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¿Nunca debería haberse construido el AVE en España?

tren

Ha salido estos días en la prensa un informe que afirma que las distintas líneas de AVE en España solo generarán en los próximos 50 años unos ingresos entre el 10% y el 50% de los costes de construcción y mantenimiento. La conclusión del informe es que “estas líneas de alta velocidad no deberían haberse construido“.

¿Es que el único valor que tienen las cosas es el valor económico? Muy reduccionista me parece a mi considerar la conveniencia o no de unas infraestructuras teniendo en cuenta variables exclusivamente económicas. Por el mismo razonamiento en España a principios del siglo pasado no se habrían pavimentado los caminos y convertido en carreteras. No se paga por usarlas porque son gratis (salvo las autopistas de peaje solo a finales de siglo). ¿Significa esta no rentabilidad económica que nunca debían haberse pavimentado?

Me resulta muy triste el empobrecimiento humano que supone juzgar las cosas solo por su valor económico. Digo no a la reducción economicista a la que estamos continuamente sometidos (esto dicho por un profesor de una escuela de negocios tiene mucho mérito).

El citado estudio también considera el impacto social de estas infraestructuras. Al parecer, si se considera este impacto, solo se cubre un 79,6% del coste de estas infraestructuras. Solo sé de este estudio lo que dice la prensa, pero me temo que si se ha llegado a cuantificar este porcentaje hasta con un decimal, se habrá dejado de tener en cuenta un montón de cosas que no son cuantificables. La realidad es muy rica y tiene muchas dimensiones no cuantificables.

Con esto no estoy defendiendo la construcción del AVE. No soy un experto para juzgar si es una buena o una mala inversión (aunque ya veremos si dentro de 30 años seguimos arrepintiéndonos de haberlo hecho). Lo que estoy diciendo es que reducir la realidad a rentabilidad económica y a aspectos cuantificables es un triste reduccionismo que desafortunadamente está invadiendo nuestras vidas. Feliz Semana Santa.

Pedro Sánchez y el déficit cero

diciembre 4, 2014 22 comentarios

PSOELeo hace unos días un titular de prensa “Sánchez vota cambiar la reforma de la Constitución de Zapatero“. Para los de fuera de España. Pedro Sánchez es el actual líder del Partido socialista en España. Dice la noticia que el líder del PSOE admite que, en su día, votó el déficit cero, pero que fue un error.

Evidentemente. Obligar a un país a tener déficit cero es un error y por razones elementales. Está claro que no se puede gastar más de lo que se ingresa. Pero esto es así en el largo de los años, porque hay periodos en que está justificado gastar más de lo que se ingresa y endeudarse para sufragar déficit.

En una familia de jóvenes recién casados que se quieren comprar un coche seguramente no lo podrán pagar de golpe. Lo lógico es endeudarse y pagar el prestamos del coche en los sucesivos años. Lo que esta familia no puede hacer es permanentemente gastar más de lo que ingresa y aumentar continuamente su deuda. Llegará un momento que los bancos ya no le prestarán. A lo largo de los años habrá periodos de superávit familiar que compensarán los periodos de déficit. Normalmente en edades maduras se ingresa más de lo que se gasta y se devuelve la deuda contraída anteriormente.

Pues lo mismo pasa con un país. Si se quiere construir una tren de alta velocidad, no se puede esperar a tener el dinero disponible. Nunca se tiene. El país se endeuda, construye el AVE y va pagando la deuda en los años sucesivos. Obligarse por ley a no tener nunca déficit es limitar innecesariamente el desarrollo de un país. Más lógico sería poner un límite a la deuda que el país pueda contraer. Hay épocas que por recesión económica o por necesidad de infraestructuras se necesita gastar más dinero del que se ingresa y otras épocas que sucede al revés y se pagan las deudas contraídas anteriormente.

Obligar por ley a no tener nunca déficit es tan absurdo como obligar a las familias a no pedir préstamos. Poco se puede avanzar así. Dicho todo esto, hay que añadir que no se puede gastar irresponsablemente y contraer unas excesivas deudas que pueden lacrar el desarrollo en años futuros. También añadir que hay que estar seguro de que las infraestructuras que se construyen son necesarias y que están dentro de las posibilidades económicas de un país. Lo que he defendido en este mensaje no debe entenderse como una licencia para derrochar.

Saludos y hasta el jueves que viene.

Toma de decisiones y humildad

Tour de FranciaCuando era pequeño, a principios de los setenta el Tour de Francia o la Vuelta la seguíamos a través de dos reportajes de 10 minutos que daban después de los telediarios del mediodía y de la noche. Ahora se puede seguir en tiempo real cada etapa, saber a qué distancia va el pelotón del líder, la velocidad en cada momento y un montón de detalles más. Entonces la programación informática se hacía  perforando unas tarjetas que ahora solo se pueden ver en los museos. No había pantalla ni nada. Ahora todo esto se hace a golpe de click y sin estudios universitarios. El viaje de Zaragoza a Barcelona no bajaba de 6 horas en el mejor de los casos, fuera en tren o en coche. Ahora el AVE nos traslada en menos de hora y media.

El desarrollo tecnológico que ha habido en las últimas décadas ha sido espectacular e inimaginable hace unos pocos años, y sin embargo a mi me parece que la gente no es más feliz. Disfrutamos de más comodidades, de mayor nivel económico -a pesar de la crisis-, pero me parece que falta paz en muchas vidas, que hay mucha soledad en medio de la muchedumbre, muchas familias destrozadas. Mucha desconfianza mutua y mucha gente intranquila.

Yo creo que todo esto se debe en parte a que el espectacular desarrollo tecnológico no ha ido acompañado por un desarrollo moral tanto a nivel personal como social. El desarrollo tecnológico ha hecho creer a la humanidad que podía controlar la naturaleza. Que la inteligencia y el ingenio humano podía dominar el mundo. Esta fe ciega en la capacidad de la humanidad ha hecho prescindir de Dios. Ha hecho prescindir de las leyes que Dios ha colocado en la naturaleza humana. Es ahora el hombre el que dice qué es el bien y qué es el mal. El hombre en una inmensa manifestación de soberbia se erige en dios. Y así nos va. De ahí la perplejidad por nuestra incapacidad de superar la actual crisis económica. De ahí la inseguridad, intranquilidad y falta de paz en muchas vidas. Se ha sustituido la ley de Dios por la de cada uno.

Los diez mandamientos no son limitaciones al desarrollo de la persona, sino que precisamente son las guías que garantizan un desarrollo moral. Solo avanzaremos cuando en las culturas, en las civilizaciones y en la personas el desarrollo tecnológico y el humano vayan a la par.

Algo profundo me ha salido el mensaje de esta semana. Pero esto es algo sobre lo que Juan Pablo II me ha hecho reflexionar mucho. Hasta el jueves que viene.

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