Hoy va de tontos

Dicen los entendidos que en toda partida de póker participa un tonto, y lo primero que hay que hacer para situarse es localizarlo. Y si no consigues localizarlo, entonces es que el tonto eres tú. Un tonto en tu compañía siempre será un problema, por lo que es de vital importancia evitar que entre en tu organización. ¿Cómo se descubre a un tonto? Carlos Abadía, uno de los primeros alumnos que tuve cuando empecé a dar clase en el IESE, y cuyo padre Leopoldo está teniendo un envidiable (sana envidia) éxito a sus 75 nos da la solución. Nos la da en su libro “Soy consultor (con perdón)” publicado en la misma colección que mi “Iceberg a la vista”. Allí nos dice Carlos que a un tonto se le descubre enseguida: se cree muy listo.

A mi juicio una de las funciones más importantes de un directivo es la contratación de los empleados y directivos que van a trabajar en su compañía. Es muy difícil hacer una buena selección y a la vez es de vital importancia. Es muy difícil, porque con unos tests, un curriculum vitae y un par de entrevistas no se logra conocer bien cómo es una persona. y es de vital importancia porque la mejor o peor marcha de una empresa depende en gran medida de las personas que en ella trabajan. Sin querer alargarme en el tema, en un proceso de selección, en un candidato yo miraría dos cosas: primera: si tiene las competencias técnicas necesarias mínimas para desempeñar su trabajo. Un piloto de aviones tiene que saber pilotar aviones. Pero hablo de poseer las competencias necesarias mínimas. No le pido ser el máximo experto. Y digo esto porque el principal aprendizaje que recibe un profesional es en la propia compañía conforme desempeña su trabajo.

La segunda condición que le pido es sea capaz de tener en cuenta las repercusiones de sus acciones en los demás. Esto no lo comento porque el mensaje saldría muy largo. Lo comentaré dentro de dos o tres semanas. Aprovechando el reciente mundial de futbol, el mensaje del jueves que viene me lo reservo para comentar una decisión muy habitual en los equipos de futbol. De todas maneras el que no entre un tonto en tu compañía es muy fácil. Sigue el consejo de Carlos Abadía.

A modo de digresión aprovecho el mensaje de esta semana para recomendaros el libro de Carlos. Refleja su experiencia de veinte años como consultor, un conocimiento de primera mano de la profesión y tiene el plus de estar escrito con un estilo ameno, en muchas ocasiones divertido y fácil de leer. Vamos, como el del Iceberg.

  1. Paco
    julio 13, 2010 en 6:26 pm

    Buenas tardes Miguel Angel, muchas gracias por tus aportaciones. Siempre me hacen reflexionar.

    Estoy totalmente de acuerdo contigo en tu comentario sobre la importancia del cometido de selección de profesionales en un directivo, aunque a mí me gustaría indicar que es algo de doble sentido. Me explico: cada profesional debe encontrar aquélla empresa que mejor se adecúe a su situación y características, en la que sea más valioso y que le permita dar lo mejor de sí mismo.

    Y es que mi experiencia me dice que un mismo profesional puede dar un rendimiento notable en una empresa o en un equipo, y otro mucho más bajo en otro sin haber cambiado sustancialmente.
    Dejando aparte motivación personal y situación vital, he visto que el rendimiento profesional depende mucho de la cultura y de los valores de las organizaciones. Pero de los reales, los que gestionan el día a día de las personas y que no suelen estar formalizados, no de los que las empresas dicen que tienen y que están colgados en la intranet. Y estos valores generalmente no son percibidos y asimilados sino en el devenir de varios meses.

    Además, yo pienso que estamos errados al considerar el proceso de selección como algo muy acotado en el tiempo. Creo que ya que vamos hacia un futuro mucho más exigente para nuestras empresas y profesionales, se precisa no sólo elegir a los mejores en base a su stock de experiencias pasadas, sino también a aquéllos que se sientan más identificados con la organización y puedan empujar el carro hacia delante. Y esto no se puede saber (tanto por la empresa como por el profesional), sino en el medio plazo.

    • julio 16, 2010 en 5:20 pm

      Paco, suscribo totalmente lo que dices. Por un lado, los valores (reales, no los anunciados. Los del día a día) influyen en el encaje de una persona en la compañía, y por tanto su rendimiento. Esto que dices está relacionado con la segunda condición que pongo en mi mensaje, y que comentaré más adelante: que la persona sea capaz de tener en cuenta la repercusión de sus acciones en los demás. Evidentemente si la empresa no valora esta capacidad, una persona con esta característica estará frustrada. Una vez más las cosas dependen de los valores de la empresa

      Hay otra cosa que apuntas, que es muy interesante. La contratación de personas no puede ser una cosa acotada en el tiempo. Una compañía que quiera mejorar y estar preparada para abordar el futuro tiene que estar continuamente buscando personas. Es como los ojeadores de futbolistas.
      Mucahs gracias Paco. Estos comentarios enriquecen el blog.

  2. julio 30, 2010 en 3:51 pm

    Y, ¿que hacer cuando el “tonto” es el directivo?

    • agosto 1, 2010 en 6:04 pm

      Borja, a eso me estoy refiriendo en el mensaje. Si el tonto es el último en el escalafón el problema es pequeño, y cuanto más alto esté mayor es el problema. Como habrás comprobado, una empresa así tiene un futuro muy mediocre si es que tiene futuro

      Animo y a cambiar (al directivo o de empresa)

  3. Mar
    septiembre 12, 2012 en 3:54 pm

    Miguel A.
    Gracias por la recomendación.
    Un tema para mi inquietante, la verdad cuando se trata del impacto de nuestras acciones en otras personas. Sin obviar la relevancia del comentario, comparto aquí que me dan más pavor, los idiotas morales, los que apuntan, disparan y luego dicen: ” yo no he sido u obedecía órdenes” . He tenido experiencia con directivos de ambos perfiles. Y la pena que me da en relación a la sociedad, es que también comparto que el tonto no prospera pero el idiota moral encima es aplaudido.
    Muchas gracias por tan interesante post
    Mar

    • septiembre 14, 2012 en 9:28 am

      Mar, estoy de acuerdo con lo que dices del idiota moral. De todas formas el que más sufre las consecuencias de su modo de ser es él mismo. Los que le rodean también las sufren, pero ya se espabilan y se defienden de él.
      Pero efectivamente, no es nada agradable trabajar con alguien como el que tú describes.
      Muchas gracias,
      Miguel Angel

  1. mayo 3, 2012 en 7:01 am
  2. mayo 3, 2012 en 11:17 am

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