis condolencias a todos los que han perdido seres queridos en este último año por el dichoso virus. Hasta el jueves que viene.

Pedir consejo

Ante situaciones importantes, pedir consejo sobre el modo de actuar es una elemental norma de prudencia. Pero también lo es el saber a quien pedir este consejo. No todo el mundo vale. El consejo hay que buscarlo en alguien que te aprecie. Si importas poco a la persona a la que pides consejo, poco interés tendrá en darte un buen consejo. También es importante que la persona a la que acudas sepa algo de aquello sobre lo que te aconseja.

Otra característica es que la persona a la que acudas a pedir consejo no tenga un interés particular en que actúes de una manera o de otra. Pues sino podría intentar influirte en una dirección beneficiosa para esta persona.

Es fundamental también que quien te aconseje este dispuesto a que no sigas su consejo. En caso contrario no sería un consejo sino una orden. Por eso cuando a mi acude alguien pidiendo mi parecer y consejo sobre un asunto, le digo que yo nunca doy consejos, que hago reflexiones para que se tengan más elementos para tomar una decisión, y que por supuesto, no tiene porqué hacer caso a las reflexiones que le hago.

Hay personas que por alguna razón conocen que te encuentras en una situación que tienes que decidir como actuar, y se apresuran a darte un consejo. Cuidado con estas personas. Si reúnen las características anteriores, adelante escúchalas, pero si no ojo. Recuerdo un par de situaciones, en ambas el protagonista era un jubilado que se creía en la obligación de decir a un joven en un caso y a una joven en otro, cómo actuar. Y resulta que la actividad profesional sobre la que aconsejaban era valida cuarenta años antes, pero que en ese momento todo había cambiado y de lo que estaban hablando era de reliquias dinosáuricas.

A pesar de lo dicho en el párrafo anterior, hay que valorar en mucho las reflexiones y consejos de las personas más experimentadas, que suelen ser las de más edad. Pero ojo cuando estas hablan de añoranzas. Hasta el jueves que viene.

Amabilidad, Profesionalidad y Servicio

El otro día fui a la misma relojería donde cada cuatro o cinco años me cambian la pila del reloj. Me atendió un señor que no había visto en anteriores veces. Le expliqué que el reloj se me había parado y que no creía que esta vez fuera la pila, porque la había cambiado hacía un año. Apenas lo vio me dijo que el reloj estaba estropeado. Lo cuál era una obviedad, pues por eso se lo llevaba. Le tuve que pedir si me lo podía arreglar, lo cuál debía ser innecesario, pues era evidente que para eso me acercaba a la relojería.

Lo abrió y lo manipuló durante un minuto. Minuto en el que le pregunté si la pila funcionaba y qué le pasaba al reloj. Me dijo que la pila funcionaba y que estaba mal puesta. Le dije que me la habían puesto en esa tienda a lo que él respondió con un rotundo “no”. Era cierto que me la habían puesto en esa tienda, pues es la única relojería que he pisado en los últimos 25 años.

Ante semejante personalidad preferí no aclarárselo para no empezar una innecesaria discusión. Le pregunté cuanto costaba la reparación, me dijo que 5 euros, se los pagué y me fui tras despedirme.

Mientras salía pensé, qué fácil le habría sido ser amable. Que poco hubiera hecho falta para que yo saliera contento de la tienda en vez de molesto, y sobre todo qué fácil le hubiera sido a esta persona ser un buen profesional. No dudo de su competencia como reparador de relojes, pero su trato con los clientes dejaba mucho que desear. Me dije, Miguel Angel, tú tienes que ser un buen profesional. No puedes ser como este relojero. Tienes que conocer bien los entresijos de tu actividad como profesor, y tienes que tratar a la gente con amabilidad y con actitud servicial. Algo que me recomiendo no solo a mí, sino a todos los lectores del blog. Seremos muy buenos profesionales y muy buenas personas. Hasta el jueves que viene.

