Feliz 2026 a todos. Con el inicio del año mucha gente hace propósitos y se propone metas para los próximos 12 meses. Normalmente esas buenas intenciones duran menos de una semana y enseguida vuelve el ritmo normal.
Yo cada año, la última semana reflexiono sobre cómo sacar mejor partido a los doce meses que tenemos por delante, y escribo cinco o seis objetivos en una agenda. Objetivos que reviso con cierta frecuencia además del día uno de cada mes. Así consigo que estén presentes a lo largo del año.
Estos objetivos no son tanto logros que quiero conseguir, aunque también hay alguno que otro, como más bien en qué aspectos de mi vida debo mejorar. A lo largo del año, y también al final del año voy viendo si voy progresando o me quedo estancado en cada uno de ellos. Porque una cosa es clara yo soy ahora distinto de hace un año, y se trata de intentar ser mejor y no peor. Los cambios, para bien y para mal se producen poco a poco, pues ese es el ritmo de la evolución de las personas. Por eso es importante la constancia y la revisión periódica. También sucede que a lo largo del año a veces se ven aspectos en los que uno se da cuenta que merece la pena trabajarlos. Pues nada, se añaden a la lista. Lista que recomiendo no sea muy extensa.
Con gran ilusión espero el transcurso de los próximos 12 meses, que son una oportunidad para desarrollarnos como personas y como profesionales. Me alegro si a alguno le son útiles estas reflexiones y al que no le sean útiles al menos habremos tenido una relación virtual. Adelanto el mensaje al miércoles porque mañana es una gran fiesta. Feliz 2026.
Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.
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Hola
En mi opinión, todas las reflexiones que le llegan a una persona son de utilidad; unas para «copiar», otras para rechazar y algunas resultan «neutras» (no aplicables al lector). No es el caso; le leo todas las semanas y puedo decir que, por lo que a mi hace, NUNCA incluyen disparates. Repito; en dos palabras: son útiles
Feliz año 2026 !!
Saludos
Pues muchas gracias Anónimo. Me alegra de que te sean útiles mis escritos.
Saludos,
Miguel Angel
Totalmente de acuerdo y agradecido con las buenas ideas semanales del profesor. Seguramente mis anécdotas valen poco, pero es con la intención de aportar que me atrevo. Se me ocurre contar dos vivencias que espero no se alejen demasiado del tema. La primera tuvo lugar hacia finales de los ’80. En el pueblo casi todos vivimos del turismo de montaña, y aquel final de verano llegó a uno de los hoteles una señora elegantemente vestida, quien pedía poder resguardar rápidamente su coche al garaje cuanto antes (el marido estaba fuera con el motor encendido para facilitarlo) y despues deseaba hacer la reserva de una habitación para una semana. Los dueños, quienes atendían la recepción, le ordenaron al chico para que ayudara inmediatamente en la entrada al garaje. Pero luego al entregar la señora la documentación, lo pudieron entender todo mucho mejor. Pues sucedía que el marido era un conocido empresario jerezano que tenía algún problema con la justicia. Pero como todo estaba en orden y nada era irregular, no hubo ningún inconveniente para acogerlos como huéspedes. Durante sus días de estancia, el empresario recorrió con sus acostumbrados paseos la mayoría de los caminos, también acudía a la Iglesia y además saludaba amistosamente a todos quienes se cruzaban con él que lógicamente le reconocían. Se ganó la simpatía de todos, y en especial de las mujeres dado su temperamento andaluz. A nosotros nos sorprendía tener a una persona tan importante entre nosotros, pero a la vez tan educada y modesta. El día que se marcharon, en las noticias de la comida pudimos ver cómo aquella misma mañana en la frontera les habían interceptado y le habían detenido. Pues bien, ahora viene la parte didáctica de la anécdota. Resulta que aquel empresario, que descansó con su esposa una semana por aquí, quedó tan agradecido y satisfecho de su estancia en el hotel, que en adelante cada final de año siempre tuvo la delicadeza de enviarles una Felicitación Navideña manuscrita y personalizada. Eso para una familia a quienes sólo conoció una única vez. ¿Sorprendente verdad? ¿Detalle insuperable? ¿Enviaría más? No lo sabemos, pero a ellos se la envió siempre. La segunda anécdota me ha pasado a mí, cuando con el pasar de los años y yendo de un sitio a otro, he tenido la suerte de conocer a algunas personas muy especiales. Aunque han pasado muchos años, estamos geográficamente distantes y sin contacto, ellos cada final de año se toman la molestia de telefonearme para darme su Felicitación Navideña. Reconozco que al hacerlo me hacen sentir inmensamente agradecido y bendecido por ello (y también con una franca modestia). He querido contarlo, porque en ambas situaciones lo importante a tener en cuenta, es que por mucho ajetreo y ocupaciones importantes que tengamos, vale la penar dedicarles un poco tiempo a aquellos que nos ayudaron en algún momento. A lo mejor no volvamos a verles, pero nos acordamos de ellos. Quizás este también podría ser uno de esos propósitos escogidos que nos alienta el profesor. Tengan todos una Feliz Navidad y Año Nuevo 2026. Saludos, Xavier
Muchas gracias Xavier por las dos vivencias que nos cuentas. Muy ilustrativas.
Saludos,
Miguel Angel