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Archive for the ‘Consideraciones prácticas’ Category

Pensamiento crítico (II)

Se habla actualmente que la educación a todos los niveles debe contener menos memorizaciones y más competencias y desarrollo de capacidades. Yo no tengo una opinión al respecto, pero me parece que ejercitar la memoria en la gente joven no debe hacer daño.

Entre las competencias más citadas se encuentra la del pensamiento crítico”, que supongo que consiste en no dar por aceptadas todas las ideas que se te dicen, sino cuestionarlas y criticar si son válidas o no deben ser aceptadas.

Nunca se ha oído hablar tanto de pensamiento crítico, y nunca ha estado más ausente en la sociedad. A base de repetir cosas acaban por considerarse normales y cualquiera que las cuestiona es un raro antisocial, peligro público, etc. Hay que pensar lo que dicen los que deciden qué es lo que hay que pensar. Y no rechistar. Pensamiento único. Sociedad uniformada. Sociedad aborregada.

Se habla mucho de violencia machista. Violencia que yo, evidentemente, condeno. Pero, ay como a alguien se le ocurra hablar de la violencia psicológica que algunas mujeres ejercen sobre sus maridos. Violencia sutil, muy difícil de detectar y que no produce contusiones en el cuerpo. Me arriesgo a ser machacado al sacar este tema, pero a mi edad me puedo permitir el lujo de decir lo que pienso sin que me importen las descalificaciones de los que imponen el pensamiento único.

Ay cómo cuestiones el cambio climático. Ay como afirmes que sexos hay dos, hombre y mujer. Ay de como digas que no todo es relativo y que hay verdades objetivas. Pensamiento único. Sociedad aborregada. Eso sí, nunca se ha hablado tanto de pensamiento crítico, trabajo en equipo, empatía, resiliencia y un largo etcétera. Hasta el jueves que viene. PD. Sobre el cambio climático no tengo ninguna opinión.

¿Existen verdades objetivas o todo es relativo?

Trataba el otro día con un grupo de conocidos sobre si existen verdades objetivas o todo era relativo, que cada uno tiene su verdad. La opinión mayoritaria era que cada uno tiene su verdad. Toda la discusión surgía a raíz de unos versos de Machado que dicen “Tú verdad, no. La verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”

Mi tesis es que sí que existen verdades objetivas válidas para todo el mundo. Si no existiera la verdad, ni siquiera se podría afirmar que “todo es relativo” contradiciendo a los que defienden esta tesis.

La verdad existe, y se puede estar en la verdad o en el error. Que 2 + 2 = 4 es una verdad. Los que afirman que 2 + 2 = 4 están en la verdad y los que afirman que 2 + 2 es cualquier otro número están en el error.

Lo que pasa es que es muy cómodo que no haya verdades absolutas, porque así creo yo mi verdad y puedo hacer lo que me da la gana. Si no hay verdad, no hay ni bien ni mal, y todo lo que hago yo está bien, porque así lo pienso yo. Pues no, la verdad existe y yo puedo estar en la verdad o en el error. Una persona formada es una persona que está en la verdad. Se trata de que todos vayamos hacia la verdad.

Si no hay verdades absolutas ¿quién me puede argumentar que robar o matar sea malo? Los que piensen que es malo pues que no roben ni maten, pero a mi que no me impongan “su” verdad. No señores, hay verdades, cada verdad clasifica a los que están en la verdad y a los que están en el error. De ahí la importancia de la educación de la gente joven.

Dispuesto a ser machacado, por el mensaje de esta semana, pero si todo lo que hay son descalificaciones a la globalidad sin argumentaciones, será indicio de que tengo razón. En cualquier caso, el que me diga que no tengo razón estará siendo incoherente, pues afirmar que no tengo razón ya es aceptar que existe una verdad, la de que yo no tengo razón. Hasta el jueves que viene.

¿Qué opinan de mi los demás?

Menuda estupidez. Que opinen lo que quieran. Preocúpate más de ser una buena persona, un buen profesional, un buen miembro de tu familia, y los demás que opinen lo que quieran. Estamos en una cultura en donde lo que parece que vale es la opinión que tienen de uno en vez de quién uno es. A mí que un incompetente diga que yo soy un inútil es algo que me halagaría.