Lo sabe todo, absolutamente todo

Vivimos en un mundo de incertidumbre, donde muchas cosas las sabemos, por ejemplo, cómo nos llamamos, donde vivimos, qué edad tenemos etc., pero sobre otras solo podemos tener una opinión más o menos fundada y sobre las que podemos estar abiertos a cambiar de opinión.

Es muestra de inteligencia dudar de esas cosas de las que es muy difícil estar absolutamente seguros. Aun así, hay personas que cuando piensan algo adquieren una seguridad cien por cien de que es cierto. Poco inteligentes son este tipo de personas. En primer lugar, porque esa misma seguridad les impide aprender. Si están totalmente seguros de algo ya no pueden cambiar de opinión.

Tengo un amigo, bastante inteligente, por cierto, que decía “Ya me gustaría estar seguro de algo como algunas personas lo están de todo”. Me parece que fue Unamuno al que se le atribuye la frase “Lo sabe todo, absolutamente todo. Figúrense lo tonto que es”.

Muestra de inteligencia, sensatez y prudencia es considerar que uno puede estar equivocado. Esto le posibilita buscar, confirmarse en sus opiniones o cambiarlas en función de lo que vaya encontrando. El que cree que siempre está en lo cierto, se incapacita para salir de sus errores. Yo me divierto mucho cuando me encuentro alguna persona así. Feliz Semana Santa.

No tengo tiempo

Hay personas que ante una propuesta dicen “no tengo tiempo”. A mi esto siempre me ha parecido una tontería. Todos disponemos de la misma cantidad de tiempo, en concreto de 24 horas cada día. Este recurso está repartido a todos por igual. Lo que están diciendo es que “no tengo tiempo para eso que me propones”, o lo que es lo mismo “eso que me propones no está entre mis prioridades”, porque las 24 horas del día las llenamos con lo que son nuestras prioridades, y lo que no cabe pues se deja sin hacer.

También hay quien dice “con todo lo que tengo que hacer necesitaría que se me alargara el día”. Otra tontería, si se nos alargara el día haríamos más cosas y siempre nos encontraríamos con falta de tiempo, aparte que el tiempo es ilimitado, hasta que nos muramos tenemos disponible una sucesión de horas una de tras de otra, así que qué significa “disponer de más tiempo”.

Yo lo que creo es que a muchos nos falta orden. Orden que nos haría aprovechar mejor el tiempo y quejarnos menos. Y ¡ojo con el estrés. Hay que saber disfrutar de momentos de relajación y no ir de cabeza todo el día. Hasta el jueves que viene.

Semana laboral de 4 días

Se hablaba hace unos días en España de la conveniencia de tener una semana laboral de 4 días. Es lo que proponían algunos políticos. Mi opinión al respecto es que la prosperidad de un país depende en buena medida del trabajo de la gente, y que por lo tanto a menos trabajo menos prosperidad. Aunque esta idea hay que matizarla.

Creo que el gobierno debe centrarse en facilitar que las empresas creen puestos de trabajo. Que haya actividad. La gente quiere trabajar. Queremos trabajar por muchas y diversas razones. La primera y más básica porque necesitamos de recursos económicos, un sueldo a final de mes, para poder vivir dignamente. También porque con el trabajo desarrollamos las capacidades que tenemos, crecemos como personas. También el trabajo es lugar de encuentro con otras personas, lo cual siempre es enriquecedor. Y finalmente porque con nuestro trabajo contribuimos a la mejora del mundo.

Suficientes razones para querer que se fomente el trabajo. Evidentemente el trabajo requiere descanso. Tenemos que disfrutar de esparcimiento, familia, amigos, aficiones, y tenemos que descansar. En la medida que una semana de 4 días facilite este esparcimiento sin que signifique que hay más descanso porque no hay trabajo, entonces se puede tratar el asunto.

Pero si esta propuesta es porque como no hay trabajo vamos a reducir la semana laboral, pues entonces mal. Muy muy mal. Lo que hay que hacer es generar trabajo para que la gente pueda desarrollarse y para que el país y sus habitantes prosperen.

