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Archive for the ‘Consideraciones prácticas’ Category

¿Inteligencia o esfuerzo?

septiembre 17, 2020 12 comentarios

consejosNo sé por qué motivo, recientemente algunas familias, especialmente las madres, me están pidiendo que oriente a sus hijos, bien a los de bachillerato sobre qué seguir estudiando, bien a universitarios y recién graduados sobre su futuro profesional. Para empezar a orientar, una cosa que les digo es que piensen cómo se ven a 10 años vista, de allí surge la conversación y siguen las reflexiones. En general, si les veo ilusionados con algo les animo vivamente a que lo persigan, salvo que sea patente que no tienen las capacidades para llevarlo a cabo.

Otra cosa que me parece útil para los jóvenes y para todo el mundo es hablarles de la importancia de la constancia y del esfuerzo. Lo vi cuando estudiaba la carrera. Allí me encontré gente muy muy inteligente, y gente menos inteligente pero muy trabajadora. Las mejores notas se las llevaban los que estudiaban todos los días. A los más inteligentes, aunque se sacaron sobradamente la carrera, no les fue también.

Este último consejo sirve para los estudios y para todos los momentos de la vida. Si hay que elegir entre alguien inteligente o alguien trabajador, a por el trabajador. Evidentemente, siempre que tenga las cualidades necesarias para desempeñar lo que hay que hacer.

El refrán “más vale maña que fuerza” es útil para alguna acción determinada. Pero para conducirse por la vida más vale constancia y esfuerzo que inteligencia. Lo bueno del caso es que sobre la inteligencia poco se puede hacer, uno tiene la que tiene y ya está. Pero la constancia y el esfuerzo depende mucho más de nosotros mismos, de que nos lo propongamos.

El que me pidan estos consejos a mí me enriquece mucho. Me hace sentirme útil, me hace estrechar relaciones de amistad con estas familias y me pone en contacto con gente joven, lo cual siempre es rejuvenecedor. Buen inicio del curso y hasta el jueves que viene.

No hay que alarmarse

septiembre 3, 2020 27 comentarios

coronavirusSe están detectando ahora en España unos 6.000 casos nuevos de coronavirus por día. Una barbaridad. El máximo a finales de marzo fue de unos 9.000 en un día. Estamos acercándonos a unos números similares a los de marzo o abril.

No saquemos las cosas de quicio. No está pasando nada alarmante. En España se mueren 1.100 personas al día, de ellas 370 son por problemas en el sistema circulatorio, 150 por enfermedades del sistema respiratorio. Ahora se están muriendo un promedio de 20 por el dichoso virus. ¿No está habiendo una injustificada alarma?

Alguien dirá que los 6000 nuevos infectados por día es alarmante. Casi tantos como en el momento más álgido a primeros del pasado abril. Alarma. ¿Pero, por qué se detectan tantos? Pues simplemente porque se están haciendo una infinidad de tests.  La pasada primavera solo se detectaban los que tenían dolencias serias. Entonces sí que el asunto era serio. Pero ahora no lo es.

¿Por qué hay esta alama social? Pues la alarma se produce porque los medios no paran de hablar del tema. Cada telediario los primeros 20 minutos son sobre el tema. Si se dejara de hablar del tema no habría esta alarma y llevaríamos una vida más normal.

Pasa con los suicidios. Cada día se suicidan en España un promedio de 10 personas. Hay un acuerdo tácito de no informar sobre ellos para no inducir al suicidio a otras personas. ¿No se podría llegar a un acuerdo de informar menos sobre el virus?.

Algunos se escandalizarán por el mensaje de esta semana, como ya lo hicieron del mensaje que escribí hace tres meses. No quiero decir que no haya que ocuparse del tema, como hay que preocuparse de curar los canceres e intentar evitar los suicidios. Pero el virus no puede paralizar nuestras vidas. Ocuparnos, pero no paralizarnos. Evidentemente debemos tomar las medidas que piden los que saben del tema, pero no obsesionarnos.

Todo el mensaje de esta semana es compatible con mis condolencias hacia las personas que han perdido algún familiar por el virus. Feliz inicio de curso (nunca mejor deseado) y hasta el jueves que viene.

graficas virus españa

Gente feliz y gente amargada

familiaEl otro día durante una caminata en la montaña aprovechando las vacaciones, comiendo un bocadillo y disfrutando de un refresco, recostado en una suficientemente cómoda piedra, y a la sombra de un árbol, contemplando la naturaleza, experimenté una agradabilísima sensación de paz y felicidad. Empecé a reflexionar sobre lo poco que hace falta para ser feliz.

