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El futuro de las pensiones

segurosAunque es un tema muy manido no por ello voy a dejar de hablar de él. Tendremos un problema, y si ya sabemos que lo tendremos, lo tenemos ya. En el sector de seguros hay dos tipos de actividades. Asegurar un bien durante un periodo de tiempo y asegurar una pensión una vez uno está jubilado (aparte de los seguros de vida).

Para las compañías de seguros, la primera actividad, asegurar un bien, no presenta gran problema. La gente compra un seguro para su coche, contra incendios o lo que sea. La compañía de seguros cobra la prima a principios de año, y acabado el año ya sabe a cuantos tomadores del seguro hay que pagarles el arreglo, y volver a empezar el año siguiente. Si han hecho bien los cálculos, con las primas que han cobrado cubren los siniestros que se han producido y con lo sobrado más los intereses de las primas que cobraron a principios de año hacen un beneficio.

Pero ¿y las pensiones? Nosotros estamos pagando cada mes a la seguridad social, o a un seguro privado, para que cuando nos jubilemos tener una pensión. Si con lo que pagamos cada mes se pagan las pensiones de los actuales jubilados, dentro de 30 años el número de jubilados habrá aumentado sustancialmente y sin embargo el número de cotizantes será menor, pues las generaciones jóvenes son menos numerosas que las de los que estemos jubilados dentro de 30 años. Problema.

Por otro lado si las pensiones se pagan con los rendimientos de lo cotizado por cada persona, con los tipos de interés casi nulos, estos rendimientos son muy exiguos. Problema. El futuro de las pensiones es una bomba de relojería que algún día estallará. Es un problema a dos o tres décadas vista y el horizonte temporal de un político es de 4 años. Para qué quemarme piensan, el que venga que se lo encuentre y lo resuelva.

Sé que he simplificado mucho al tratar ese tema, que es mucho más complejo que lo que he expuesto, pero no quiero alargarme y en líneas generales no anda muy errada mi exposición. Hasta el jueves que viene.

Desarrollo Profesional

diciembre 15, 2016 13 comentarios

arriesgarConforme pasa el tiempo uno adquiere experiencia profesional y cada vez realiza mejor su trabajo. Uno empieza a disfrutar y a sentirse a gusto con lo que hace. Este sentirse bien puede llevar a no querer arriesgar a hacer cosas nuevas que no le pueden salir tan bien como las que hace actualmente. En la situación actual se está muy bien.

Pero pasa el tiempo, quizá un par de décadas y uno queda obsoleto. Es experto en hacer cosas que tenían valor hace veinte años, pero que ahora están superadas, y se encuentra desplazado en su actividad profesional. Me lo decía hace unas semanas un antiguo alumno mío. Me decía, Miguel Angel, se me está moviendo el suelo. Yo era un profesional muy bien valorado y estaba muy satisfecho con mi desempeño profesional. No me preocupé de explorar nuevas aventuras, pero todo está cambiando y mi “expertise” ahora ya es poco útil, me he quedado rezagado. He perdido prestigio.

Es el dilema entre explotar las habilidades que uno tiene y sacarles el máximo partido, o explorar nuevas actividades que requieren tener que arriesgar, sufrir algunos fracasos y no brillar tanto en el corto plazo.

Mi recomendación es un equilibrio entre ambas actitudes. Sacar partido a lo que uno ya es experto, y estar en continua exploración para adquirir nuevas habilidades aunque en el proceso de aprendizaje uno pueda brillar menos. Ojo que el éxito actual no sea la fuente del fracaso futuro. Y no estoy hablando de plazos de uno o dos años, sino de décadas. Y décadas de dejadez hacen que nuestra obsolescencia ya no tenga arreglo. Ojo que el suelo que pisas se te va a mover algún día.