Creo que, con el paro que hay en España, las políticas del gobierno deben centrarse en posibilitar la creación de empleo. Facilitar el desarrollo de las empresas, que son las principales generadoras de empleo. Pero decir, como no hay trabajo vamos a reducir la actividad (no digo que eso se esté diciendo) es claudicar y renunciar a una obligación irrenunciable. Mi postura es que queremos trabajar. Queremos que haya trabajo y que no falte. Es mucho lo que nos perdemos si trabajamos poco. Pero bueno, es mi opinión. Hasta el jueves que viene.

Diagnosticar bien

febrero 25, 2021 6 comentarios

Después de muchos años dedicándome a la toma de decisiones, he llegado a la conclusión de que una de las características más importantes, y quizá la más importante, para tomar buenas decisiones es conocer bien la situación sobre la que se decide. Este conocimiento puede ser equivocado, correcto pero superficial o correcto y profundo.

Si el conocimiento de la situación es equivocado, cualquier decisión que sobre ella se tome será una decisión errónea, aunque los resultados sean satisfactorios. Habrán sido satisfactorios por pura casualidad y suerte, no porque se haya decidido bien.

¿Qué diferencia hay entre un conocimiento superficial y uno profundo? El conocimiento superficial de una situación es cuando se conoce lo que está pasando, pero se desconocen sus causas. Veo que están aumentando las ventas. Veo que la relación en el matrimonio se está deteriorando. Veo que mi jefe me hace poco caso. Pero uno no sabe porque está pasando todo eso y ni se lo plantea. Solo observa.

El conocimiento correcto y profundo es cuando se sabe lo que está pasando y se diagnostican bien las causas. Esto es lo importante, diagnosticar bien las causas, porque entonces se puede poner el remedio oportuno. Si no se sabe porqué pasa lo que pasa, difícilmente se puede encontrar el remedio, y si se encuentra un remedio que es acertado también habrá sido por casualidad y suerte. Mal asunto.

Hay algo más que añadir. Hay personas con una incapacidad natural de diagnosticar bien la realidad. No se enteran de lo que está pasando. Ahora me estoy acordando de una persona que era así. Hay otras personas que pueden tener un conocimiento superficial de las cosas, pero no se plantean que es necesario indagar sobre las causas. Se sienten satisfechas, pero llegan poco lejos.

En cambio, otras no se quedan tranquilas hasta que captan las causas de lo que pasa. Hasta que captan porqué pasa lo que está pasando. Estas personas son muy valiosas y hay que retenerlas en la organización. Puede que en un momento dado no sepan porque pasa lo que pasa, pero son conscientes de que no lo saben y buscan encontrar un por qué. Saben que no saben en ese momento. Lo malo es no saber que uno no sabe, que es lo que les pasa a los que diagnostican mal una situación o a los que tienen un conocimiento superficial de lo que está pasando. Hasta el jueves que viene.

Tonto y terco

febrero 18, 2021 12 comentarios

Hace unos años me topé en la vida con un tonto terco. Aprendizaje, tratar lo menos posible con este tipo de personas. El individuo en cuestión se empeñaba una y otra vez que había una cosa que no se podía hacer porque tenía un inconveniente. Era incapaz de darse cuenta que los inconvenientes de las alternativas eran aún mayores y no se podía razonar con él y hacérselo ver. Era tonto y terco.

Al respecto tengo que decir dos cosas. La primera que a todas las personas hay que intentar ayudarlas. También a los tontos tercos. Pero llega un momento que si no se puede hacer más mejor no tratar muchos asuntos con esta persona para que no te complique la vida. Pero siempre después de haber intentado ayudarle.

La segunda cosa es que cuando vemos un defecto en una persona lo primero que hay que preguntarse si no tenemos nosotros también ese defecto. Preguntarse si no soy yo más tonto y terco que mi interlocutor. Y actuar en consecuencia. Así evitaremos ser injustos con las personas y hacer juicios equivocados.

Honradamente creo que esta persona de la que hablo era más tonto y terco que yo. Pero admito que puedo estar equivocado. Hasta el jueves que viene.

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