Esta obsesión por el que piensan los demás de uno esconde una gran inseguridad personal. Una falta de autoestima, que requiere la aprobación de los demás. Tú a lo tuyo ¿Quién quieres ser? Esfuérzate por llegar a ser quien quieras ser. De ti puede llegar a haber muchas opiniones tantas como opinadores hay en el mundo, que son muchos.

En todo caso busca la opinión que de ti tengan personas que te merezcan mucha confianza. Que sepas que no son frívolas y que quieran tu mejora. Lo que opine cualquiera que se asoma a las redes sociales es absolutamente irrelevante.

Esta obsesión por lo que opinan de uno está exacerbada por el uso de las redes sociales. Ten personalidad y evalúate tú a ti mismo. Y cada día intenta ser un poco mejor. Así se llega muy lejos. Hasta el jueves que viene.

Ser pacificadores o ser conflictivos

No hay ninguna persona que viva aislada de los demás. Todos nos relacionamos con otros. Y en estas relaciones con otras personas a veces surgen conflictos. Ante estos conflictos hay dos tipos de personas, las que echan leña al fuego y agrandan el conflicto y las que intentan pacificar las cosas.

Magnificando los conflictos no se resuelve nada, sino que se genera malestar y animadversión. Intentar solucionarlos es una actitud más positiva.

Qué tipo de persona uno es, pacificador o conflictivo, suele depender, entre otras cosas, de si uno es soberbio o humilde. El soberbio ve en todo agravios personales y tiende a hacer más grandes los conflictos. El pacificador suele ser una persona magnánima que sabe pasar por alto las diferencias que hay entre unos y otros

El ser pacificador no significa que uno tenga que aguantarse ante las injusticias. Todo lo contrario, un pacificador consigue que las relaciones entre unos y otros sean de justicia. Es precisamente el conflictivo el que se encuentra a gusto en las situaciones de injusticia. Ahí es donde encuentra justificación para sembrar discordia. El pacificador, ante la injusticia hace lo posible para revertir la situación.

Hay personas que caen bien a todo el mundo y personas que caen mal ¿por qué será? ¿Tú qué tipo de persona eres? Hasta el jueves que viene.

Vivimos en un polvorín

Antes de que estallara la pandemia solía terminar algunas de las conferencias que me pedían diciendo que actualmente el mundo está en un polvorín. La globalización, las telecomunicaciones, los desarrollos tecnológicos, etc. han acortado las distancias entre todos nosotros.

Normalmente no tiene por qué haber accidentes, pero cuando hay un accidente de moto como mucho muere una persona. Si es de coche pueden morir dos o tres. De autobús, las muertes son diez o doce, y si es de avión se cuentan por centenares. Pero ya digo, no suele haber accidentes.

Lo mismo le pasa al mundo. Normalmente no pasa nada, pero cuando pasa, conforme estamos más interconectados, las crisis son más profundas y de efectos más devastadores. Basta ver cómo eran las crisis económicas de la segunda mitad del siglo pasado y cómo están siendo las de este siglo. Todos tan interconectados y el mundo tan globalizado es como si todos viajáramos en un avión.

En este siglo ha aparecido a escala global el terrorismo islámico. La crisis iniciada en el 2008 no tenía precedentes que alguien recordara. Después la pandemia ¿Qué será lo próximo? No se sabe, pero como afectará a un mundo interconectado será muy grande.

Dos datos. A mitad del mes de mayo, un ciberataque cortó el suministro de petróleo en buena parte de Estados Unidos. A principios de este mes de junio, otro ciberataque a las plantas en Estados Unidos de una empresa brasileña (JBS) de proceso de productos cárnicos ha forzado el cierre de dichas plantas, donde se procesa el 20% de la carne que se consume en ese país.

¿Qué será lo próximo? Yo no lo sé, no soy adivino, pero me aventuro a pronosticar dos posibles crisis importantes. O bien un ciberataque masivo (imagínense que alguien borra toda la información contable de algunos importantes bancos a nivel mundial). Otra posible crisis a nivel mundial podría ser un levantamiento social producido por las desigualdades y la mezcla de inmigrantes procedentes del mundo subdesarrollado con el opulento primer mundo, con consecuencias imprevisibles. En otra ocasión daré mi opinión sobre la inmigración.

Hemos colocado el mundo sobre un polvorín. Creo que todo es cuestión de tiempo. Hasta el jueves que viene.

Menores en acogida

Ayer, en Radio Nacional de España, a eso de las 9.15 de la mañana entrevistaban a Mónica Oltra. Mónica es la actual vicepresidenta, portavoz y consejera de Igualdad y Políticas Inclusivas de la Generalitat Valenciana. El entrevistador, que me parece que era Iñigo Alfonso, le preguntó cuál era el coste para la Generalitat de un niño en un centro de acogida. La entrevistada dijo que 130 euros diarios.

Me quedé de piedra. 3900 euros mensuales cuesta al erario público cada niño de acogida. La entrevistada aclaró que esto era tanto para los menores extranjeros no acompañados (MENAS) como para los niños locales sin familia.

Me pregunto ¿no se podría ofrecer dicho servicio a un coste menos para las arcas públicas? Con tanto paro como hay en España ¿No se podría dar 2000 euros por cada familia que acogiera a uno de estos niños? Uno de los cabezas de estas familias, que estuviesen en paro, podría ser contratado por la Generalitat pagándoles 2000 euros mensuales (seguridad social incluida) y que se hiciera cargo del niño. La única función de la Generalitat sería asegurarse que estas familias acogen adecuadamente al niño. Un niño siempre estará mejor en una familia que en un centro de acogida.

Otra posibilidad sería privatizar los centros de acogida. Seguro que hay personas con capacidad de organizar ese servicio con un coste muy inferior. Otra vez, la única función de las autoridades sería velar porque estas empresas ofrecieran adecuadamente el servicio. Una tercera posibilidad sería hacer lo mismo la Generalitat Valenciana, pero de un modo más eficiente, a un menor coste. Quizá esto sea mucho pedir.

Con 3900 euros al mes se pueden hacer muchas cosas. Lo sorprendente también es que susodicha vicepresidenta y portavoz diera ese dato sin pestañear. Como si fuera la cosa más normal del mundo. Menudo despilfarro.

Que no se entienda el mensaje de esta semana como que estoy en contra de los MENAS o de los niños de acogida. Todo lo contrario. Lo que me causa gran perplejidad es semejante despilfarro. Hasta el jueves que viene

Esperanza de vida

He leído hace pocos días la noticia de que en el 2020 ha disminuido la esperanza de vida de los españoles en un año y medio con respecto al año anterior ¿Significa esto que esperamos vivir un año y medio menos de los que esperábamos vivir un año antes? Ni mucho menos. Sobre lo que es la esperanza de vida hay mucha confusión.

La “esperanza de vida al nacer” de una población en un año, es el promedio de las edades que tenían al morir las personas de esa población que murieron en ese año. Es decir, que el promedio de edad de las personas que murieron en 2020 fue un año y medio menos que el promedio de las edades de las personas que murieron en 2019.

La esperanza de vida tiene poco que ver con lo que espera uno vivir. Una persona que nace este año tiene una esperanza de vida mayor de lo que indica la “esperanza de vida”, pues para cuando le llegue la vejez dentro de muchas décadas, posiblemente la esperanza de vida haya aumentado mucho por los continuos avances de la medicina.

Resulta cómico decirle a una persona de 90 años que tiene una esperanza de vida de 84 años. La esperanza de vida a los 90 años en un año dado es el promedio de las edades que tenían los que murieron con 90 años o más durante ese año.

Con este post no quiero frivolizar ni mucho menos, sino explicar un concepto sobre el que hay mucha confusión. Mis condolencias a todos los que han perdido seres queridos en este último año por el dichoso virus. Hasta el jueves que viene.

Pedir consejo

Ante situaciones importantes, pedir consejo sobre el modo de actuar es una elemental norma de prudencia. Pero también lo es el saber a quien pedir este consejo. No todo el mundo vale. El consejo hay que buscarlo en alguien que te aprecie. Si importas poco a la persona a la que pides consejo, poco interés tendrá en darte un buen consejo. También es importante que la persona a la que acudas sepa algo de aquello sobre lo que te aconseja.

Otra característica es que la persona a la que acudas a pedir consejo no tenga un interés particular en que actúes de una manera o de otra. Pues sino podría intentar influirte en una dirección beneficiosa para esta persona.

