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¿Inteligencia o esfuerzo?

septiembre 17, 2020 12 comentarios

consejosNo sé por qué motivo, recientemente algunas familias, especialmente las madres, me están pidiendo que oriente a sus hijos, bien a los de bachillerato sobre qué seguir estudiando, bien a universitarios y recién graduados sobre su futuro profesional. Para empezar a orientar, una cosa que les digo es que piensen cómo se ven a 10 años vista, de allí surge la conversación y siguen las reflexiones. En general, si les veo ilusionados con algo les animo vivamente a que lo persigan, salvo que sea patente que no tienen las capacidades para llevarlo a cabo.

Otra cosa que me parece útil para los jóvenes y para todo el mundo es hablarles de la importancia de la constancia y del esfuerzo. Lo vi cuando estudiaba la carrera. Allí me encontré gente muy muy inteligente, y gente menos inteligente pero muy trabajadora. Las mejores notas se las llevaban los que estudiaban todos los días. A los más inteligentes, aunque se sacaron sobradamente la carrera, no les fue también.

Este último consejo sirve para los estudios y para todos los momentos de la vida. Si hay que elegir entre alguien inteligente o alguien trabajador, a por el trabajador. Evidentemente, siempre que tenga las cualidades necesarias para desempeñar lo que hay que hacer.

El refrán “más vale maña que fuerza” es útil para alguna acción determinada. Pero para conducirse por la vida más vale constancia y esfuerzo que inteligencia. Lo bueno del caso es que sobre la inteligencia poco se puede hacer, uno tiene la que tiene y ya está. Pero la constancia y el esfuerzo depende mucho más de nosotros mismos, de que nos lo propongamos.

El que me pidan estos consejos a mí me enriquece mucho. Me hace sentirme útil, me hace estrechar relaciones de amistad con estas familias y me pone en contacto con gente joven, lo cual siempre es rejuvenecedor. Buen inicio del curso y hasta el jueves que viene.

Conectores

En las relaciones humanas se dan todo tipo de situaciones. Hay personas que se llevan muy bien con unos, pero no con otros. Hay personas que merecen la confianza de unos, y a otros no les inspiran ninguna confianza. Y de esta variedad de situaciones surge el entramado de relaciones en una organización.

Una buena conocida mía, me viene diciendo desde hace tiempo que su hermano no se lleva bien ni con su suegra ni con otra cuñada (hermana de su mujer). Esta conocida mía tomaba partido. Su postura es que su hermano tenía toda la razón y que los problemas surgían por el carácter y las disposiciones de la cuñada y suegra de su hermano.

Yo creo, aunque no conozco ni de primera ni de segunda mano la situación, que ambas partes deben tener algo de responsabilidad de esa mala relación. Sucede siempre, rara vez hay uno que es el totalmente bueno y otro el ogro total. En un par de ocasiones le he comentado a esta conocida mía la oportunidad que tiene de ser mediadora. Por supuesto comprender a su hermano, pero también intentar comprender a la suegra y a la cuñada. Y facilitar el entendimiento. Con un poco de mano izquierda se puede conseguir. Es lo que yo llamo ser un conector.

Los beneficios son muy grandes. Por un lado, se rebaja la tensión del problema e incluso puede llegar a resolverse, que es el objetivo. Pero, por otro lado, el conector consigue generar relaciones de amistad con ambas partes y eso siempre es bueno para unos y para otros, y ser el causante de la solución de un problema entre personas es algo que produce gran satisfacción.

Evidentemente no todo el mundo tiene las características adecuadas para ser un buen conector. Es más, no es fácil serlo. Pero si puedes facilitar el que se resuelva un conflicto entre dos partes, inténtalo. Pero ojo, ser conector es una cosa muy distinta a ser un manipulador. Un conector sin muy buenas intenciones puede convertirse en manipulador, y eso es destructivo. Ánimo y a ayudar a la gente. Hasta la semana que viene.

Se ha complicado todo

Paz¿Qué hacemos con los niños todo el día en casa? ¿Cómo atiendo el trabajo telemáticamente cuando no lo había hecho anteriormente? No sé cómo hacerlo y no se dan las condiciones adecuadas. No lo tengo fácil el consultar asuntos con mis colegas.

Efectivamente, todo esto está pasando estos días. Una situación nueva que no es nada placentera. Estamos perdiendo control de muchas cosas que dábamos por garantizadas. ¿Qué podemos hacer en estas condiciones? Hay una cosa que podemos hacer: ser pacificadores. Antes los problemas pequeños y grandes que surgen del confinamiento a que estamos sometidos en medio mundo, seamos pacificadores. No echemos leña al fuego ante los contratiempos que surjan. A nivel familiar y en nuestro entorno de trabajo.

Por otro lado, esta paralización está afectando profundamente a muchas empresas. Las dificultades están siendo grandes y lo van a ser más todavía. Arrimemos el hombro en nuestra empresa. No es el momento de exigir derechos. Actuemos como lo están haciendo los profesionales de la sanidad. Su único afán es curar y atender a los enfermos, sin pensar en derechos ni obligaciones.

Si somos clientes de una empresa no seamos exigentes con el servicio que ahora quizá pueden no estar dando. No es porque no quieran. Es porque no pueden. Seamos comprensivos. Si todos colaboramos pasaremos mejor este trance. Pregúntate qué es lo que quieres ser: una persona que aporta soluciones o una persona que complica más las cosas. Lo que estoy viendo en todas partes estos días es solidaridad de unos con otros. Sigamos así. Que pase pronto todo esto.

Ayudar

noviembre 21, 2019 14 comentarios

dejarse ayudarTodas las personas disponemos con un incierto número de años en los que desarrollamos nuestra vida. Las circunstancias que nos encontramos y las decisiones que tomamos configuran lo que va a ser nuestra vida. Y el resultado final es una vida bien vivida o una vida poco aprovechada.

Un planteamiento vital que puede facilitar que nuestra vida haya sido plena es tener la predisposición de ayudar a la gente siempre que podamos. Desarrollamos nuestra vida junto con otras personas, de nuestra familia, de nuestro trabajo, otras amistades etc. En estas relaciones podemos tener una actitud de intentar salir beneficiados o una actitud de ayuda.

Si vivimos la vida pensando solo en nosotros mismos, una vez que nos hayamos muerto no habremos dejado nada. Ninguna huella. Todo nuestro rastro se irá con nosotros. Intentar ayudar siempre que podamos facilitar algo a alguien, hace que nuestra vida sea útil, que tengamos impacto. Ayudar a resolver los problemas en que se encuentren las personas de nuestro entorno da sentido a la vida de uno.

Y al hablar de ayudar no me estoy refiriendo a grandes asuntos que requieran heroísmo en un momento dado. Basta con montones de detalles pequeños que podemos tener cada día con las personas con las que nos topamos. Proponerse sonreír y ser amable con la gente ya hace mucho.

Hay personas con las que se puede contar cuando necesitamos ayuda y personas que mejor no contar con ellas ¿Tú de cuál de los dos tipos eres? Adivina quienes son las personas que tienen más amigos. Hasta el jueves que viene.

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