A lo largo de mi ya no corta vida me he topado con muchos tipos de personas de muy distintos niveles profesionales y económicos. De todos he procurado aprender. He visto personas y familias con muy pocos medios económicos, que eran muy felices. También me he topado con personas a las que les sale el dinero por las orejas y están amargados y en un estado de permanente enfado. También he visto pobres atormentados y ricos felices.

Lo que quiero decir es que para ser feliz hace falta muy poco, y lo que hace falta está al alcance de todo el mundo. No hay que ser rico. Basta con ser suficientemente inteligente para saber aprovechar los detalles del día a día. Disfrutar de una conversación con buenos amigos, de un paisaje, de la lectura de un libro, de estar en casa con los tuyos sin ningún objetivo más allá que el de estar.

Si una persona para sentirse bien necesita unas vacaciones sofisticadas, emociones intensas, demostrar lo que se es capaz de hacer, estar hiperconectado, estar a la última moda, etc., entonces esta persona es muy dependiente. Le falta personalidad. Una vida así es agotadora. No es extraño el permanente enfado en que uno se encuentra. Si sabes disfrutar de las continuas pequeñas ocasiones que ofrece la vida, entonces puedes estar viviendo una vida muy intensa. Así de barato y así de sencillo. Bueno, esta es mi opinión y lo que he visto en mucha gente. Feliz final de vacaciones y hasta el principio de curso la semana que viene.

No nos dejemos engañar

Hace unos días se publicó en los medios que “Las ventas del sector servicios crecen en mayo un 15%”. Este tipo de noticias hay que leerlas con mucho cuidado. Una lectura superficial puede dar a entender que el sector servicios va viento en popa. Pero hay que tener en cuenta que los dos meses anteriores ese mismo sector sufrió unos descensos del 22% y el 26%.

Por otro lado, si una empresa o un sector bajan sus ventas un mes un 50% y al mes siguiente suben un 50%, uno puede pensar que se han quedado igual que antes y ponerse muy contento. Esto no es cierto. Supongamos que el nivel de ventas es de 100. Si en un mes baja el 50% es que las ventas están en 50. Si al mes siguiente sube un 50%, entonces se sitúan en 75 (el 50% de 50 es 25). Así que al final de esa subida y bajada del 50% las ventas son un 25% menores.

Cuando hay datos no es muy difícil presentarlos de modo que digan lo que uno quiera que digan. Por ejemplo, el número de hombres fallecidos por Covid de enero a mayo es muy similar al número de mujeres. Esto es cierto. Pero también es cierto que el virus ha tenido más incidencia mortal entre los hombres que entre las mujeres. Parece paradójico, pero es así.

También es posible que el precio medio de los pisos de todas las provincias de una comunidad autónoma bajen y sin embargo el precio medio de los pisos en esa comunidad autónoma suban. Alguien dirá que esto es imposible. pues no, es perfectamente posible.

Hay que tener cuidado cuando se utilizan datos porque pueden decir lo que queramos que digan dependiendo de qué aspecto de los datos mostramos. Hasta el jueves que viene, y que alguien en los comentarios explique las paradojas.

Hablar y actuar

En algún mensaje de hace años hablé de que las personas nos comunicamos con los hechos y no con nuestras palabras. En función de cómo actuamos, la gente se hará una idea de cómo somos. Una empresa cuyos jefes no paran de decir que las personas son lo más importante en esa organización, pero luego no respetan los horarios laborales y hacen trabajar hasta mucho después de la hora de salida, es una empresa cuyos jefes no tendrán ninguna credibilidad entre su gente.

Nos comunicamos, no con las palabras sino con los hechos. Nuestras palabras son una medida de nuestra hipocresía: la gente verá cómo actuamos, y si lo que decimos es coherente con nuestro modo de actuar, la gente se fiará de nosotros. Pero si nuestro discurso va por un lado y nuestras actuaciones por otro entonces problema.

Malo cuando una persona tiene que aclarar algo. Malo cuando hay que decir que somos honrados. Malo cuando una empresa tiene que decir que cumple con las leyes. Si esas cosas ya las hacemos nuestras actuaciones lo dejarán bien claro y si lo tenemos que aclarar es que nuestras actuaciones son problemáticas. Nos comunicamos con los hechos y no con las palabras. Hasta el jueves que viene. Os dejo un tercer video sobre toma de decisiones en entornos VUCA.

Felicidad y egoismo

Si hay algo común en todas las personas es que todos queremos ser felices y todos buscamos la felicidad. No hay ninguna persona que quiera ser desgraciada. Otra cosa es que discrepemos sobre en qué consiste la felicidad y los modos para alcanzarla. Pero todo el mundo quiere ser feliz.

Cuando tratamos a las personas, vamos conociéndolas poco a poco, y cuanto más las tratamos mejor las conocemos. De una persona que hemos tratado mucho podemos decir si es simpática o antipática, más o menos inteligente. Trabajadora, vaga, caradura, etc. Esto no significa que las juzguemos, pues no somos quien para juzgar a nadie. Pero lo que es cierto que a las personas las vamos conociendo y nos vamos haciendo una imagen de cómo son.

¿A qué vienen estas dos ideas tan poco relacionadas, el interés por alcanzar la felicidad y el conocimiento de las personas? Pues a que el otro día cuando estaba pensando en estas cosas, a mí me gusta pensar en soledad, a la sombra de un árbol en un banco de algún parque, cuando estaba pensando estas cosas, me dí cuenta que las personas que conozco que son más felices son las personas menos egoístas, son personas que están pensando en los demás, el como ayudarles y en cómo facilitarles la vida. Y, por el contrario, las personas más infelices son las que buscan la felicidad pensando continuamente que es lo mejor para ellos. Personas egoístas y que, paradójicamente, cada vez se les ve más desgraciadas. Buscan lo que quieren allí donde no está.

No juzgo a nadie porque no soy quién para hacerlo, pero es una cosa sobre la que reflexionaba el otro día, por si te da que pensar. Hasta el jueves que viene.

¿Qué tipo de persona eres?

Una de las entradas que más visitas recibe este blog es una que publiqué en diciembre de 2012 y titulaba “El arte de vivir amargados”. El contenido de ese mensaje lo he vuelto a percibir durante esta última temporada. Por emails, WhatsApps, videoconferencias, etc. y últimamente viéndonos presencialmente, he tratado con bastantes personas. Y he visto a algunos que han intentado sacar el mejor partido posible del confinamiento. Han hecho lo que han podido y se han adaptado a las circunstancias, conscientes que era lo que les tocaba vivir.

En cambio, otras personas han estado permanentemente amargadas, maldiciendo su desdicha. Enfadadas por las circunstancias en las que se encontraban. Ambos tipos de personas se enfrentaban a las mismas circunstancias: confinamiento y aislamiento. Sin embargo, unas eran dueñas de sus vidas y decidían ellas la actitud que adoptaban e intentaban sacar el mejor partido posible a la situación en que se encontraban. En cambio, otras estaban permanentemente amargadas, desoladas por la situación y culpando al universo de sus múltiples desgracias. Eran las circunstancias las que tomaban posesión de sus vidas.

Todo el mundo se encontraba en la misma situación. Sin embargo, unos la aceptaban y con optimismo intentaban sacar el partido que pudieran de las circunstancias, mientras que otros estaban amargados. Estos últimos no son dueños de sus vidas. No son libres. Son las circunstancias las que determinan su felicidad o desgracia. Las personas libres, las dueñas de sus vidas, dadas las circunstancias en las que se encuentran, sean estas mejores o peores, intentan sacar partido de ellas. Tú decides qué actitud adoptar ante la vida. No seamos cenizos.

No nos alteremos

En el primer capítulo del libro cuenta Cervantes que el Quijote “se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio”. Ojo, después de estar tres meses hablando de la misma cosa y sólo pensando en la misma cosa, sin nada más que hacer, nos vaya a pasar a muchos lo mismo que a Don Quijote.

Lo digo porque veo actitudes excesivamente exageradas. Gente que increpa a otros otorgándose el derecho a juzgar lo que hacen los demás. El otro día iba por la calle sin mascarilla, siempre a más de dos metros de distancia del resto de la gente. Me crucé con un matrimonio y la señora me reprendió indignada, que por qué no llevaba mascarilla. Vecinos que durante el confinamiento han protestado porque alguna familia salía con los niños. Eso sí a los perros hay que cuidarlos mucho.

Ojo no nos vayamos a volver locos cómo D. Quijote. Procuremos cuanto antes llevar una vida normal y pronto olvidaremos todo. Pero no a la nueva normalidad, como se dice ahora, sino a la normalidad de siempre, a la de toda la vida, a la de hace 5 meses. Ojo, no nos autoinduzcamos conductas raras. Los problemas pueden generarse porque nos autosugestionemos con ellos. No digo que no haya que tener cuidado de no contagiarse y de no expandir el virus. Pero no nos pasemos, que nos vamos a volver locos. Espero que los comentaristas del blog no se me vuelvan a echar encima como hace dos semanas. Pero estoy preparado. Hasta el jueves que viene. Os dejo un video de hace unos años.

Todos somos muy listos

coronavirusLeo una noticia que una familia ha presentado una querella contra Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Pues le consideran responsable de la muerte de más 27.000 personas en España por el Covid19, por haber “comunicando públicamente una serie de directrices erróneas y contradictorias”. También piden al juez que le retiren el pasaporte y le prohíban salir de España.

Mire demandante, quien ha matado a esas 27.000 personas ha sido un virus, no el señor Fernando Simón. Sabiendo lo que ha pasado, es muy fácil decir qué es lo que había que haber hecho. Pero las medidas hay que tomarlas con la información que se tiene en el momento que se toman, y haciendo las suposiciones razonables que haya que hacer.

Este es un error muy común que cometemos las personas. Juzgar una situación pasada a la luz de acontecimientos conocidos posteriormente. Es muy fácil caer en ese error por nuestra subconsciente tendencia de deformar la realidad pasada. La deformamos porque no es muy difícil librarnos de lo que ya sabemos y ponernos en la situación anterior.

Todos somos muy listos y sabiendo lo que ha pasado todos sabemos lo que habría que haber hecho. Acertar una quiniela cuando ya se han jugado todos los partidos es muy fácil. Aciértela por adelantado a ver si puede. Vamos, que, si yo soy el juez, el palo que le pego a los demandantes por hacer perder el tiempo sería para acordarse en años. Quizá por eso yo no soy juez. Mis condolencias a los familiares de todos los fallecidos estos días. Hasta el próximo jueves.

Flujos y stocks

crecimientoHace muchas décadas España era un país subdesarrollado, con el tiempo y el trabajo de todo el mundo el país empezó a mejorar. Las carreteras pasaron a tener dos carriles, más tarde se construyeron autovías y autopistas. Mejoraron las infraestructuras, y ahora tenemos un país bastante bien dotado. Esto se ha conseguido con el trabajo año a año de todos los que hemos estado por aquí. Si hacemos las cosas bien, al acabar un año estamos mejor que al empezarlo. Y si las hacemos mal, peor.

Lo que se logra en un año es lo que se llama flujo de ese año. Y el acumulado de lo que se ha logrado a lo largo de los años es lo que se llama stock. Lo que es un país es el acumulado de lo que se ha ido logrando año tras año.

Esto que acabo de describir de un país, se puede aplicar a las personas. Lo que soy yo al final de un año es lo que yo era al principio del año más lo que he añadido a mi vida, en el sentido más amplio de la expresión, a lo largo de ese año. Si al final del año estoy peor, el flujo de ese año ha sido negativo. Habré perdido el tiempo.

Lo que uno añade a su vida en un año, en la terminología que he introducido, el flujo de ese año, son todos los conocimientos que ha adquirido, todo lo que ha ayudado a otros en ese año, todo el bien y todo el mal que ha hecho, etc. En definitiva, el tiempo es el marco que uno tiene para construirse a sí mismo a través de sus decisiones y sus acciones en ese tiempo. Al final, cada uno es el acumulado de lo que ha decidido y ha hecho. Con nuestras decisiones y nuestras acciones nos hacemos egoístas o generosos, nos hacemos optimistas o cenizos.

Cada día, cada semana, cada año, podemos planteárnoslo como ocasiones para mejorar como personas o empeorar, en función de cómo vivimos ese día, esa semana, ese año. Al final, somos, nuestra vida es el acumulado de lo que hemos ido haciendo a lo largo del tiempo. Aprovechar el tiempo es utilizarlo para mejorar como personas. Perderlo es empeorar como personas, el flujo en ese tiempo habrá sido negativo. Cada día, cada momento es una oportunidad (y una responsabilidad). Aprovechemos la situación pandémica actual para crecer como personas. Si no habremos perdido el tiempo. Hasta el jueves que viene. Os dejo un video de una entrevista que me hicieron hace unos días.

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