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Sencillez. Vive y deja vivir

febrero 28, 2013 39 comentarios

BenedictoXVIA última hora de hoy El Papa Benedicto XVI va a renunciar a su cargo como número uno de la Iglesia Católica. Voy a utilizar este acontecimiento histórico (por poco frecuente) para ilustrar el mensaje de esta semana: hay personas que tienen la cualidad de opinar negativamente sobre asuntos que ni les va ni les viene.

Si hace 10 años alguien se molestaba porque Juan Pablo II en su ancianidad siguiera al frente de la Iglesia, ahora se escandalizan de que Benedicto XVI no llegue hasta el final. ¿Y qué más les da a estas personas una cosa u otra?  Que cada uno haga lo que crea que tenga que hacer. Seamos sencillos. Vivamos nuestra vida y dejemos a los demás vivir la suya.

Hablo de esto porque con frecuencia me encuentro a gente opinando a favor o en contra de cosas que alguien hace o deja de hacer, cuando a esos opinadores ni les va ni les viene el asunto. ¿Es que la gente no tiene suficiente con preocuparse de su vida que tienen que entrometerse en la de los demás?

La manía de los que les gusta entrometerse en la vida de los demás suele ser acrítica. No importa cómo uno actúe, su actuación siempre será juzgada negativamente. Consejo: alegrémonos con lo que los demás hacen e intentemos ver las buenas razones por las que la gente hace lo que hace. Y no juzguemos cuando no nos corresponde hacerlo, que es la mayoría de las veces. Viviremos menos estresados y más contentos. Hasta el jueves que viene.

La JMJ, Jornada Mundial de la Juventud Madrid’11

Benedicto XVI

Una de las causas que facilitaron el hundiminto del Titanic hace casi 100 años fue el compromiso del presidente de la compañía constructora del barco en llegar a Nueva York un dia antes de lo previsto. Antes de su primer viaje, el Titanic había sido criticado en la prensa por ser un barco demasiado pesado y demasiado lento. Para acallar las críticas, el presidente de la compañía decidió sorprender al mundo llegando un día antes.

Para conseguir ese objetivo tuvo que desoir los numerosos mensajes de alerta que le llegaban de los barcos que navegaban por la zona el dia anterior al hundimiento, mensajes que advertían que atravesaban una zona de icebergs. Tampoco escuchó las advertencias que le llegaban de la tripulación informándole que tanto la temperatura del agua como la de la atmósfera era muy baja. Comprometido con su objetivo dió ordenes al capitán del barco de que no disminuyera la velocidad. Este es un error que cometemos muy frecuentemente cuando tomamos decisiones.

Tenemos un compromiso incondicional con un plan de acción y lo defendemos con uñas y dientes desoyendo razones que aconsejan seguir otro curso de acción. Les sucede a los escaladores que pretenden llegar a la cumbre del Everest cuando quizá las condiciones meteorológicas lo desaconsejan. Les ocurrió a los responsables del lanzamiento del malogrado Challenger en 1986 y nos sucede a todos en muchas circunstancias. También les está sucediendo a unos cuantos estos días que el papa nos visita en España.

Algunos están incondicionalmente en contra de la visita del Papa, lo que les incapacita para atender razones que les podría hacer cambiar de opinión. Sin tener en cuenta los beneficios espirituales de esta visita, que serán muchos, los beneficios económicos que está trayendo esta visita, que ya digo, no son los más importantes, superan con creces a los costes. Cuestionar nuestras opiniones y pensar que puede haber razones por las que estamos equivocados puede hacernos evitar más de una equivocaciónBienvenido Benedicto XVI y feliz visita del Papa.


Toma de decisiones y escalas de valores

En un comentario a mi entrada de la semana pasada, Fernando Núñez me sugería que hiciera alguna reflexión sobre las decisiones que tomamos y su relación con la escala de valores que cada uno tiene. El tema es de sumo interés y muy profundo. Los valores son los principios de actuación por los que cada uno se rige. Cada uno decide según su escala de valores. Pero tenemos que cerciorarnos  que tenemos una escala de valores correcta. Los valores son las cosas que valen y nuestra escala de valores son las cosas que nosotros valoramos, y si lo que nosotros valoramos no son cosas que valen, nuestra escala de valores estará equivocada y por tanto nuestras decisiones y actuaciones serán incorrectas. Es por tanto importante que nos preocupemos de valorar las cosas que realmente valen.

Los valores son objetivos y mis valores son subjetivos. Sí, sí, has leído bien por muy contracultural que suene: existen valores objetivos. La honradez, el respeto a los compromisos adquiridos, la justicia, etc. son valores. Si en nuestras decisiones no tenemos en cuenta que hay que ser honrados, respetar los compromisos adquiridos, etc. nuestras actuaciones serán incorrectas. Nos saldrán las cosas mal. Es por tanto muy importante que nos cercioremos que valoramos lo que realmente vale para no construir nuestra vida sobre principios erroneos. Recuerda que en el mensaje de la semana pasada decíamos que cada uno somos la historia de nuestras decisones.

La idea que acabo de exponer está avalada por Benedicto XVI, que tiene como uno de los objetivos de su pontificado el combatir el relativismo, el todo vale. No, no todo vale. Engañar no vale. En verdad valores solo hay uno: la persona humana. La persona es el único valor intrínseco. Los demás valores son valores en la medida en que sirven a la persona.

El poeta Antonio Machado también defiende esta idea, aunque continuaré hablando de esto la semana que viene, pues todavía hay muchas cosas que decir. Solo añadir un par de ideas muy útiles para los tiempos que corren: la primera es que la lealtad a los compromisos que uno ha adquirido con su conyuge es un valor. Quebrantar este valor tiene dramáticas consecuencias tanto a nivel personal como social. La segunda es mostrar la importancia de educar en valores a los jóvenes. Que aprendan a valorar lo que realmente vale. Les va en ello su felicidad personal y el mundo que construimos.

Sobre este tema he pensado mucho, y los comentarios, como siempre, serán bienvenidos. Cuando hablo de esto en mis clases a los alumnos se les ponen los ojos como platos. Adios,

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