Os dejo una foto de la clase de uno de los cursos que terminé la semana pasada aquí en el MBA del IESE

IESE MBA

¿De verdad puedes estar tan seguro?

riesgo

A todo el mundo la incertidumbre nos genera malestar. Preferimos vivir en un mundo de certezas  donde tenemos controlado todo lo que puede pasar. Pero el mundo no es así. La incertidumbre nos rodea constantemente. Para defendernos de ella solemos ignorarla y pensar que las cosas son como querríamos que fueran. Y este es nuestro error porque después la realidad siempre nos sorprende y nos pilla mal preparados.

Como ejemplo sirvan unas declaraciones del entonces presidente el gobierno español: “Se empezará a crear empleo neto en la segunda parte de 2011”.  Esto era un deseo más que una previsión razonada. Hay gente que juega a la lotería creyendo que le va a tocar. Confundimos los deseos con la realidad. Decía el poeta Antonio Machado “En mi soledad he visto cosas muy claras que no son verdad”. Nos negamos a aceptar que las ventas en nuestra compañía están yendo mal y preferimos pensar que rapidamente se enderezarán antes de aceptar la realidad.

Este es un modo habitual de autoengañarnos. Hace que percibamos la realidad de modo falso, lo que nos hace tomar malas decisiones. Para evitar caer en esta trampa lo que tenemos que hacer es estar abiertos a diversas posibilidades futuras; cuestionar nuestras suposiciones. Cuando estemos seguros de algo pensar si este algo podría ser distinto.

 

Señores políticos, sean responsables

tribu“Tú verdad no, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. Son unos conocidos versos de Antonio Machado. Cuando se actúa en contra de la verdad las consecuencias pueden ser desastrosas. Si se tiene la suerte que estas desastrosas consecuencias se producen inmediatamente, uno lo tiene fácil. Se rectifica y se aprende.

La ley de la gravedad es la que es. Las consecuencias de desafiarla se producen, afortunadamente, de modo inmediato. Para no darnos tortazos continuamente solemos tenerla en cuenta y no pretendemos desafiarla. Pero si las nefastas consecuencias de no tener en cuenta la verdad se producen en el medio o largo plazo, uno puede estar equivocándose una y otra vez, sin enterarse.

Cuando se va en contra de la ley natural, las consecuencias se acaban pagando. Pero la ley natural no es como la ley de la gravedad. Sus consecuencias suelen producirse a medio y largo plazo.

A qué viene todo este preámbulo esta semana. Pues ni más ni menos que a comentar la propuesta de una política del parlament catalán de tener hijos en colectivo y que los eduque la tribu. “Toma del frasco”, como decía un ya jubilado profesor del IESE.

Una de las leyes de la naturaleza, de toda la vida, es que un niño nazca de un hombre y de una mujer, sus padres. Y todo lo que sea generar un niño de otra manera es ir en contra de la naturaleza. Y esto se paga. Se quiera o no, se acaba pagando. Por dar una pequeña idea (habría muchas), toda persona tiene derecho a saber quién es su padre y quien es su madre. Teniendo hijos en colectivo es atentar contra el derecho de este niño generado. Totalitarismo. Apoderarme y controlar los derechos de este niño.

No se puede ir en contra de la naturaleza. Señores políticos, sean más responsables. Sé que voy a recibir una lluvia de críticas en los comentarios, como el día que hablé del pretendido derecho a abortar. Pero yo me debo a la verdad.

El coste de lo gratis

gratisSolemos estar dispuestos a pagar mucho dinero por conseguir cosas gratis. Cuando uno quiere comprar un libro “on line” que cuesta 15 euros (perdón, 14,99) uno se da cuenta que si hace una compra de más de 20 euros el envío le sale gratis. Así que lo que uno hace es buscar otro libro. Elige uno que le cuesta 9 euros, y así el envío le sale gratis.

Por supuesto que el segundo libro no lo va a leer. Posiblemente ni siquiera vaya a leer el que ha comprado primero, pero ha conseguido ahorrarse los tres euros que costaba el envío. Conseguir que el envío le salga gratis le ha costado 9 euros. Uno queda muy contento con su hazaña.

