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Cuando el indicador se convierte en objetivo…

CIAHabitualmente para saber si una organización está yendo bien o mal se miran una serie de indicadores que indican la mejor o peor marcha de esa organización. Pero hay que tener mucho cuidado. Cuando un indicador se convierte en un objetivo a conseguir, deja de ser un buen indicador. Es más se convierte en un indicador muy malo.

Pasó en Estados Unidos, no sé si en el FBI o en la CIA. Esa agencia se dedica a hacer informes sobre posibles acontecimientos que es importante investigar para la seguridad y buena marcha del país. Sus agentes juzgaban en cada momento si un asunto era suficientemente importante para hacer un informe o no. En un momento dado, no se les ocurrió otra idea que remunerar a cada agente según el número de informes que emitían. Resultado, la agencia quedó colapsada porque todos los agentes empezaron a emitir informes sobre cualquier cosa que se les ocurría. Cuando un indicador se convierte en objetivo… malo. Dejaron de investigar asuntos importantes y se centraron en cualquier tontería.

Pasa en muchas universidades. Para aparecer a la cabeza de los rankings que se elaboran, ya sea el ranking Shanghai, el de El Mundo u otras revistas, miran cuáles son los criterios con los que se elaboran los rankings y se centran en cumplir muy satisfactoriamente esos criterios olvidándose de su función fundamental que es formar a los alumnos y generar conocimiento útil. Cuando el indicador se convierte en objetivo… malo.

Y les pasa a profesores de esas universidades. Es frecuente que al finalizar un curso se pase un cuestionario a los alumnos sobre su satisfacción respecto a ese curso. Hay profesores que se centran en que los alumnos queden contentos con el curso para quedar bien en esos cuestionarios, torciendo así la noble actividad docente. Cuando el indicador se convierte en objetivo… Siempre he distinguido tres tipos de personas que se dedican a la enseñanza: los loros, los que dan clase y los profesores. Hay una gran diferencia entre una persona que da clase y un profesor. Se distinguen a la legua.

Cuando el indicador se convierte en objetivo…, deja de ser un buen indicador. Hasta el jueves que viene. Os dejo un video de una entrevista que me hicieron hace poco.

Seamos serios

diciembre 27, 2017 16 comentarios

enseñanzaNo voy a hablar de lo que está pasando en Catalunya porque ya se ha dicho todo y todo el mundo está ya saturado. También he felicitado a muchos la navidad, por lo que no voy a hacer más referencia a esta fecha.

Voy a comentar una noticia del periódico que me ha dejado con la boca abierta. Leo “Los candidatos a profesor deberán sacar un 5 en todas las pruebas de la oposición”. ¡¡¡¡Pero cómo!!! ¿Qué va a enseñar un profesor que ni siquiera él ha aprobado?

Resulta que hay convocadas un montón de plazas para ser profesor. La mayoría para los que ya son profesores interinos. En los exámenes hay dos pruebas, una de conocimientos y otra de aptitud pedagógica. ¿Qué va a enseñar una persona que no tiene conocimientos o no tiene aptitud pedagógica? Se equivoca de profesión. Y la mayoría de estas personas ya están siendo profesores interinos. La discusión debería estar si puede ocupar una plaza de profesor una persona que no saca un 9 ó un 10 en alguna de estas dos dimensiones.

Aunque sea un tópico repetido no me resisto a recordar que la educación es fundamental para el futuro de una sociedad, y si pedimos tan poco a nuestros profesores ¿qué sociedad vamos a tener? ¿Nos pondríamos en manos de un cirujano que suspendiera en conocimientos de medicina o en su capacidad de aplicarlos en una sala de operaciones?

¿Cómo va a tener prestigio una profesión tan importante como la de profesor si exigimos tan poco para ejercerla? Lamento en estas fiestas de navidad haber transmitido el mal humor que me ha producido leer esta noticia. Me apasiona la profesión de profesor. A los 7 años yo ya sabía que quería ser profesor y me duele que se la trate de un modo tan frívolo. Miguel Angel cálmate. Feliz año 2018.

Evaluar al profesorado o evaluar a los colegios

noviembre 12, 2015 25 comentarios

aulaSe está hablando estos días en España sobre la posibilidad de evaluar la calidad de los profesores de los colegios y ligar su remuneración a los resultados de la evaluación. Estoy totalmente en contra de esta práctica. Evaluar a los profesores, por supuesto. La evaluación la deben hacer los respectivos jefes de cada profesor, que deben decir lo que hacen bien y los puntos de mejora.

Pero ligar la remuneración a la evaluación se presta a todo tipo de chanchullos. En primer lugar ¿Qué se entiende por ser un buen profesor? Distintos evaluadores pueden entender muy distintas cosas, y de esta manera, si el salario depende de la evaluación que se haga, un profesor dejará de intentar hacer lo que es bueno para el alumno y se centrará en cumplir los requisitos necesarios para ser bien evaluado.

Con estos procedimientos se adultera toda la actividad formativa. Un profesor en un momento dado tiene que ser exigente, en otro momento cariñoso, en otro severo. ¿Cómo se aquilata todo esto en una evaluación? El buen hacer de un profesor es multidimensional y se acopla mal a ser reducido a un parámetro.

Puestos a evaluar, cosa que me parece muy bien, yo evaluaría a los centros educativos según el rendimiento de sus alumnos, y pagaría más a todo el profesorado de los centros de donde haya mejores resultados. Individualizar la remuneración a cada profesor crearía rivalidades y envidias, y la tarea educativa es una tarea de conjunto de todo el claustro de profesores

Y por supuesto, nunca cometer el error que sean los alumnos los que evalúen a los profesores (hace unos años en un colegio se me preguntó mi opinión sobre esta posibilidad). La labor educativa se desvirtuaría. ¿Reñiría un profesor a un alumno cuando este lo mereciera, sabiendo que iría en detrimento de su evaluación y de su salario?

Se trata de cualificar y dignificar al máximo la profesión docente. De formar a los profesores. De fomentar en ellos pasión y entusiasmo por la actividad educativa. Pero nunca de amenazar al profesor con aumentos o disminuciones de sueldo. Y por supuesto, si un profesor no sirve, pues … que no sea profesor. Hasta el jueves que viene que os escribiré desde Hong Kong

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