Archivo

Posts Tagged ‘conflicto’

Oír las dos campanas II

octubre 10, 2019 9 comentarios

justiciaRecuerdo que me ha pasado en varias ocasiones. Precipitarme al juzgar alguna situación. En un asunto profesional, hace ya años, surgió un conflicto entre dos personas. Conflicto que me afectaba indirectamente. Una de estas personas vino a hablar conmigo y me explicó el asunto. Enseguida me hice una composición de lugar y vi quien era el culpable del conflicto.

Me equivoqué. Había oído solo la versión de una de las personas. El juicio que hice estaba basado en datos parciales, sesgados y malinterpretados. Afortunadamente no me tocaba intervenir pues solo me afectaba indirectamente. Así que, por suerte, mi error de juicio no tuvo ninguna consecuencia.

En otra ocasión, un amigo que conozco mucho me contó otra situación de conflicto en su empresa. En esa situación estaban involucrados dos profesionales que también conocía yo. Conociéndolos, enseguida supuse lo que estaba pasando. Uno de ellos estaba acosando laboralmente al otro. Otra vez me equivoqué. Nada de acoso. Resulta que este otro, muy amable en la vida diaria, en el entorno profesional, que yo desconocía, era insoportable y era el generador del conflicto.

Pensando en ambos hechos, me di cuenta que las personas a las que había juzgado favorablemente eran personas que me caían simpáticas y las que había considerado culpables, no es que me cayeran mal, pero tampoco me unía a ellos una especial amistad.

Dos conclusiones extraigo de estas experiencias. La primera es que para juzgar una situación hay que escuchar a todas las partes implicadas. Y la segunda que ojo, que solemos ponernos de parte de las personas que nos caen mejor. El que alguien nos caiga bien, no es garantía de que sea la parte inocente en un conflicto. También es una buena práctica el no juzgar cuando no nos corresponde hacerlo. Hasta el jueves que viene.

Prudencia

septiembre 5, 2019 11 comentarios

incompetenteLa prudencia es una virtud muy importante y que se puede tratar desde diversas perspectivas. Voy a centrarme en una de ellas. A veces suceden cosas que nos producen una gran contrariedad. En seguida sospechamos la causa de lo que ha pasado y nos ponemos a bramar contra algo o contra alguien. Y resulta que tal persona no tiene ninguna culpa y la causa de nuestro mal es otra distinta.

Si bramamos contra alguna cosa, pues no pasa nada. Somos nosotros los únicos perjudicados. Ya se nos pasará el enfado. Pero si bramamos contra alguien y ese alguien no tiene la culpa podemos estar cometiendo una gran injusticia. Podemos hacer sufrir injustamente a alguien. Sobre todo, si uno es jefe y puede lanzar castigos y sanciones contra ese alguien, la cosa puede ser muy grave.

Cuando uno se da cuenta que ha culpado a quien no tenía la culpa, uno queda en evidencia. Si al cometer este error uno tiene categoría humana, pide perdón y rectifica. Pero si no se tiene esta categoría, uno se autojustifica y ante sí mismo queda bien parado. Lo que pasa es que ante los demás sufre un gran desprestigio, del que el protagonista no se da ni cuenta.

Prudencia. Antes de culpar a alguien estar muy seguros de que este alguien tiene la culpa. En principio es buena práctica, ante la sospecha de que alguien es culpable, pensar que es inocente y solo cuando se está seguro de su culpabilidad entonces actuar.

Este mensaje me ha venido a la cabeza por la grandísima injusticia que, hace muchos años, un buen amigo me comentó que había sufrido. Su jefe no se paró a pensar y cargó contra él. Era el jefe y por lo tanto tenía razón. Hasta el jueves que viene.

Conflictos

crisis institucionalFrecuentemente se dan conflictos entre dos partes, marido y mujer, colegas de trabajo e incluso dos grupos sociales y sus gobiernos. Hay muchas maneras de abordar los conflictos. Una de ellas es cuando cada parte ve los agravios cometidos por la otra parte, los considera intolerables y justifica de esta manera una actitud propia de confrontación. Este modo de abordar el conflicto no busca ninguna solución y por tanto no la encuentra. Las cosas van a más. Cada acción de la otra parte se ve sólo bajo el prisma de un nuevo agravio. El conflicto no tiene solución.