Me pasa a mi cuando cada año participo en la carrera que unos grandes almacenes organiza en Barcelona. Suele ser en mayo y participamos entre sesenta y ochenta mil corredores. Por participar, al inscribirte te dan una tarjeta de cartulina que, presentada en la meta, te da derecho a tomarte un refresco. Suele ser un vaso de plástico con Coca-Cola o algo similar. Con tal multitud corriendo, cada minuto llegamos cientos de corredores a la meta, y nos acumulamos durante mucho rato en una multitudinaria cola en zigzag de gente apretada y sudorosa para conseguir aquello a lo que tenemos derecho: nuestro vaso de Coca-Cola gratis.

Lo gratis tiene un especial atractivo. Lo saben los bancos, los periódicos y todos los que hacen promociones: por abrir una cuenta, suscribir una tarjeta de crédito o comprar el periódico, te regalan algo, y vamos en plancha a conseguir ese algo. Solemos estar dispuestos a pagar mucho dinero por conseguir cosas gratis.

Este Año Nuevo: Acción

diciembre 31, 2015 9 comentarios

decidirEl proceso de toma de decisiones acaba cuando se pone en práctica lo que se ha decidido. Si no se pone en práctica, la decisión tomada no sirve para nada. No basta con decidir. La acción es necesaria para hacer que las cosas pasen.

Viene esta reflexión porque a principios de año se hacen muchos propósitos, y cuantas veces se quedan en eso, en propósitos: perder peso, dejar de fumar, ir al gimnasio… ¿Y cómo podemos poner en práctica esos propósitos? Muchas veces abordarlos directamente es ir directo al fracaso.

Si uno quiere perder peso hacer una dieta puede ser costoso, pero uno puede comprarse una báscula y pesarse cada 2 días. Las ganas de ver como poco a poco vamos bajando de cien en cien gramos pueden ayudar. Quizá dejar de fumar sea algo difícil, pero no comprar tabaco puede ser más fácil. No consultar el móvil con frecuencia para ver qué está pasando, nos puede costar, pero quizá decidir tenerlo apagado sea más fácil. Os lo aseguro, salvo en escasísimas profesiones, se puede estar sin móvil cinco horas seguidas y no pasa nada, el sol seguirá saliendo cada mañana.

Acción. Sin acción las decisiones no sirven para nada. Este paso es muy fácil de entender, pero es el más difícil de conseguir. En cualquier caso ánimo y para todos feliz 2016.

Más de sabios y tontos

noviembre 26, 2015 10 comentarios

tontosCreo que fue Platón quien dijo “Los sabios hablan porque tienen algo que decir y los tontos porque tienen que decir algo”.

Qué gusto da cuando alguien dice algo inteligente y desencalla una discusión que parecía iba a no tener fin. Son personas que saben escuchar. Cuando preguntan es para pedir una aclaración que era necesaria hacer. Cuando hablan inspiran confianza. Lo que dicen lo han pensado. Con estas personas suele bastar con diez minutos para darse cuenta de lo inteligente que es.

También sucede en ocasiones que las reuniones se hacen interminables porque hay quienes se empeñan en dar su opinión. A veces dan una opinión irrelevante sobre un tema importante, y a veces intervienen sobre temas que no tienen ninguna importancia. No suelen ser capaces de decir más de dos frases seguidas con sentido. Han de cambiar de tema. El caso es decir algo. Hablar.

El tonto se distingue porque cuando hace una pregunta en vez de pararse a escuchar la respuesta, su cabeza ya está en otro asunto y preparado para disparar otra tontería.

Más vale estar callado aunque puedan pensar que uno es tonto, que hablar y despejar la duda dijo algún presidente norteamericano. Al tonto se le distingue de lejos. Al listo también.

Os dejo una foto con mis alumnos de Hong Kong a los que di clase la semana pasada. Hasta el jueves que viene.

alumnos chinos

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