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Dirigir privilegiando

dirigirLos estudiosos de la dirección de empresas han detectado muchos estilos de dirección. Sin embargo nadie ha hablado de la “Dirección por privilegios”. No es un estilo muy frecuente pero de vez en cuando te encuentras alguna empresa en la que se aplica.

La dirección por privilegios consiste en que cuando un jefe tiene mucho interés en que se haga algo, para conseguir que los que pueden hacerlo efectivamente lo hagan les da algunos privilegios. También cuando alguien se queja de algo, para acallar las quejas y mantener la paz también se le conceden privilegios.

Este estilo de dirección se caracteriza por su inmediata eficacia. Se consigue lo que se pretende y se acallan los problemas que surgen. El problema es que a medio plazo las injusticias que estos privilegios suponen para el resto de la gente se hacen evidentes, y el mal ambiente que se genera en la organización la hace ir a medio gas. La gente se desilusiona, y no hay nada peor para una empresa que el que su gente haya perdido la ilusión. Además dar marcha atrás a esos privilegios es casi imposible. La organización queda muy tocada.

Antídoto contra la dirección por privilegios es preguntarse en cada actuación si se está siendo injusto con alguien. Si con independencia de lo eficaz que pueda ser, esa actuación es injusta con alguien, entonces no llevarla a cabo. El problema futuro estaría sembrado ya. Aunque la injusticia fuera solo con una persona (que ya es suficiente) el daño se haría a toda la organización, pues cuando algo es injusto, es injusto con independencia de a quien se comete la injusticia.

Prima donnas

octubre 31, 2013 9 comentarios

privilegiadosExisten en algunas organizaciones profesionales que son muy buenos en una dimensión y que por lo tanto son muy útiles en su empresa. Esta habilidad hace que exijan privilegios en su organización. Piensan que son imprescindibles y la verdad es que si no imprescindibles, llegan a ser muy necesarios. Ante esta actitud la dirección tiene dos opciones, o concederles todo lo que exigen o tratarlos como uno más de la organización, eso sí, reconociendo y remunerando adecuadamente su contribución.

Una de las cosas que más destruyen el buen ambiente de una empresa es que la dirección, deslumbrada por la (en general aparente) brillantez de estos profesionales les conceda todos los privilegios. Estos profesionales se crecen, creen que toda la institución se les debe a ellos, a su imprescindible contribución, y que todo lo que obtienen de la organización, es lo normal, lo que merecen. Los jefes, por debilidad o por deslumbramiento, ceden a estos chantajes. La mayoría de las veces ni se dan cuenta de que son chantajes. El resto de los componentes de la organización sufren la injusticia de este trato privilegiado.

Porque efectivamente, estos profesionales son excelentes, pero solo en una dimensión, que suele ser una dimensión técnica, pero en las dimensiones más humanas suelen ser deplorables: sin capacidad de trabajar en equipo, porque desprecian al resto. Creen que lo único importante en la empresa es lo que ellos hacen. Suelen ser personas insociables o antisociables, se rodean de un aura de misteriosa excelencia que produce rechazo por parte de los demás. Ellos piensan que este rechazo es porque les tienen envidia. Nada más alejado de la realidad. Producen pena y risa.

Hay que tener en cuenta que una empresa funciona por el trabajo coordinado de todos sus miembros, sea este trabajo muy visible o muy oculto. Si uno falla, falla todo. ¿Por qué estos privilegios a estas prepotentes prima donnas? Muchas veces por debilidad de los jefes, o porque los jefes quedan deslumbrados por la aureola que rodea a estos personajillos. Si eres jefe, revisa si se da esta situación en tu empresa y corrígela. Tendrás a todo el mundo a tu lado y mandarás un aviso a navegantes.

La semana que viene tenemos la reunión anual de antiguos alumnos del IESE en Barcelona. Hay más de 2500 apuntados. Tengo muchas ganas de volver a ver a los que pasaron por mis clases, con los que en su día llegué a tener una buena amistad.

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