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Libertad y toma de decisiones

septiembre 12, 2013 35 comentarios

toma de decisionesEs frecuente oír a gente joven la expresión “yo hago lo que me da la gana, que para eso soy libre“. Y aunque la gente más adulta no lo expresan de esta manera, muchos actúan según esa convicción. Pero esto es una tontería, ser libre no consiste en hacer lo que a uno le da la gana.

Efectivamente, siempre podemos escoger la alternativa que queramos, entre las que tenemos disponibles, pero una vez escogida, las consecuencias vienen dadas con nuestra elección. No las podemos escoger nosotros. Yo he vivido muchos años en un piso 14 y cada mañana podía escoger si salir de casa por el ascensor o por la ventana. Pero una vez elegido el modo de salir, las consecuencias estaban fuera de mi control.

Decidir bien consiste en sabiendo qué es lo que queremos conseguir, escoger la acción que nos lleva a conseguirlo. Si yo quiero ser ingeniero la cuestión es qué cosas tengo que hacer para llegar a ser ingeniero. Si en aras a mi libertad hago lo que me da la gana en cada momento, entonces difícilmente llegaré a ser ingeniero.

Decía que decidir bien consiste en sabiendo qué es lo que queremos conseguir, escoger la acción que nos lleva a conseguirlo. Pero hay un problema. A veces no sabemos qué es lo que queremos. Pensamos que queremos una cosa y al cabo del tiempo, quizá años, nos damos cuenta que realmente no queríamos eso. Uno puede estar muy centrado en su trabajo profesional descuidando sus obligaciones familiares y descubrir al cabo de unos años que profesionalmente ha llegado a donde ha llegado y que también su cónyuge le ha dejado. Uno se da cuenta que no era eso lo que quería, pero ya es tarde.

Ser libre significa que uno puede escoger lo que quiera entre las alternativas disponibles, pero no significa que haya escogido bien por mucho que haya escogido eso apelando a su libertad. Ejercer la libertad entraña una gran responsabilidad. Una vez me preguntarom Miguel Angel, ¿qué es para ti educar? y después de pensarlo respondí educar es enseñar a ejercer la libertad.

Ejercer bien la libertad requiere conocer la verdad. Ejercerla mal es muy fácil. Si uno no conoce la verdad de las cosas, difícilmente uno puede escoger lo que es bueno. Preguntado Juan Pablo II si tuviera que quedarse con una frase del evangelio ¿con cuál se quedaría? Contestó sin vacilar “la verdad os hará libres” de San Juan.

Ejercer la libertad es el acto máximo de responsabilidad. Responderemos ante nosotros de lo que hemos escogido. Somos lo que hemos decidido ser. Muy profundo me ha salido el mensaje de esta semana, pero es lo que pienso aunque a alguno le levante ampollas. Una vez un alumno me dijo “Miguel Angel tu concepto de libertad da vértigo“. Pues sí, es de vértigo por la responsabilidad que supone. Os dejo un vídeo del curso de tres días sobre Toma de Decisiones que damos cada año. Hasta el jueves que viene.

Toma de decisiones y escalas de valores

En un comentario a mi entrada de la semana pasada, Fernando Núñez me sugería que hiciera alguna reflexión sobre las decisiones que tomamos y su relación con la escala de valores que cada uno tiene. El tema es de sumo interés y muy profundo. Los valores son los principios de actuación por los que cada uno se rige. Cada uno decide según su escala de valores. Pero tenemos que cerciorarnos  que tenemos una escala de valores correcta. Los valores son las cosas que valen y nuestra escala de valores son las cosas que nosotros valoramos, y si lo que nosotros valoramos no son cosas que valen, nuestra escala de valores estará equivocada y por tanto nuestras decisiones y actuaciones serán incorrectas. Es por tanto importante que nos preocupemos de valorar las cosas que realmente valen.

Los valores son objetivos y mis valores son subjetivos. Sí, sí, has leído bien por muy contracultural que suene: existen valores objetivos. La honradez, el respeto a los compromisos adquiridos, la justicia, etc. son valores. Si en nuestras decisiones no tenemos en cuenta que hay que ser honrados, respetar los compromisos adquiridos, etc. nuestras actuaciones serán incorrectas. Nos saldrán las cosas mal. Es por tanto muy importante que nos cercioremos que valoramos lo que realmente vale para no construir nuestra vida sobre principios erroneos. Recuerda que en el mensaje de la semana pasada decíamos que cada uno somos la historia de nuestras decisones.

La idea que acabo de exponer está avalada por Benedicto XVI, que tiene como uno de los objetivos de su pontificado el combatir el relativismo, el todo vale. No, no todo vale. Engañar no vale. En verdad valores solo hay uno: la persona humana. La persona es el único valor intrínseco. Los demás valores son valores en la medida en que sirven a la persona.

El poeta Antonio Machado también defiende esta idea, aunque continuaré hablando de esto la semana que viene, pues todavía hay muchas cosas que decir. Solo añadir un par de ideas muy útiles para los tiempos que corren: la primera es que la lealtad a los compromisos que uno ha adquirido con su conyuge es un valor. Quebrantar este valor tiene dramáticas consecuencias tanto a nivel personal como social. La segunda es mostrar la importancia de educar en valores a los jóvenes. Que aprendan a valorar lo que realmente vale. Les va en ello su felicidad personal y el mundo que construimos.

Sobre este tema he pensado mucho, y los comentarios, como siempre, serán bienvenidos. Cuando hablo de esto en mis clases a los alumnos se les ponen los ojos como platos. Adios,

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