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Mujeres Brújula

octubre 15, 2020 13 comentarios

Ha llegado a mis manos un libro publicado por la editorial Espasa y titulado “Mujeres Brújula”. Allí la autora, que según afirma la editorial es una de las españolas más influyentes, muestra por un lado ejemplos de mujeres que con su actitud y actividad han causado impacto en su entorno, y por otro lado nos muestra su visión sobre las posibilidades del mundo actual.

Me ha llamado la atención uno de los capítulos finales dedicado a la “sostenibilidad”. He de decir que en el último año me estoy informando sobre la “Economía circular” y ese interés me ha llevado a la sostenibilidad, de la que la economía circular es una de sus posibles dimensiones.

Lo que me ha llamado la atención es la perspectiva desde la que en el libro se aborda la sostenibilidad. Actualmente de este tema se habla mucho, pero casi siempre desde una perspectiva de preservación del medio ambiente. Que no podemos esquilmar los recursos de la tierra de modo que generaciones futuras se encuentren con un problema; que no se puede degradar el medio ambiente, etc.

La autora del libro además de tocar estas dimensiones añade una muy original, aunque por otro lado muy evidente. Que para que las actividades que llevamos a cabo sean sostenibles hay que cuidar la familia. La familia como la más elemental vertebradora de lo que es la sociedad en su conjunto. Sin la familia difícilmente se desarrollan las personas y sin desarrollo de las personas no hay sostenibilidad posible.

Me recuerda a lo que decía el gran Leopoldo Abadía cuando le preguntaban sobre qué pensaba del mundo que íbamos a dejar a los jóvenes. El respondía preguntándose que qué jóvenes íbamos a dejar al mundo. Decía que cuando él llegó al mundo en 1933, se encontró con una guerra civil española seguida de una guerra mundial. Peor no podía estar el mundo y Leopoldo salió adelante.

La sostenibilidad la mantienen personas bien formadas, y la formación se adquiere fundamentalmente en la familia. Hasta el jueves que viene.

Servicio, alegría y toma de decisiones

persona alegre Hay personas con las que se está muy a gusto, generan paz. Piensan en los demás. Intentan no ser problemáticos. Te ayudan cuando perciben que tienes una dificultad. Conciben su vida como un servicio. Son personas que se alegran del bien ajeno. Piensan en los demás. No son egoístas.

Una consecuencia que tiene esta actitud, y que he observado en este tipo de personas es que son alegres. Que siempre ven el lado positivo de las cosas. No son agoreros. Y lo más importante, se les ve felices. Quizá este sea el secreto de la felicidad.

Ya lo decía Tagore en uno de sus más conocidos poemas: “Yo dormía y soñé que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era servicio. Serví y comprendí que el servicio era la alegría”.

Esto explica que haya personas con buena posición social y económica, que parece no faltarles nada, pero que no se les ve felices. Su cara no refleja alegría. Les falta dejar de pensar en sus cosas y pensar en los demás. Les sobra egoismo.

Piensa en un día normal de tu vida y busca cinco ocasiones de servir y de facilitar la vida a los demás. Te puede cambiar la vida. Servir y ser alegre es una decisión propia. Hasta el jueves que viene. Felices vacaciones a los que las empecéis estos días. Os dejo un video de una antigua alumna mia que explica lo que ha supuesto para ella su paso por el IESE

Liderazgo

liderazgoSi observáis, nunca en los casi cinco años de funcionamiento de este blog he hablado de liderazgo. Esto para un profesor de una escuela de negocios es algo muy raro. Pero es que bajo el concepto de liderazgo se dicen tantas tonterías que siempre he preferido abstenerme.

Pero hoy voy a hablar de lo que pienso al respecto. No voy a hablar de liderazgo sino de lo que se dice de él. Y lo voy a hacer a partir de ideas que me surgen de mis frecuentes conversaciones con Pablo Maella, y que están escritas en su libro “Gestionar con sencillez“.

De liderazgo se habla mucho porque la gente – los directivos- quieren oír hablar de él. Cada autor, conferenciante o charlatán tiene su propia concepción de lo que es el liderazgo. Siempre que hay demanda de algo se crea una industria alrededor de esta demanda. Del liderazgo viven numerosos conferenciantes y gurús. Del liderazgo se nutren las consultoras y escuelas de negocios. Las víctimas de la industria del liderazgo son los pobres directivos, que con toda su buena intención intentan poner en práctica lo que prescriben los entendidos, muchas veces prácticas contradictorias unas con otras dependiendo del autor que las prescribe.

Yo más que de liderazgo prefiero hablar de servicio (palabra menos de moda). Un directivo debe servir. Debe facilitar el trabajo de los demás. Y esto a cualquier nivel, ya seas el CEO de una empresa o un encargado de la limpieza que entra cada día a las 10 de la noche a realizar sus tareas. El que con su trabajo facilita más el trabajo de los demás, con ese me quedo. Esa persona sirve.

Mejor no hablar. No, mejor hablar

callarEconomía con Valores es uno de los muchos blogs alojados en El País. En ese blog publicamos profesores del IESE. Hace unas semanas mi colega Mireia Las Heras publicó una entrada que me pareció de lo más interesante. Se titulaba “Peligro: silencio en la organización“.

Sucede en muchas organizaciones que falla la comunicación de los empleados hacia la dirección. Los empleados no hablan, decía Mireia, no porque no tengan nada que decir, sino porque los costes de aflorar los problemas son mayores que los beneficios de hacerlo.

Esto suele suceder cuando a los jefes no les gustan las malas noticias. Cuando los empleados perciben que comunicar a sus jefes es algo inútil, nunca se tiene en cuenta lo que sugieren. Cuando perciben que los jefes tienen muy claro lo que quieren y lo que pasa y no están abiertos a sugerencias.

Estas actitudes por parte de la dirección impiden mejoras en las empresas, pues los empleados han perdido el interés en aportarlas. Hace que los empleados se sientan poco comprometidos, y es sabido que la principal variable que afecta la productividad de una empresa es el compromiso e interés de sus empleados. Evidentemente no hay que adoptar todas las sugerencias que se proponen. Unas tendrán sentido y otras no. Lo que se debe tener es una actitud receptiva.

Directivo, fomenta la participación entre tu gente. Escúchales. Adopta las sugerencias que sean útiles, muchas lo serán. Si no te llegan sugerencias, pregúntaté si has tenido hasta ahora una actitud de tener siempre claro lo que había que hacer. Estarías desaprovechando toda la creatividad y potencial de colaboración de tu gente.  Hasta el jueves que viene.

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