Para tomar buenas decisiones necesitamos información. La información que se tiene en un momento dado puede cambiar con el paso del tiempo. Con el tiempo, cosas que no se sabían se empiezan a saber. Por eso las alternativas reversibles que permiten cambios son mucho mejores que aquellas que cuando te embarcas poco puedes hacer más. Si salen bien enhorabuena y si no pues a apechugar con las consecuencias. Por eso, toda decisión debe estar sujeta a posibles cambios y ajustes si cambia la información que se tiene. Las suposiciones de ayer pueden ser realidades diferentes hoy.
Otra idea es que cómo la calidad de las decisiones depende en buena medida de la información que se dispone, las organizaciones deben emplear recursos en obtener información. No se puede decidir a ciegas.
Pero hay que tener mucho cuidado con la información que no sirve para nada. Tener información reduce la incertidumbre y eso nos hace sentirnos mejor. Pero a veces la información es inútil. Por ejemplo, si nos proponen aceptar un juego que consiste en tirar una moneda, si sale cara ganamos 100 euros y si sale cruz ganamos 200 euros. Ese juego debe aceptarse siempre. Y tener información de si va a salir cara o cruz no sirve para nada. Por tanto, antes de buscar la información hay que saber qué vamos a hacer con ella. Pues fácilmente podemos gastar recursos en obtener información inútil.
También hay que tener cuidado con ser selectivo al recabar información, y solo buscar la información que confirma la idea que teníamos de antemano. Hay que hacer todo lo contrario. Hay que intentar buscar razones e información que cuestione lo que pretendemos hacer. Si no fácilmente caemos en el autoengaño.
Bueno son unas consideraciones que pueden facilitar que tomemos mejores decisiones. Informo que la semana que viene hablaré de un nuevo libro que acabo de publicar junto con Nuria Chinchilla y Pilar García Lombardía. De momento puedes ver el libro aquí. Continúo editando algunos videos que espero que te sean útiles. Aquí te dejo uno en el que expongo que decidir bien no es lo mismo que acertar. Que hay incertidumbre que afecta al resultado de nuestras decisiones, y que decidir bien es algo distinto a adivinar lo que va a suceder. Espero que lo encontréis útil y hasta el jueves que viene.
Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.
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Gracias MA,
En mi opinión, creo que para seleccionar esa información útil se necesita CRITERIO. Lo pongo en mayúsculas porque es una cualidad únicamente humana e intangible, no programable. El criterio se construye en base a muchos ingredientes y factores internos-externos (conocimientos, educación, experiencia personal, experiencia profesional, visión del mundo, valores, creencias,…) por eso el criterio no es homogéneo sino distintivo de las personas. También por eso contar con la opinión de personas que tienen criterios complementarios es recomendable para tomar algunos tipos de decisiones. Finalmente por eso la IA, que es una gran herramienta de gran ayuda pero que carece de criterio, será tan eficaz y útil como lo sea el humano que la esté manejando. Al menos por el momento…
Enhorabuena por vuestro libro!
Un abrazo
El contenido de tu post parece evidente, pero desafortunadamente lo de encargar un estudio de mercado para analizar si es más probable que salga cara o cruz es más habitual de lo que parece. El problema es que no se afrontan los problemas en función de la toma de decisiones que se necesita. Se da entidad al análisis en sí y no a la decisión a la que debe soportar. Pérdida de tiempo, dinero y recursos.