Es fundamental también que quien te aconseje este dispuesto a que no sigas su consejo. En caso contrario no sería un consejo sino una orden. Por eso cuando a mi acude alguien pidiendo mi parecer y consejo sobre un asunto, le digo que yo nunca doy consejos, que hago reflexiones para que se tengan más elementos para tomar una decisión, y que por supuesto, no tiene porqué hacer caso a las reflexiones que le hago.

Hay personas que por alguna razón conocen que te encuentras en una situación que tienes que decidir como actuar, y se apresuran a darte un consejo. Cuidado con estas personas. Si reúnen las características anteriores, adelante escúchalas, pero si no ojo. Recuerdo un par de situaciones, en ambas el protagonista era un jubilado que se creía en la obligación de decir a un joven en un caso y a una joven en otro, cómo actuar. Y resulta que la actividad profesional sobre la que aconsejaban era valida cuarenta años antes, pero que en ese momento todo había cambiado y de lo que estaban hablando era de reliquias dinosáuricas.

A pesar de lo dicho en el párrafo anterior, hay que valorar en mucho las reflexiones y consejos de las personas más experimentadas, que suelen ser las de más edad. Pero ojo cuando estas hablan de añoranzas. Hasta el jueves que viene.

Amabilidad, Profesionalidad y Servicio

El otro día fui a la misma relojería donde cada cuatro o cinco años me cambian la pila del reloj. Me atendió un señor que no había visto en anteriores veces. Le expliqué que el reloj se me había parado y que no creía que esta vez fuera la pila, porque la había cambiado hacía un año. Apenas lo vio me dijo que el reloj estaba estropeado. Lo cuál era una obviedad, pues por eso se lo llevaba. Le tuve que pedir si me lo podía arreglar, lo cuál debía ser innecesario, pues era evidente que para eso me acercaba a la relojería.

Lo abrió y lo manipuló durante un minuto. Minuto en el que le pregunté si la pila funcionaba y qué le pasaba al reloj. Me dijo que la pila funcionaba y que estaba mal puesta. Le dije que me la habían puesto en esa tienda a lo que él respondió con un rotundo “no”. Era cierto que me la habían puesto en esa tienda, pues es la única relojería que he pisado en los últimos 25 años.

Ante semejante personalidad preferí no aclarárselo para no empezar una innecesaria discusión. Le pregunté cuanto costaba la reparación, me dijo que 5 euros, se los pagué y me fui tras despedirme.

Mientras salía pensé, qué fácil le habría sido ser amable. Que poco hubiera hecho falta para que yo saliera contento de la tienda en vez de molesto, y sobre todo qué fácil le hubiera sido a esta persona ser un buen profesional. No dudo de su competencia como reparador de relojes, pero su trato con los clientes dejaba mucho que desear. Me dije, Miguel Angel, tú tienes que ser un buen profesional. No puedes ser como este relojero. Tienes que conocer bien los entresijos de tu actividad como profesor, y tienes que tratar a la gente con amabilidad y con actitud servicial. Algo que me recomiendo no solo a mí, sino a todos los lectores del blog. Seremos muy buenos profesionales y muy buenas personas. Hasta el jueves que viene.

Lo sabe todo, absolutamente todo

Vivimos en un mundo de incertidumbre, donde muchas cosas las sabemos, por ejemplo, cómo nos llamamos, donde vivimos, qué edad tenemos etc., pero sobre otras solo podemos tener una opinión más o menos fundada y sobre las que podemos estar abiertos a cambiar de opinión.

Es muestra de inteligencia dudar de esas cosas de las que es muy difícil estar absolutamente seguros. Aun así, hay personas que cuando piensan algo adquieren una seguridad cien por cien de que es cierto. Poco inteligentes son este tipo de personas. En primer lugar, porque esa misma seguridad les impide aprender. Si están totalmente seguros de algo ya no pueden cambiar de opinión.

Tengo un amigo, bastante inteligente, por cierto, que decía “Ya me gustaría estar seguro de algo como algunas personas lo están de todo”. Me parece que fue Unamuno al que se le atribuye la frase “Lo sabe todo, absolutamente todo. Figúrense lo tonto que es”.

Muestra de inteligencia, sensatez y prudencia es considerar que uno puede estar equivocado. Esto le posibilita buscar, confirmarse en sus opiniones o cambiarlas en función de lo que vaya encontrando. El que cree que siempre está en lo cierto, se incapacita para salir de sus errores. Yo me divierto mucho cuando me encuentro alguna persona así. Feliz Semana Santa.

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