Una segunda actitud, más positiva es cuando cada una de las partes se pone en la situación del otro e intenta entender el porqué de su actitud. De este modo se pueden empezar a ver algunos aspectos en los que la otra puede tener razón. Si los dos enfrentados adoptan esta actitud, empieza un proceso de acercamiento. Posiblemente todavía no se llega a una solución, pero se ha entrado en una senda de empezar a entenderse.

Una vez se ha rebajado la tensión del conflicto, se puede empezar a negociar. Ver en qué aspectos una parte puede ceder a cambio de otras cesiones por parte del otro. Hablar, intentar entenderse, ponerse en la situación del otro… No siempre así se llega a una solución, pero en muchas ocasiones sí. Para que esto funcione es necesario que ambas partes adopten esta actitud. Del mismo modo que dos no se pegan si uno no quiere, tampoco dos se reconcilian si uno no quiere.

Centrarse solo en los agravios y en las injusticias cometidas por el otro no lleva a ninguna parte, recrudece el conflicto. Hay modos de salvar la situación cuando un matrimonio quiere divorciarse. Pero hay que querer salvar la situación. Hay modos de resolver el conflicto entre los Gobiernos de España y los de la Generalitat de Cataluña. Pero hay que querer resolverlo. Si alguien que me lee tiene un conflicto me ofrezco a mediar.

Disfrutando unos días de los campos de Castilla. A orillas del Duero. Felices vacaciones.

Descalificar

decisionesLa buena toma de decisiones requiere habitualmente confrontar opiniones y pareceres de distintas personas, lo cual suscita sanas discusiones hasta que se llega a una conclusión. La buena práctica de la toma de decisiones debe contemplar esta discusión. Si las cosas no se discuten no se pueden tratar sus pros y sus contras y las decisiones acaban no siendo tan buenas como lo podrían ser. Así que ánimo directivo, suscita en tu equipo la discusión constructiva.

Algunas veces estas discusiones no son tan sanas y generan enfrentamientos que pueden llegar a lo personal. Un indicador de que alguien no tiene razón es cuando en su argumentación descalifica a otros miembros involucrados con argumentos que no tienen nada que ver con lo que se está decidiendo.

“Es que tú eres matemático” me han dicho a mi alguna vez. Como si ser matemático o no tuviera algo que ver con lo que se está tratando. Cuando se aducen este tipo de razones es que no se tienen argumentos para defender lo que se está defendiendo. El que los emplea se autodescalifica.

Las sanas discusiones requieren que se lleven las ideas y al tratarlas, distinguir lo que son razones, lo que son intuiciones y lo que son preferencias. Esta distinción es importante para poder llevar una discusión inteligente.

Hasta el jueves que viene y feliz veraneo para los que lo empezáis estos días. Yo ya no tengo clases hasta el 9 de septiembre. Aunque sigo trabajando en diversas cosas.

Fichar en la empresa

fichar en el trabajoDesde el próximo lunes las empresas españolas están obligadas a que sus empleados fichen cuando entran y salen a trabajar. El gobierno quiere saber cuántas horas dedica cada español al trabajo. ¿Por qué? Pues muy sencillo. Porque si hay empleados que dedican más del tiempo reglamentario, esas horas se considerarán horas extras y así se podrán gravar con impuestos por esas horas extras trabajadas.

Esto es poner puertas al campo. ¿Qué pasa con un vendedor que está todo el día en la calle? Dice la ley que los que hacen teletrabajo también tendrán que fichar (no especifica el procedimiento). Pero, en mi caso, así como el de muchos profesionales, ¿qué? Yo a veces trabajo en la oficina, a veces en casa, a veces en una cafetería y a veces en la empresa de un antiguo alumno. ¿Cómo se me ficha?

Además, en mis actividades de consultoría yo no vendo mi tiempo, vendo mis ideas, por lo tanto ¿qué sentido tiene que me hagan medir el tiempo? No se pueden poner puertas al campo. Decía la semana pasada que solo se puede medir lo medible. Y el tiempo que se dedica al trabajo, en muchos casos como el mío, no es medible. Qué ganas de controlarlo todo. A reírnos del intento de controlarnos, y hasta el jueves que viene.

Ambigüedad

causaA veces en nuestras organizaciones detectamos un problema que hay que resolver. Miramos a ver las posibles causas de este problema y en cuanto damos con ella, nos ponemos manos a la obra y a solucionar el asunto. Y, oh! Sorpresa, el asunto no se soluciona. Y empezamos a echar la culpa a no se sabe qué circunstancias.

Lo que suele pasar muchas veces es que las causas del problema no están claras y además pueden ser varias. Es lo que se llama una situación de ambigüedad. Pero en cuanto imaginamos una posible causa creemos que ya tenemos el asunto en vías de solución.

No, la causa del problema puede ser otra. Y probablemente sea una combinación de causas y la solución no va a ser tan sencilla como nos imaginábamos. Lo que pasa es que la ambigüedad nos incomoda, no tener las cosas controladas nos mantiene intranquilos. Preferimos pensar que el primer diagnóstico que hacemos es correcto, y seguimos adelante.

Ojo, hay que diagnosticar bien las situaciones y no precipitarse. Pensar bien las cosas. Cuanto más ambigua sea una situación, más creativa debe ser la solución que encontremos y mejor solucionado quedará el asunto. La ambigüedad nos da oportunidades de resolver muy bien las cosas.

En este mensaje me he referido a problemas que se nos presentan y tenemos que abordar, pero la reflexión hecha sirve también cuando queremos conseguir un objetivo y tenemos que calibrar que palancas tenemos que tocar para conseguir el objetivo. Hasta el jueves que viene.

No funciona

diciembre 27, 2018 8 comentarios

tontosCuando nos enfrentamos a una situación en la que tenemos que solucionar algo o conseguir alguna cosa, ideamos un plan que nos parece razonable y que con él conseguiremos lo que pretendemos conseguir. Y oh sorpresa, no acabamos de conseguir nuestro objetivo porque incomprensiblemente, las personas que tenían que actuar de una determinada manera, no están actuando como corresponde y la cosa no se acaba de solucionar.

Esto pasa muchas veces y no deberíamos sorprendernos tanto. En primer lugar, a nosotros nos puede parecer que si actuamos de determinada manera “los demás” responderán haciendo “esto y lo otro” y así se resolverá el asunto. Pero “los demás” son “los demás” y actúan como creen que es mejor y lo que ellos creen que es lo mejor no es necesariamente lo mismo que nosotros creemos que es lo mejor. Cada uno tiene sus opiniones, sus puntos de vista, y entiende las cosas de un modo particular. Y no todo el mundo ve las cosas del mismo modo que nosotros

O sea que ojo con los planes muy bien ideados. Hay que ver si los que tienen que colaborar en la ejecución de un plan lo ven del mismo modo que nosotros. La mayoría de las veces no es así. De ahí la importancia de contar con los demás a la hora de llevar a cabo las cosas.

Otras veces lo que sucede es que, efectivamente, nuestro plan es objetivamente bueno, y sin embargo otros no colaboran y no sale adelante. Efectivamente, no todo el mundo tiene la capacidad de ver que ese plan es bueno, muy bueno. Un error que a veces se da, aunque este no es muy común, es pensar que las personas con las que colaboras son inteligentes.

Finalmente puede pasar que las personas con las que colaboras no estén alineadas contigo y buscan sutilmente la manera de torpedear tus planes. Si esto es así, debes preguntarte cómo has estado tratando a estas personas para que hayan llegado a tener esta actitud. Espero que hayáis pasado un feliz día de navidad

A %d blogueros les gusta esto: