Archivo

Archive for the ‘Consideraciones prácticas’ Category

Pedir consejo

Ante situaciones importantes, pedir consejo sobre el modo de actuar es una elemental norma de prudencia. Pero también lo es el saber a quien pedir este consejo. No todo el mundo vale. El consejo hay que buscarlo en alguien que te aprecie. Si importas poco a la persona a la que pides consejo, poco interés tendrá en darte un buen consejo. También es importante que la persona a la que acudas sepa algo de aquello sobre lo que te aconseja.

Otra característica es que la persona a la que acudas a pedir consejo no tenga un interés particular en que actúes de una manera o de otra. Pues sino podría intentar influirte en una dirección beneficiosa para esta persona.

Es fundamental también que quien te aconseje este dispuesto a que no sigas su consejo. En caso contrario no sería un consejo sino una orden. Por eso cuando a mi acude alguien pidiendo mi parecer y consejo sobre un asunto, le digo que yo nunca doy consejos, que hago reflexiones para que se tengan más elementos para tomar una decisión, y que por supuesto, no tiene porqué hacer caso a las reflexiones que le hago.

Hay personas que por alguna razón conocen que te encuentras en una situación que tienes que decidir como actuar, y se apresuran a darte un consejo. Cuidado con estas personas. Si reúnen las características anteriores, adelante escúchalas, pero si no ojo. Recuerdo un par de situaciones, en ambas el protagonista era un jubilado que se creía en la obligación de decir a un joven en un caso y a una joven en otro, cómo actuar. Y resulta que la actividad profesional sobre la que aconsejaban era valida cuarenta años antes, pero que en ese momento todo había cambiado y de lo que estaban hablando era de reliquias dinosáuricas.

A pesar de lo dicho en el párrafo anterior, hay que valorar en mucho las reflexiones y consejos de las personas más experimentadas, que suelen ser las de más edad. Pero ojo cuando estas hablan de añoranzas. Hasta el jueves que viene.

Amabilidad, Profesionalidad y Servicio

El otro día fui a la misma relojería donde cada cuatro o cinco años me cambian la pila del reloj. Me atendió un señor que no había visto en anteriores veces. Le expliqué que el reloj se me había parado y que no creía que esta vez fuera la pila, porque la había cambiado hacía un año. Apenas lo vio me dijo que el reloj estaba estropeado. Lo cuál era una obviedad, pues por eso se lo llevaba. Le tuve que pedir si me lo podía arreglar, lo cuál debía ser innecesario, pues era evidente que para eso me acercaba a la relojería.

Lo abrió y lo manipuló durante un minuto. Minuto en el que le pregunté si la pila funcionaba y qué le pasaba al reloj. Me dijo que la pila funcionaba y que estaba mal puesta. Le dije que me la habían puesto en esa tienda a lo que él respondió con un rotundo “no”. Era cierto que me la habían puesto en esa tienda, pues es la única relojería que he pisado en los últimos 25 años.

Ante semejante personalidad preferí no aclarárselo para no empezar una innecesaria discusión. Le pregunté cuanto costaba la reparación, me dijo que 5 euros, se los pagué y me fui tras despedirme.

Mientras salía pensé, qué fácil le habría sido ser amable. Que poco hubiera hecho falta para que yo saliera contento de la tienda en vez de molesto, y sobre todo qué fácil le hubiera sido a esta persona ser un buen profesional. No dudo de su competencia como reparador de relojes, pero su trato con los clientes dejaba mucho que desear. Me dije, Miguel Angel, tú tienes que ser un buen profesional. No puedes ser como este relojero. Tienes que conocer bien los entresijos de tu actividad como profesor, y tienes que tratar a la gente con amabilidad y con actitud servicial. Algo que me recomiendo no solo a mí, sino a todos los lectores del blog. Seremos muy buenos profesionales y muy buenas personas. Hasta el jueves que viene.

Lo sabe todo, absolutamente todo

Vivimos en un mundo de incertidumbre, donde muchas cosas las sabemos, por ejemplo, cómo nos llamamos, donde vivimos, qué edad tenemos etc., pero sobre otras solo podemos tener una opinión más o menos fundada y sobre las que podemos estar abiertos a cambiar de opinión.

Es muestra de inteligencia dudar de esas cosas de las que es muy difícil estar absolutamente seguros. Aun así, hay personas que cuando piensan algo adquieren una seguridad cien por cien de que es cierto. Poco inteligentes son este tipo de personas. En primer lugar, porque esa misma seguridad les impide aprender. Si están totalmente seguros de algo ya no pueden cambiar de opinión.

Tengo un amigo, bastante inteligente, por cierto, que decía “Ya me gustaría estar seguro de algo como algunas personas lo están de todo”. Me parece que fue Unamuno al que se le atribuye la frase “Lo sabe todo, absolutamente todo. Figúrense lo tonto que es”.

Muestra de inteligencia, sensatez y prudencia es considerar que uno puede estar equivocado. Esto le posibilita buscar, confirmarse en sus opiniones o cambiarlas en función de lo que vaya encontrando. El que cree que siempre está en lo cierto, se incapacita para salir de sus errores. Yo me divierto mucho cuando me encuentro alguna persona así. Feliz Semana Santa.

No tengo tiempo

Hay personas que ante una propuesta dicen “no tengo tiempo”. A mi esto siempre me ha parecido una tontería. Todos disponemos de la misma cantidad de tiempo, en concreto de 24 horas cada día. Este recurso está repartido a todos por igual. Lo que están diciendo es que “no tengo tiempo para eso que me propones”, o lo que es lo mismo “eso que me propones no está entre mis prioridades”, porque las 24 horas del día las llenamos con lo que son nuestras prioridades, y lo que no cabe pues se deja sin hacer.

También hay quien dice “con todo lo que tengo que hacer necesitaría que se me alargara el día”. Otra tontería, si se nos alargara el día haríamos más cosas y siempre nos encontraríamos con falta de tiempo, aparte que el tiempo es ilimitado, hasta que nos muramos tenemos disponible una sucesión de horas una de tras de otra, así que qué significa “disponer de más tiempo”.

Yo lo que creo es que a muchos nos falta orden. Orden que nos haría aprovechar mejor el tiempo y quejarnos menos. Y ¡ojo con el estrés. Hay que saber disfrutar de momentos de relajación y no ir de cabeza todo el día. Hasta el jueves que viene.

Semana laboral de 4 días

Se hablaba hace unos días en España de la conveniencia de tener una semana laboral de 4 días. Es lo que proponían algunos políticos. Mi opinión al respecto es que la prosperidad de un país depende en buena medida del trabajo de la gente, y que por lo tanto a menos trabajo menos prosperidad. Aunque esta idea hay que matizarla.

Creo que el gobierno debe centrarse en facilitar que las empresas creen puestos de trabajo. Que haya actividad. La gente quiere trabajar. Queremos trabajar por muchas y diversas razones. La primera y más básica porque necesitamos de recursos económicos, un sueldo a final de mes, para poder vivir dignamente. También porque con el trabajo desarrollamos las capacidades que tenemos, crecemos como personas. También el trabajo es lugar de encuentro con otras personas, lo cual siempre es enriquecedor. Y finalmente porque con nuestro trabajo contribuimos a la mejora del mundo.

Suficientes razones para querer que se fomente el trabajo. Evidentemente el trabajo requiere descanso. Tenemos que disfrutar de esparcimiento, familia, amigos, aficiones, y tenemos que descansar. En la medida que una semana de 4 días facilite este esparcimiento sin que signifique que hay más descanso porque no hay trabajo, entonces se puede tratar el asunto.

Pero si esta propuesta es porque como no hay trabajo vamos a reducir la semana laboral, pues entonces mal. Muy muy mal. Lo que hay que hacer es generar trabajo para que la gente pueda desarrollarse y para que el país y sus habitantes prosperen.

Creo que, con el paro que hay en España, las políticas del gobierno deben centrarse en posibilitar la creación de empleo. Facilitar el desarrollo de las empresas, que son las principales generadoras de empleo. Pero decir, como no hay trabajo vamos a reducir la actividad (no digo que eso se esté diciendo) es claudicar y renunciar a una obligación irrenunciable. Mi postura es que queremos trabajar. Queremos que haya trabajo y que no falte. Es mucho lo que nos perdemos si trabajamos poco. Pero bueno, es mi opinión. Hasta el jueves que viene.

Diagnosticar bien

febrero 25, 2021 6 comentarios

Después de muchos años dedicándome a la toma de decisiones, he llegado a la conclusión de que una de las características más importantes, y quizá la más importante, para tomar buenas decisiones es conocer bien la situación sobre la que se decide. Este conocimiento puede ser equivocado, correcto pero superficial o correcto y profundo.

Si el conocimiento de la situación es equivocado, cualquier decisión que sobre ella se tome será una decisión errónea, aunque los resultados sean satisfactorios. Habrán sido satisfactorios por pura casualidad y suerte, no porque se haya decidido bien.

¿Qué diferencia hay entre un conocimiento superficial y uno profundo? El conocimiento superficial de una situación es cuando se conoce lo que está pasando, pero se desconocen sus causas. Veo que están aumentando las ventas. Veo que la relación en el matrimonio se está deteriorando. Veo que mi jefe me hace poco caso. Pero uno no sabe porque está pasando todo eso y ni se lo plantea. Solo observa.

El conocimiento correcto y profundo es cuando se sabe lo que está pasando y se diagnostican bien las causas. Esto es lo importante, diagnosticar bien las causas, porque entonces se puede poner el remedio oportuno. Si no se sabe porqué pasa lo que pasa, difícilmente se puede encontrar el remedio, y si se encuentra un remedio que es acertado también habrá sido por casualidad y suerte. Mal asunto.

Hay algo más que añadir. Hay personas con una incapacidad natural de diagnosticar bien la realidad. No se enteran de lo que está pasando. Ahora me estoy acordando de una persona que era así. Hay otras personas que pueden tener un conocimiento superficial de las cosas, pero no se plantean que es necesario indagar sobre las causas. Se sienten satisfechas, pero llegan poco lejos.

En cambio, otras no se quedan tranquilas hasta que captan las causas de lo que pasa. Hasta que captan porqué pasa lo que está pasando. Estas personas son muy valiosas y hay que retenerlas en la organización. Puede que en un momento dado no sepan porque pasa lo que pasa, pero son conscientes de que no lo saben y buscan encontrar un por qué. Saben que no saben en ese momento. Lo malo es no saber que uno no sabe, que es lo que les pasa a los que diagnostican mal una situación o a los que tienen un conocimiento superficial de lo que está pasando. Hasta el jueves que viene.

Tonto y terco

febrero 18, 2021 12 comentarios

Hace unos años me topé en la vida con un tonto terco. Aprendizaje, tratar lo menos posible con este tipo de personas. El individuo en cuestión se empeñaba una y otra vez que había una cosa que no se podía hacer porque tenía un inconveniente. Era incapaz de darse cuenta que los inconvenientes de las alternativas eran aún mayores y no se podía razonar con él y hacérselo ver. Era tonto y terco.

Al respecto tengo que decir dos cosas. La primera que a todas las personas hay que intentar ayudarlas. También a los tontos tercos. Pero llega un momento que si no se puede hacer más mejor no tratar muchos asuntos con esta persona para que no te complique la vida. Pero siempre después de haber intentado ayudarle.

La segunda cosa es que cuando vemos un defecto en una persona lo primero que hay que preguntarse si no tenemos nosotros también ese defecto. Preguntarse si no soy yo más tonto y terco que mi interlocutor. Y actuar en consecuencia. Así evitaremos ser injustos con las personas y hacer juicios equivocados.

Honradamente creo que esta persona de la que hablo era más tonto y terco que yo. Pero admito que puedo estar equivocado. Hasta el jueves que viene.

Ya para terminar

febrero 11, 2021 8 comentarios

Una de las cosas que nos distingue a las personas del resto de los animales y seres es nuestra capacidad de hablar. El lenguaje. No lo valoramos porque lo vemos tan natural y habitual. Pero es algo muy importante. Los animales, como mucho se comunican con ruidos y señales. Imaginad cómo sería nuestra vida si solo pudiéramos comunicarnos así, con ruidos y señales.

Para que haya comunicación hace falta que funcionen bien tres elementos: el emisor, el receptor y el mensaje. El emisor tiene que emitir lo que quiere decir de un modo correcto. Si lo que dice es “moa moa moá” por ejemplo, eso no se entiende. Solo si eres de cierta parte de España entiendes que te dicen “Nos vamos a mojar”. Por otro lado, el receptor tiene que captar bien el mensaje. Si el emisor emite bien y el receptor no capta lo que dice, no hay comunicación. Y finalmente el mensaje tiene que ser inteligible. Si lo que se dice es “Proscongos celayapos”, aquí nadie entiende lo que se quiere decir.

Todo esto aplicado a cuando se habla en público implica varias cosas. Una es tener claro lo que se quiere decir. Frases breves. Pocas ideas, ejemplos. Cuidar el lenguaje corporal y el contacto visual. Un buen comunicador capta si el público sigue con interés el discurso o si han desconectado. El mal comunicador se contenta con prestar atención a lo que tiene que decir sin interesarse si el público está captando con interés lo que se dice.

El objetivo de la comunicación es que el receptor capte lo que se quiere comunicar. No que el mensaje sea claro. Por muy claro que sea el mensaje si el público no lo capta no sirve para nada.

Una última consideración. Ojo cuando alguien que habla en público dice “ya para terminar…” suele ser una advertencia de que todavía le queda mucho rollo. El buen comunicador simplemente termina. Bueno, ya para terminar,…hasta el jueves que viene.

Más sobre educación

Hablaba la semana pasada de lo importante que es la actividad docente a nivel primaria, secundaria e infantil. Hoy voy a centrarme brevemente en dar mi opinión sobre los contenidos de esa actividad. Cierto que se me ha encendido la luz de hablar sobre esto al ver un video sobre este tema. Video que podéis encontrar al final del mensaje. Es una conferencia reciente de Alfonso Aguiló.

La educación, la actividad formativa debe, evidentemente contener aspectos técnicos. Los estudiantes deben aprender matemáticas, idiomas, informática, etc. Sin eso poco lejos llegarán. Pero no se puede descuidar la formación en dimensiones que no se estudian en los libros. Formarse en su dimensión de persona. Capacidad, en sus actuaciones, de tener en cuenta a los demás. Apertura mental para respetar opiniones diversas. Capacidad de cambiar de opinión cuando uno de se cuenta que hay opciones mejores sin aferrarse testarudamente a una opinión inicial. Capacidad de darse cuenta de que puede haber opciones mejores a las que inicialmente tenemos. Comprender los puntos de vista de los demás.

Todo este tipo de aspectos más allá de los conocimientos técnicos son muy importantes para saber conducirse bien en la vida. Estos aspectos requieren por parte de los educadores fomentar en los alumnos la capacidad de razonar sobre las consecuencias de sus actitudes y decisiones, así como de adquirir las virtudes para poder desarrollar esas capacidades. Entender que una cosa es buena es una cosa, y ponerla en práctica es otra muy distinta. Son las virtudes las que me permiten poner en práctica eso que entiendo que es bueno.

Recomiendo ver este video que os dejo, que va mucho más allá de lo que digo en este mensaje. Hasta el jueves que viene.

2020 y 2021

A finales de año y principios de este todos nos hemos felicitado el año nuevo, y más o menos nos hemos dicho que 2021 sea mejor que el 2020. Que el 2020 es un año para olvidar. Después de escucharlo muchas veces me he parado a pensar que estamos siendo muy negativos. Que en el 2020 también han ocurrido cosas muy buenas. Voy a glosarlo.

Primero dar mis condolencias a todos los que han perdido familiares y personas queridas por el virus. También a todos los que han sufrido seriamente la enfermedad. Dicho esto, y sin minusvalorarlo, seamos positivos y pensemos las muchas cosas buenas que nos han ocurrido este 2020. Cosas buenas en sí y cosas buenas causadas por la pandemia.

Los periodos de confinamiento a mi me han servido para leer mucho, cosa que no habría hecho en la misma medida en situaciones normales. He aprendido muchas nuevas metodologías docentes. He aprendido a dar clases y conferencias desde mi despacho. He podido estar más tiempo con los míos. He podido meditar y contemplar más de lo que lo hacía antes. En fin, muchas cosas.

Lo que quiero decir con este mensaje es que dejemos de ver las cosas negativas, que han sido muchas, y empecemos a centrarnos en la positivas. Si estando triste se solucionara algún problema mi consejo sería que te entristezcas, pero como no soluciona nada, es más empeora el ambiente en el que nos movemos, mi consejo es optimismo y saber ver las oportunidades que nos proporciona todo lo que estamos viviendo. Hasta el jueves que viene. Os dejo un video que actualiza el índice de situación de la pandemia.

A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: