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Directivos adolescentes y directivos maduros

directivos incompetentesStatus es una empresa de consultoría dedicada a la búsqueda y selección de directivos. Conozco bien esa consultora y los que allí trabajan. Cada mes envían a sus contactos -entre los que me encuentro- unas reflexiones sobre el mercado laboral. La última que me ha llegado me ha parecido especialmente interesante y me dispongo a compartir con vosotros algunas de sus ideas. Distinguen los directivos adolescentes de los directivos maduros.

Aunque no son válidas las generalizaciones, como ideas generales en los directivos adolescentes predomina el demostrar a los demás su valía personal buscando autoafirmación y notoriedad. Al directivo maduro lo que le preocupa más es dar sentido a su propia vida y a su trabajo.

El directivo adolescente está más centrado en hacer negocio, su principal fin son los beneficios. Preocupado por el corto plazo. No consolida su equipo de colaboradores. Son desconfiados y controlan en exceso. Se consideran imprescindibles. Ocultan información. Abusan de la letra pequeña y de recovecos legales. Premian de manera arbitraria. Consciente o inconscientemente manipulan a las personas. Se esfuerzan por hundir a la competencia.

El directivo maduro está centrado en crear empresa más que en hacer negocios. Ven los beneficios como un medio. Tiene visión a largo plazo. Valoran y potencian a su equipo de colaboradores. Saben delegar y exigen en consecuencia. Procuran no ser imprescindibles. Son trasparentes y abiertos. Cumplen los compromisos. Fijan objetivos claros. Dirigen valorando y respetando las opiniones de los demás. Buscan la excelencia de sus empresas.

Solo me queda por añadir que hay jóvenes directivos que son muy maduros y directivos con años que nunca pasan de la adolescencia.  El paso del tiempo no convierte al directivo adolescente en maduro. Hay quien nunca aprende y hay jóvenes directivos que, aunque les falta experiencia, muestran una excelente calidad directiva.

Gracias a Status y hasta el jueves que viene.

Conflicto de intereses (I)

El responsable de una auditora anunciaba hace unos días que “Lo que pasó con Arthur Andersen en Enron podría repetirse hoy”. ¿Qué pasó hace casi 8 años? Pues muy sencillo, Enron era un importante cliente de Arthur Andersen, al que además de auditarles las cuentas y certificar su veracidad y cumplimiento de normativa contable, le vendía servicios de consultoría. En concreto, en el año 2000, la factura que Arthur Andersen paso a Enron por servicios de consultoría ascendía a 27 millones de dólares, superior a los 25 millones de servicios de auditoría. Con semejante cliente, ¿quien se va a atrever a decir que las cuentas están manipuladas? Cuando estaba a punto de descubrirse el fraude Arthur Andersen empezó a destruir documentación que le pudiera comprometer. Los inversores financieros empezaron a dudar de los informes auditados por Arthur Andersen, por lo que las empresas empezaron a buscarse otras auditoras. El miedo cundió. La falta de confianza que se generó hacia las actividades de Arthur Andersen hizo que sus clientes huyeran masivamente a otras auditoras, y este fue el fin de Arthur Andersen.

¿Era razonable que esto pasara? A un cliente que te está pagando en un año más de 50 millones de dólares, no va a ser para certificar que las cosas las está haciendo mal. Harás lo que el cliente te diga. Expertos estudiosos del tema fueron llamados al congreso de los Estados Unidos para dar su versión de las causas y proponer soluciones para que este problema no se volviera a presentar

La conclusión principal fue que la falta de independencia entre las auditoras y sus clientes creaba unos conflictos de intereses que habría que intentar que no se repitieran. Sus recomendaciones, entre otras, fueron:

  • Las auditoras deberían proporcionar solamente servicios de auditoría y no de consultoría
  • Los contratos de auditoría deberían ser de una duración fija, no prorrogable y mientras dura el contrato la empresa cliente no podría despedir a la auditora.
  • Prohibir a las empresas contratar “accountants” que hubieran realizado anteriormente actividades de auditoría para la empresa.

Si se hubieran seguido estas recomendaciones quizá se hubiera logrado una mayor independencia entre auditoras y empresas auditadas. Ninguna de estas medidas fue aprobada por el congreso de los Estados Unidos. ¿Habrá más sorpresas?

Hoy va de tontos

Dicen los entendidos que en toda partida de póker participa un tonto, y lo primero que hay que hacer para situarse es localizarlo. Y si no consigues localizarlo, entonces es que el tonto eres tú. Un tonto en tu compañía siempre será un problema, por lo que es de vital importancia evitar que entre en tu organización. ¿Cómo se descubre a un tonto? Carlos Abadía, uno de los primeros alumnos que tuve cuando empecé a dar clase en el IESE, y cuyo padre Leopoldo está teniendo un envidiable (sana envidia) éxito a sus 75 nos da la solución. Nos la da en su libro “Soy consultor (con perdón)” publicado en la misma colección que mi “Iceberg a la vista”. Allí nos dice Carlos que a un tonto se le descubre enseguida: se cree muy listo.

A mi juicio una de las funciones más importantes de un directivo es la contratación de los empleados y directivos que van a trabajar en su compañía. Es muy difícil hacer una buena selección y a la vez es de vital importancia. Es muy difícil, porque con unos tests, un curriculum vitae y un par de entrevistas no se logra conocer bien cómo es una persona. y es de vital importancia porque la mejor o peor marcha de una empresa depende en gran medida de las personas que en ella trabajan. Sin querer alargarme en el tema, en un proceso de selección, en un candidato yo miraría dos cosas: primera: si tiene las competencias técnicas necesarias mínimas para desempeñar su trabajo. Un piloto de aviones tiene que saber pilotar aviones. Pero hablo de poseer las competencias necesarias mínimas. No le pido ser el máximo experto. Y digo esto porque el principal aprendizaje que recibe un profesional es en la propia compañía conforme desempeña su trabajo.

La segunda condición que le pido es sea capaz de tener en cuenta las repercusiones de sus acciones en los demás. Esto no lo comento porque el mensaje saldría muy largo. Lo comentaré dentro de dos o tres semanas. Aprovechando el reciente mundial de futbol, el mensaje del jueves que viene me lo reservo para comentar una decisión muy habitual en los equipos de futbol. De todas maneras el que no entre un tonto en tu compañía es muy fácil. Sigue el consejo de Carlos Abadía.

A modo de digresión aprovecho el mensaje de esta semana para recomendaros el libro de Carlos. Refleja su experiencia de veinte años como consultor, un conocimiento de primera mano de la profesión y tiene el plus de estar escrito con un estilo ameno, en muchas ocasiones divertido y fácil de leer. Vamos, como el del Iceberg.

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