Asignatura pendiente: integrar la IA en la empresa

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Como bien señala Iñaki Pertusa, de DECIDATA y antiguo alumno mío, en uno de los informes que envía periódicamente a sus suscriptores, la inteligencia artificial se utiliza ya para múltiples tareas: redactar un correo con un tono amable, traducir textos o emails al inglés, generar código informático o resumir un informe extenso destacando sus ideas principales.

Sin embargo, todavía no ha logrado integrarse plenamente en los procesos de las empresas. Es muy fácil emplear la IA —por ejemplo, ChatGPT— a nivel individual, pero a nivel organizativo aún no se están aprovechando todas sus oportunidades. La razón, como apunta Iñaki en su informe, es que incorporarla de manera efectiva en la organización resulta un proceso complejo.

Es difícil hacer compatibles los algoritmos de IA con los sistemas que utiliza ya la empresa, su ERP, etc. El problema más que tecnológico es de saber cómo incorporar la IA. A mi me parece que hay dos mundos, el tecnológico, que sabe de tecnologías, de algoritmos, etc, y el directivo, el empresarial, que sabe de empresa. Los técnicos y los directivos. Pertenecen ambos a mundos distintos. Al técnico le resulta difícil entender los problemas que tiene el directivo y al directivo captar las posibilidades tecnológicas.

Por eso, un perfil que será cada vez más demandado es el del técnico que ha asumido responsabilidades directivas: alguien que conoce a fondo las posibilidades de la tecnología y, al mismo tiempo, entiende las necesidades del mundo empresarial.

También resultarán muy valiosas las pequeñas consultoras especializadas en aplicar la inteligencia artificial a los procesos de negocio. Y subrayo pequeñas, porque en España —y sospecho que en la mayoría de países— la gran mayoría de las empresas son pymes, que difícilmente pueden costear los servicios de las grandes consultoras. Estas últimas seguirán trabajando con grandes corporaciones, mientras que para las pymes serán clave las consultoras de menor tamaño, con amplia experiencia en su realidad, capaces de ayudarles a sacar el máximo partido a la IA.

Las empresas que sepan sacar partido a la IA van a tener una gran ventaja sobre las que se queden rezagadas. Se avecina un mundo apasionante. Hasta el jueves que viene.

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Miguel Angel Ariño es Catedrático de IESE Business School y conferenciante, experto internacional en toma de decisiones, estrategia y liderazgo. Con más de 35 años de experiencia global, ayuda a Consejos de Administración y a la alta dirección a transformar la complejidad en claridad estratégica, impulsando un crecimiento sostenible y ético.

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4 COMENTARIOS

  1. El profesor Miguel A. plantea la incorporación de la IA en la empresa, y la desavenencia entre los técnicos y los directivos. En mi opinión darle predominio a la técnica es un error. Porque aunque la IA pueda entender, comprender y resolver los problemas, le falta el elemento clave: que sea razonable, con sensatez, prudencia… con sentido común (que es el menos común de los sentidos). Muchas veces el discernimiento rápido o precipitado puede engañarnos sutilmente. Hay la fábula de El Barbero y el Niño que lo ilustra muy bien, y voy a contarla por si alguien no la conoce. El barbero está afeitando a un cliente, mientras charlan sobre la poca inteligencia que les rodea. En esto que ve acercase un niño, y el barbero le susurra al cliente que le va a demostrar la falta de inteligencia del niño. Al entrar el niño, le presenta en una mano un billete de 5 € y en la otra dos monedas de 1€, y le pregunta ¿cual quieres escoger? El niño coge inmediatamente las dos monedas y sale corriendo. A lo que el barbero suelta carcajadas por la pobre inteligencia del niño. Termina el afeitado y el cliente se marcha. Siguiendo su camino se cruza con aquel niño saboreando un helado. Se detiene y por curiosidad le pregunta ¿niño porqué escogiste las monedas y no el billete? Y el niño le responde: muy fácil porque el día que me lleve el billete de acabará el juego. Conclusión: lo racional y lógico es inteligencia razonada, mientras que lo adecuado y ventajoso es pensamiento razonable. Saludos, Xavier

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